"La soberbia hace su voluntad, la humildad hace la voluntad de Dios. Por eso al que se llegue a mí no lo arrojaré fuera. ¿Por qué? No he venido a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Yo he venido humilde, yo he venido a enseñar la humildad, y yo soy el maestro de la humildad. El que se llega a mí, se incorpora a mí; y el que se llega a mí, se hace humilde, y el que se adhiere a mí, será humilde, porque no hace su voluntad, sino la de Dios. Esta es la causa de que no se le arroje fuera: estaba arrojado fuera cuando era soberbio" (Comentario a Juan 25, 16).
La Humildad hace la Voluntad de Dios
Atendamos a Dios
Encamina tu voluntad hacia Dios
"Son rectos de corazón los que hacen en esta vida la voluntad de Dios. Es voluntad de Dios que estés sano algunas veces; otras, que estés enfermo. Si la voluntad de Dios es dulce para ti cuando estás sano y amarga cuando estás enfermo, no eres de corazón recto. ¿Por qué? Porque no quieres encauzar tu voluntad en la voluntad de Dios, sino que pretendes torcer la de Dios a la tuya. La de Él es recta; la tuya, torcida. Tu voluntad debe ser encaminada a la de Dios, no torcer la suya hacia la tuya; así serás recto de corazón" (Comentario al Salmo 35, 16).
Antepón la voluntad de Dios
Informaos en la Palabra de Dios
Como ángeles de Dios
"Te sirven los ángeles en el cielo, sirvámoste nosotros en la tierra. No te ofenden los ángeles en el cielo, tampoco lo hagamos nosotros en la tierra. Como ellos hacen tu voluntad, hagámosla también nosotros. ¿Qué pedimos aquí sino el ser buenos? Cuando cumplimos la voluntad de Dios -sin duda alguna, él hace siempre la suya-, entonces se cumple en nosotros su voluntad" (Sermón 58, 4).
Sé amigo del Señor tu Dios
"¿Por qué lo quiso Dios? ¿Por qué lo quiso? Hasta que lo averigües, sométete a la voluntad del Señor tu Dios, haciéndote su amigo, puesto que conoces su intención. ¿Qué siervo hay tan soberbio que, si su señor le ordena que realice algo, le responde 'Por qué'? El Señor tiene cabe sí su intención: se somete a él si la cumple, si la realiza bien, si de siervo se convierte en amigo, según lo que dijo el mismo Señor: 'Ya no os llamaré siervos, sino amigos'. Quizá llegue a conocer también la intención de su señor; entre tanto, antes de conocerla, sufra de buen grado su voluntad" (Sermón 296, 7).