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La mejor limosna

"En efecto, limosna es un término griego que significa «misericordia». ¿Qué misericordia pudo descender sobre los desdichados mayor que aquella que hizo bajar del cielo y revistió de un cuerpo terreno al creador de la tierra? Al que desde la eternidad permanece igual al Padre, le hizo igual a nosotros por la mortalidad, otorgó forma de siervo al Señor del mundo, de forma que el pan sintió hambre, la saciedad sed, la fortaleza se hizo débil, la salud fue herida y la vida murió. Y todo ello para saciar nuestra hambre, regar nuestra sequedad, consolar nuestra debilidad, extinguir la iniquidad e inflamar la caridad. El creador es creado, el Señor sirve, el redentor es vendido, quien exalta es humillado, quien resucita muere: ¿hay mayor misericordia?" 
Sermón 207, 1.

Martes de la primera semana

No recuerdes los pecados de mi juventud:
acuérdate de mí según tu misericordia,
por tu bondad, Señor
.
(Sal 25, 7)





Guardarse de los pecados leves y numerosos

Si se infiltran en el alma ciertos deleites mundanos, ejercitaos en la misericordia, ejercitaos en la limosna, en el ayuno, en la oración. Con estos medios se purgan los pecados cotidianos, que, debido a la fragilidad humana, no pueden no infiltrarse en el alma. No los desdeñes porque son pequeños, sino témelos ya que son numerosos. Prestad atención, hermanos míos. Son pequeños, no son graves. No es una bestia como un león que de una dentellada te quiebra el cuello; pero con frecuencia matan también las pequeñas bestias si son muchas. Si alguien es arrojado a un lugar lleno de pulgas, ¿no morirá allí? No son las bestias mayores, pero la naturaleza humana es tan débil que pueden hacerla perecer las más pequeñas. Así son también los pecados pequeños. Atendéis a que son pequeños; precaveos, pues son muchos. ¡Cuán pequeñísimos son los granos de arena! Pero si se carga de ella la nave más de lo debido, la hunde y se pierde. ¡Cuán diminutas son las gotas de la lluvia! ¿Acaso no llenan los ríos y derriban las casas? Por tanto, no desdeñéis estas pecados. Pero me diréis: « ¿Quién puede vivir sin ellos?». Para que no lo digas, pues en realidad nadie puede, Dios misericordioso, al ver nuestra fragilidad, nos ofreció el remedio contra ellas. ¿Qué remedios ofreció? Las limosnas, los ayunos y las oraciones: tres son los remedios. Mas para que en la oración digas verdad has de hacer limosnas perfectas. ¿Qué significa limosnas perfectas? Que de lo que tú tienes en abundancia des al que no tiene, y que perdones al que te haya ofendido.
(Serm. 9, 17)



Es imposible vivir sin pecados: sean menos graves, sean diminutos, sean leves. No despreciéis, sin embargo, ni los leves, ni los diminutos..Los ríos se hacen de diminutas gotas. No los despreciéis. Por estrechas rendijas se filtra el agua a la nave, se llena la sentina; y si no se hace caso, la nave va a pique.. (Serm. 58, 9-10)

La Fuerza de la Palabra

"Mis fuerzas, hermanos, son escasas, pero son grandes las de la palabra de Dios. Demuestre su poder en vuestros corazones. Por lo tanto, lo que yo digo despacio lo habréis oído bien si obedecéis. Como por medio de una nube, el profeta Isaías, tronó el Señor. Si le oísteis, sin duda os habéis asustado. Lo dijo claramente, de modo que estas cosas no necesitan quien las explique, sino quien las cumpla.¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? ¿Quién solicitó esto de vuestras manos? Dios nos busca a nosotros mismos, no nuestras cosas. El sacrificio del cristiano es el socorro del pobre"
(Sermón 42, 1).

Sermón 208 - El ayuno, la limosna, el perdón.

