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Recta fe y obras

“Poned vuestra esperanza en el Señor y añadid las buenas obras a la recta fe. Confesad que Cristo vino en la carne, con la fe y con una vida santa; considerad que una y otra cosa la habéis recibido de Dios y esperad que él os las aumente y perfeccione. Pues maldito es el hombre que pone su esperanza en el hombre y buena cosa es para el hombre que el que se gloríe, se gloríe en el Señor” 
(Sermón 183, 15).

La fe no desfallece

      “La fe no desfallece, porque la sostiene la esperanza. Elimina la esperanza, y desfallecerá la fe. ¿Cómo va a mover, aunque sólo sea los pies, para caminar quien no tiene esperanzas de poder llegar? Si, por el contrario, a la fe y a la esperanza les quitas el amor, ¿de qué aprovecha el creer, de qué sirve el esperar, si no hay amor? Mejor dicho, tampoco puede esperar lo que no ama. El amor enciende la esperanza, y la esperanza brilla gracias al amor. Pero ¿qué fe habrá que elogiar cuando lleguemos a la posesión de aquellas cosas que hemos esperado creyendo en ellas sin haberlas visto? Porque la fe es la prueba de lo que no se ve. Cuando veamos, ya no se hablará de fe” 
(Sermón 359 A, 4).

La Fe está segura en Dios

“Aquí son purificados, allí son coronados. Por tanto, permanecerá lo que se significa aunque se vea pasar lo que lo significa. Recibidlo, pues, de manera que penséis en ello, mantengáis la unidad en el corazón y tengáis siempre vuestro corazón fijo en lo alto. No esté vuestra esperanza en la tierra, sino en el cielo; vuestra fe esté segura en Dios, sea agradable a Dios, pues lo que aquí creéis aunque no veis, lo veréis allí donde el gozo no tendrá fin”
 (Sermón 227).

Estar lleno de fe

“Así, pues, tres cosas son las que principalmente nos encarece el Apóstol que construyamos en el hombre interior: la fe, la esperanza y el amor; y, tras haber encomiado las tres virtudes, dice para concluir: La mayor de todas es el amor. Perseguid el amor. ¿Qué es, pues, la fe? ¿Qué la esperanza? ¿Qué el amor? ¿Y por qué es mayor el amor? Según la define cierto texto de las Escrituras, la fe es el contenido de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve. Quien espera algo, aún no posee lo que espera, pero mediante la fe se hace semejante a quien lo posee. La fe es, dice, el contenido de lo que se espera; aún no es la realidad misma que poseeremos, pero la fe está en su lugar. No se puede decir que no tiene nada quien tiene la fe o que está vacío quien se encuentra lleno de fe. Por eso es grande la recompensa de la fe: porque, aunque no ve, cree” 
(Sermón 359 A, 3).

Permanezcamos en sus palabras


"Permanezcamos en sus palabras para no ser confundidos cuando venga. En el Evangelio dice a los que creen en Él: Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos. Y como si le preguntasen: ¿Qué provecho nos reporta?, responde: Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará. Ahora nuestra salud se basa en la esperanza, no en la realidad, pues aún no tenemos lo que se nos prometió, sino que lo esperamos venidero. Fiel es el promitente; no te engaña. Únicamente no desfallezcas; espera la promesa. La verdad no puede engañar" 
(Comentario a Epístola de Juan 4, 2).

Se hizo para vosotros Camino


"Entonces les abrió las Escrituras, pensando en las cuales habían dicho llenos de desesperación: Nosotros esperábamos que Él redimiera a Israel. ¡Lo esperabais, oh discípulos; ya no lo esperáis!

