"Aunque es verdad que no tenían la verdadera piedad hacia el Dios verdadero, piedad que hubiera podido conducirlos también, con una religión salvadora, a la eterna ciudad. Pero por lo menos guardaban cierta probidad en su clase, la suficiente para constituir, aumentar y conservar la ciudad terrena. Así mostró Dios en el opulento y célebre Imperio romano cuánto valen las virtudes civiles aun sin la religión verdadera, para que se entendiese que si la religión verdadera se une a ellas, constituye a los hombres en ciudadanos de otra ciudad, cuyo rey es la verdad, cuya ley es la caridad, cuya norma es la eternidad" (Carta 138, 3, 17).
Ciudadanos de otra Ciudad
Gracias a Dios
"Estos también se atreven a ultrajarnos, porque los hermanos, al darse de cara con los hombres, los saludan diciendo: A Dios gracias. ¿Qué significa—dicen—Deo gratias, a Dios gracias? ¿Tan romo eres que no sabes lo que quiere decir a Dios gracias? El que dice a Dios gracias, da gracias a Dios. Ve si no debe el hermano dar gracias a Dios cuando ve a su hermano. ¿Por ventura no existe motivo de congratulación cuando se encuentran los que moran en Cristo?" (Comentario al salmo 132, 6).
La Discordia
"Porque en la discordia no bendices al Señor. Sin razón dices que tu lengua alaba a Dios si el corazón está callado; con la boca bendices y con el corazón le maldices... ¿Por ventura son palabras mías? Aquí se señaló a algunos. Bendices a Dios cuando oras, y, prosiguiendo en tu plegaria, maldices a tu enemigo. Pero atiende; esto es lo que oíste del Señor: Amad a vuestros enemigos. Si obras, y amas a tu enemigo de suerte que ores por él, allí ordenó Dios su bendición, y tendrás allí la vida por el siglo, es decir, eternamente" (Comentario al salmo 132, 13).
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