Ensanchaos por la fe

“Creed, pues, que el precepto del Padre es la vida eterna y que el Hijo en sí mismo es la vida eterna; admitidlo así, creedlo así para que lo entendáis; porque, según el profeta, si no creéis, no entenderéis. Si no podéis abarcarlo, ensanchaos. Oíd al Apóstol: Dilataos; no os juntéis bajo un mismo yugo con los  infieles, que os son tan desiguales. Quienes rehúsan creer esto sin haberlo antes entendido, son infieles, y por haber querido ser infieles quedarán sin entenderlo. Crean, pues, para comprenderlo”
 (Sermón 140, 6).

La fe en lo invisible

“Así, pues, como se define en otro lugar, es la fe anticipo para los que esperan, prueba de las cosas que no se ven. Si no se ven, ¿cómo persuadir su existencia? Y ¿de dónde procede lo que ves sino de un principio invisible? Sí, en efecto; tú ves algo para llegar por ahí a creer en algo; la fe en lo invisible se apoya en lo que vemos. No seas desagradecido a quien te dio los ojos, por donde puedes llegar a creer lo que todavía no ves”
 (Sermón 126, 3).

La fe, peldaño de intelección

“Las recónditas honduras del divino reino demandaban su creencia antes de llevarnos a su inteligencia; la fe, en efecto, es el peldaño de la intelección, y la intelección es la recompensa de la fe. Un profeta se lo dice abiertamente a todos los que, debiendo ser al revés, se precipitan a la búsqueda de la inteligencia sin dárseles nada por la creencia. Dice: Si no creéis, no entenderéis. Porque también la fe tiene una suerte de luz propia en las Escrituras, en la profecía, en el Evangelio, en los escritos de los apóstoles”
(Sermón 126, 1).

Si no entiendes, cree.

“Nosotros confesamos al Hijo coeterno al Padre y lo creemos así… Quien lo entienda, gócese; quien no lo entienda, crea, porque la palabra del profeta no puede ser anulada: Si no creéis, no entenderéis”
 (Sermón 118, 2).

La fe precede

 “Luego, para hacerse a sí mismo, ya existía antes de existir. No; si todas las cosas fueron hechas por él, persuádete que no fue hecho; si no puedes comprenderlo, cree para conseguirlo. La fe precede al entendimiento, según aquello del profeta: Si no creéis, no entenderéis”
 (Sermón 118, 1).

Adquirir capacidad

“¿Qué ha de hacer la Iglesia de Dios para poder comprender lo que antes mereció creer? Haga a su alma capaz de recibir lo que se le va a dar. Para que esto sea una realidad, es decir, para que el alma adquiera capacidad, Dios nuestro Señor aplazó, no anuló sus promesas. Las aplazó para que nosotros nos extendamos; nos extendemos para crecer; crecemos para alcanzarlas” 
(Sermón 91, 6).

Entra la fe en el Santuario

“Ha de creerse con fe certísima que Dios no puede ser ni perverso ni malvado. De este modo, entrando con la fe en el santuario de Dios, entrando creyendo, aprendes comprendiendo. Pues así dice: Hasta que entre en el santuario de Dios, adonde entra la fe. Y después de la fe, ¿qué? Lo comprenderé en los últimos días” 
(Sermón 48, 7).

Creo pero ayúdame

“Cuando hace poco se os leía el Evangelio, oísteis: Si te es posible creer, dice el Señor Jesús al padre del niño, si te es posible creer, todo es posible para quien cree. El, mirándose a sí mismo y puesto en presencia de sí mismo, sin confiar temerariamente, sino examinando antes su conciencia, observó en sí mismo algo de fe, pero vio también la duda. Vio una y otra cosa. Confesó tener una y pidió ayuda para la otra. Creo, Señor, dijo. ¿Qué debía añadir si no: «Ayuda mi fe»? Pero no dijo esto. Creo, Señor. Veo aquí algo, y por eso no estoy mintiendo. Creo, digo la verdad. Pero veo también no sé qué cosa que me desagrada” 
(Sermón 43, 9).

Entiende y cree

“Tú decías: «Entienda yo y creeré». Yo, en cambio, decía: «Cree para entender». Surgió la controversia; vengamos al juez, juzgue el profeta; mejor, juzgue Dios por medio del profeta. Callemos ambos. Ya se ha oído lo que decimos uno y otro. «Entienda yo, dices, y creeré». «Cree, digo yo, para entender». Responde el profeta: Si no creyereis, no entenderéis”
(Sermón 43, 7).

Agarraos a Cristo

“Tú avanza por el camino, pues llegarás a la patria si no lo abandonas. Agarraos, pues, a Cristo, hermanos; agarraos a la fe, manteneos en el camino; el mismo camino os conducirá a aquello que no podéis ver ahora. En la cabeza se manifestó lo que han de esperar los miembros; en el fundamento se mostró lo que se edifica en la fe, para ser terminado luego en la visión, no sea que, cuando pensáis estar viendo, se os esté manifestando la falsa imagen de algo que aparenta lo que no es, y, abandonando el camino, os desviéis al error y no lleguéis a la patria a la que conduce el camino, es decir, a la visión a que lleva la fe” 

(Sermón 362, 27).

Nos estimula a creer

“Que existe la resurrección de los muertos, ya lo he tratado; así lo creemos, así debemos creerlo, y así hablamos, porque así hemos creído, si es que somos cristianos, al contemplar la potencia del brazo del Señor, que humilla por doquier la soberbia de los pueblos y edifica esta fe por el orbe de la tierra con tanta amplitud cuanta se había prometido antes de ser una realidad. Viendo esto, se nos estimula a creer lo que aún no hemos visto para recibir la visión misma como recompensa de la fe. Siendo, pues, evidente para nuestra fe que existe la resurrección de los muertos, y tan evidente que quien lo dude comete una gran imprudencia al llamarse cristiano”
 (Sermón 362, 6).

La fe no desfallece

      “La fe no desfallece, porque la sostiene la esperanza. Elimina la esperanza, y desfallecerá la fe. ¿Cómo va a mover, aunque sólo sea los pies, para caminar quien no tiene esperanzas de poder llegar? Si, por el contrario, a la fe y a la esperanza les quitas el amor, ¿de qué aprovecha el creer, de qué sirve el esperar, si no hay amor? Mejor dicho, tampoco puede esperar lo que no ama. El amor enciende la esperanza, y la esperanza brilla gracias al amor. Pero ¿qué fe habrá que elogiar cuando lleguemos a la posesión de aquellas cosas que hemos esperado creyendo en ellas sin haberlas visto? Porque la fe es la prueba de lo que no se ve. Cuando veamos, ya no se hablará de fe” 
(Sermón 359 A, 4).