Ven tú, ladrón, amonesta a los discípulos.
¿Por qué habéis perdido la esperanza por haberle visto crucificado, por haberle contemplado colgado, por haberle considerado débil? Así lo reconoció el ladrón, pendiente de la cruz también, creyendo al instante en aquel compañero de suplicio; vosotros, en cambio, habéis olvidado al autor de la vida. Llámalos, ¡oh ladrón!, desde la cruz; tú, criminal, convence a los santos. ¿Por qué a ellos? Nosotros esperábamos que iba a redimir a Israel. ¿Por qué el ladrón? Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

Esperabais, pues, que Él iba a redimir a Israel. Si Él va a redimir a Israel, vosotros habéis caído; pero Él levanta, no abandona.
Quien se convirtió en vuestro compañero de camino, se hizo para vosotros camino"
(Sermón 236A, 4).

No murmuremos

“No murmuremos, pues, en las dificultades, no sea que perdamos la anchura de la alegría de la que se dijo: Gozando en esperanza, porque sigue diciendo: y padeciendo en la tribulación. La nueva vida se  incoa actualmente en la fe y se vive en la esperanza. Entonces será cuando será absorbida la muerte en la victoria, cuando será destruida aquella última enemiga, cuando seremos transfigurados e igualados a los ángeles, según dijo el Apóstol: Todos resucitaremos, pero no todos seremos transfigurados. Y el Señor dijo: Serán como los ángeles de Dios. Ahora nos posee en el temor por medio de la fe, pero entonces le poseeremos en la caridad por la visión: Mientras estamos en el cuerpo, peregrinamos lejos del Señor; caminamos por fe, no por visión. El mismo Apóstol afirma: Para alcanzarla, como he sido alcanzado, afirmando con claridad no haberla alcanzado aún: Hermanos, yo no creo haberla alcanzado aún. Pero, como la esperanza que brota de la promesa de la verdad es cierta, dice: Hemos sido sepultados con El por el bautismo para morir. Y añade: Para que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una nueva vida. Caminamos, pues, en la realidad de los trabajos, pero con la esperanza del reposo; en la carne de la vejez, pero en la fe de la novedad”
(Epístola 55, 14, 26).

Se les apareció Jesús

“¿Qué nos ofrece esta lectura a nosotros? Algo verdaderamente grande, si la comprendemos. Se les apareció Jesús. Le veían con los ojos, pero no lo reconocían. El maestro caminaba con ellos durante el camino y él mismo era el camino. Aquellos discípulos aún no iban por el camino, pues los halló fuera de él. Estando con ellos antes de la pasión, les había predicho todo: que había de sufrir la pasión, que había de morir y que al tercer día resucitaría. Todo lo había predicho, pero su muerte se lo borró de la memoria. Cuando lo vieron colgando del madero quedaron tan trastornados que se olvidaron de lo que les había enseñado; no les pasó por la mente la resurrección ni se acordaron de sus promesas. Nosotros, dicen,esperábamos que fuera a redimir a Israel. Lo esperabais, ¡oh discípulos!, ¿es que ya no lo esperáis? Ved que Cristo vive: ¿ha muerto la esperanza en vosotros? Cristo vive ciertamente. Cristo, vivo, encuentra muertos los corazones de los discípulos, a cuyos ojos se apareció. Lo veían y permanecía oculto para ellos. En efecto, si no lo veían, ¿cómo lo oían cuando preguntaba y cómo le respondían? Iba con ellos como compañero de camino y él mismo era el guía. Sin duda, lo veían, pero no lo reconocían”
 (Sermón 235, 2).

Amar la venida del Señor


"Con toda verdad y piedad hablas, exaltando la bienaventuranza de aquellos que aman la venida del Señor. Pero también armaban la venida del Señor aquellos a quienes decía el Apóstol: No vacile vuestro entendimiento, como si fuera inminente el día del Señor. Al decirles eso, no les apartaba del amor, pues quería que se abrasaran en él. Pero no quería que creyesen a los que anunciaban la inminencia del día del Señor. Quizá pasaba el tiempo en que creían ellos que había de venir el Señor; quizá, al ver que no había venido, pensaban que también las otras promesas eran falaces, y empezaban a desesperar del mismo galardón de la fe. Para amar la venida del Señor no es preciso afirmar que se acerca o afirmar que no se acerca. Ama esa venida el que con sinceridad de fe, firmeza de esperanza y ardor de la caridad ama al Señor, ya esté cerca, ya esté lejos"
(Epístola 199, 15).

Esperar vigilantes

"Pues, queriendo prevenirnos que esperásemos vigilantes su venida, nos atemorizócon un ejemplo para no condenarnos en el juicio, y así dijo que el advenimientodel Hijo del hombre acontecería como en los días de Noé, en los cuales loshombres y las mujeres, sin preocuparse de más, comían, bebían, compraban,vendían hasta que entro Noé en el arca, y vino el diluvio y anegó a todos.Luego, acongojado y sobrecogido por un gran temor, pues ¿quién que crea no hade temer?, me detuve en esto cuanto pude, de modo que se prolongó el sermónsobre vuestras costumbres y vuestra vida y la de todos nosotros, para que deeste modo podamos no sólo esperar seguros aquel día, sino también desearle.Puessi amamos a Cristo, también debemos desear su venida. Es perverso, y, por lomismo, ignoro y no creo que tenga lugar que se tema venga Aquel a quien amas… ¿Quién ha de venir? ¿Por qué no te alegras? ¿Quiénha de venir a juzgarte sino el que vino a ser juzgado por tu provecho? No temasal acusador, del cual El mismo dijo: El príncipe de este mundo fue arrojadofuera"
(Comentario al Salmo 147, 1). 

Desear la venida

“Luego en los primeros tiempos de la Iglesia, antes del parto de la Virgen, hubo santos que desearon la venida de su encarnación, y en los tiempos actuales, contados a partir desde que subió al cielo, hay santos que anhelan su manifestación o aparición, en la que ha de juzgar a los vivos y a los muertos.  Este deseo de la Iglesia no ha cesado ni por un momento desde el principio del siglo, ni cesará hasta el fin de él, fuera del tiempo que el Señor permaneció en este mundo tratando con sus discípulos. De suerte que convenientemente se entiende que es voz de todo el Cuerpo de Cristo, que suspira en esta vida, la siguiente: Mi alma desfalleció por tu salud, y esperé en tu  palabra, es decir, en tu promesa; cuya esperanza hace que se espere con paciencia lo que aún no se ve por los  creyentes"
(Comentario al Salmo  118, s.20, 1).

Simeón y la espera

"Luego este defecto es bueno, pues indica deseo del bien que aún no ha conseguido, pero lo anhela avidísima y vehementísimamente. ¿Y quién dice esto? El linaje escogido, el sacerdocio real, la gente santa, el pueblo de adquisición; y lo dice desde el origen del género humano hasta el fin de este siglo, en aquellos que en su respectivo tiempo  vivieron, viven y vivirán aquí deseando a Cristo. Testigo de esto es el santo anciano Simeón, el cual, habiendo tomado en sus manos al Señor siendo niño, dijo: Ahora, Señor, despacha en paz a tu siervo, según tu palabra, porque vieron mis ojos tu salud. Dios le había vaticinado que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. El mismo deseo que tuvo este anciano ha de creerse que lo tuvieron todos los santos de los tiempos pasados”
 (Comentario al Salmo  118, s.20, 1).

Ved que Alegría

"Ved qué alegría, hermanos míos;
alegría por vuestra asistencia,
alegría de cantar salmos e himnos,
alegría de recordar
la pasión y resurrección de Cristo,
alegría de esperar la vida futura.

Si el simple esperarla nos causa tanta alegría, ¿qué será el poseerla?
Cuando estos días escuchamos el 'Aleluya', ¡cómo se transforma el espíritu! ¿No es como si gustáramos un algo de aquella ciudad celestial?
Si estos días nos producen tan grande alegría, ¿qué sucederá aquel en que se nos diga:
Venid, benditos de mi Padre; recibid el reino; cuando todos los santos se encuentren reunidos,
cuando se encuentren allí quienes no se conocían de antes, se reconozcan quienes se conocían;
allí donde la compañía será tal que nunca se perderá un amigo ni se temerá un enemigo?"
 (Sermón 229 B,2).

Nos alegramos en Esperanza


"El ejercicio de nuestra vida presente debe tender a alabar a Dios, porque el regocijo sempiterno de nuestra vida futura será la alabanza de Dios; y nadie puede hacerse idóneo de la vida futura si no se hubiere ejercitado ahora en orden a ella.

Ahora alabamos a Dios, pero también le pedimos. Nuestra alabanza lleva consigo el gozo, la oración, el gemido. Se nos prometió algo que aún no tenemos; pero como es veraz el que prometió, nos alegramos en esperanza; sin embargo, como todavía no lo poseemos, gemimos en el deseo. Nos conviene perseverar en el deseo hasta que llegue lo prometido, y así desaparecerá el gemido y le sustituirá únicamente la alabanza.

Por estos dos tiempos: por el uno, que tiene lugar ahora en las tentaciones y tribulaciones de esta vida, y por el otro, que sobrevendrá entonces en seguridad y gozo perpetuo, se estableció también aquí la celebración de estos dos tiempos, el uno antes de la Pascua, y el otro después de la Pascua.

El que se estableció antes de la Pascua simboliza la tribulación, en la que ahora nos hallamos; el que ahora vivimos, después de la Pascua, simboliza la Bienaventuranza, en la que estaremos después. El que celebramos antes de la Pascua, representa el que ahora tenemos; el que celebramos después de la Pascua, significa lo que ahora no tenemos.

Por eso nos ejercitamos en el primero con ayunos y oraciones; pero, pasados los ayunos, dedicaremos el tiempo a las alabanzas. Y esto es el Aleluya que ahora cantamos, cuya palabra, cosa sabéis se traduce por alabad al Señor”
(Comentario al salmo 148,1).

El gozo de la Esperanza


“He aquí que la esperanza nos amamanta, nos nutre, nos afianza y nos consuela en esta afanosa vida. Viviendo en esta esperanza, cantamos el Aleluya. Ved cuánto gozo causa la esperanza.

¡Cómo será la realidad! ¿Preguntas cómo será? Escucha lo que sigue:
Se embriagarán de la abundancia de tu casa. Esto es lo que esperamos.
Sentimos hambre y sed de ella; es preciso saciarla. Pero el hombre está en camino, y la saciedad en la patria.

 ¿Cuándo seremos saciados? Me saciaré cuando se manifieste tu gloria. Actualmente está oculta la gloria de nuestro Dios, la gloria de nuestro Cristo, y con ella está escondida la nuestra. Pero cuando aparezca Cristo, vuestra vida, también vosotros apareceréis con él en la gloria.

Entonces será realidad el Aleluya, ahora lo poseemos sólo en esperanza. La esperanza es la que lo canta; el amor lo canta ahora, y lo cantará también entonces; pero ahora lo canta el amor hambriento, y entonces lo cantará el amor gozoso.

¿Qué es entonces el Aleluya, hermanos míos? Ya os lo he dicho: es la alabanza de Dios. Ahora escucháis una palabra, y el escucharla os deleita, y, envueltos en el deleite, alabáis.

Si tanto amáis la rociada, ¡cómo amaréis la fuente misma!"
(Sermón 255, 5).

Camina a vuestro lado


"Eso esperabais; ¿habéis perdido ya la esperanza? Habéis caído de la altura de vuestra esperanza. Quien camina a vuestro lado os levanta.
Eran sus discípulos, le habían escuchado, habían vivido con Él, le reconocían como maestro, habían sido instruidos por Él, y no fueron capaces de imitar y tener la fe del ladrón colgado en la cruz...
Dudaron quienes vieron a Cristo resucitar muertos y creyó él en quien veía que colgaba del madero a su lado. Cuando aquellos dudaron, precisamente creyó él… El ladrón dice: Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. No sólo creía que iba a resucitar, sino hasta que iba a reinar.
A un hombre colgado, crucificado, ensangrentado y pegado al madero le dice: Cuando llegues a tu reino. Y aquellos discípulos, en cambio: Nosotros esperábamos.

Donde el ladrón encontró la fe, allí la perdió el discípulo"
(Sermón 232,5-6)