Ha llegado el momento solemne de amonestar y exhortar en el Señor a vuestra caridad a que os entreguéis, con fervor más intenso y alegre de lo acostumbrado, al ayuno, a la oración y a la limosna. En realidad, esa amonestación y exhortación os la brinda ya la misma época, aunque yo me calle. Pero se añade el servicio de nuestra palabra, para que, con el sonido de trompeta de esta voz, vuestro espíritu recoja sus fuerzas para la lucha contra la carne. Vuestros ayunos han de estar libres de querellas, gritos y muertes, de manera que hasta quienes os están sometidos experimenten un alivio prudente y benigno, que no signifique echar por tierra la disciplina siempre saludable, sino moderar su severidad y aspereza. Cuando os abstenéis de alguna clase de alimento, incluso de los permitidos y lícitos, para mortificar el cuerpo, acordaos de que todos son puros para los puros; a ninguno consideréis impuro, si no lo ha manchado la infidelidad, pues, como dice el Apóstol, para los impuros e infieles nada hay puro.

Sermón 209 - La oración, la limosna y la continencia.

Ha llegado el tiempo solemne de exhortar a vuestra caridad a pensar más seriamente en el alma y a mortificar el cuerpo. Estos cuarenta días son sagrados para todo el orbe de la tierra, que al acercarse la Pascua celebra con devoción, digna de ser pregonada en el mundo entero, que Dios reconcilia consigo en Cristo. Si existe alguna enemistad que nunca debió nacer o, al menos, debió morir luego, pero que fue capaz de perdurar en la vida de los hermanos hasta estas fechas, sea por dejadez, sea por obstinación o vergüenza, fruto no de la modestia, sino de la soberbia, que al menos ahora deje de existir.

Las dos alas de la oración

“¡Con qué celeridad se reciben en el cielo las oraciones de los que obran bien! Y esta bondad del hombre en la vida presente es el ayuno, la limosna, la plegaria. ¿Quieres que tu oración vuele a Dios? Dótala de dos alas: del ayuno y de la limosna. Nos encuentre el Señor aparejados de este modo para que la luz y la verdad de Dios nos hallen llenos de confianza cuando venga a librarnos de la muerte el que ya vino a padecer la muerte por nosotros" (Comentario al salmo 42, 8).

La oración limosnera

"En estos días, nuestra oración sube al cielo con la ayuda de las piadosas limosnas y los parcos ayunos, pues no es ningún descaro que un hombre pida a Dios misericordia si él no la ha negado a otro hombre y si la serena mirada del corazón de quien pide no se encuentra turbada por las confusas imágenes de los deleites carnales. Sea pues, casta nuestra oración, no sea que deseemos no lo que busca la caridad, sino lo que ambiciona la pasión; evitemos pedir cualquier mal para los enemigos, no sea que, pudiendo dañarles o vengarnos de ellos, mostremos nuestra crueldad en la oración. Del mismo modo que nosotros alcanzamos la buena disposición para orar mediante la limosna y el ayuno, así también nuestra misma oración se convierte en limosnera cuando se eleva no sólo por los amigos, sino hasta por los enemigos, y se abstiene de la ira, del odio y de otros vicios perniciosos. Si nosotros nos abstenemos de los alimentos, ¡cuánto más debe abstenerse ella de los venenos!... Absténganse, pues, siempre del odio, y aliméntese siempre del amor " (Sermón 207, 3).

La oración

"Vuestros ayunos no sean como los que condena el profeta al decir: No he sido yo quien eligió este ayuno, dice el Señor. Fustiga el ayuno de la gente pendenciera; busca el de los piadosos. Condena a quienes aprietan y busca quienes aflojen. Acusa a los cizañeros, busca libertadores. Este es el motivo por el que estos días refrenáis vuestros deseos de cosas lícitas, para no sucumbir ante lo ilícito… De esta forma, nuestra oración, hecha con humildad y caridad, con ayuno y limosnas, templanza y perdón, practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, busca la paz y la consigue. La oración, en efecto, ayudada con las alas de tales virtudes, vuela y llega más fácilmente al cielo, adonde nos precedió Cristo, nuestra paz" (Sermón 206, 3).

Acordáos de los pobres

"Ante todo, acordaos de los pobres; de esta forma depositáis en el tesoro celeste aquello de que os priváis viviendo más sobriamente. Reciba Cristo hambriento lo que al ayunar recibe de menos el cristiano. La mortificación voluntaria sirve de sustento para quien nada tiene. La escasez voluntaria del rico sea abundancia necesaria para el pobre. Resida también en el alma amansada y humilde la misericordiosa disponibilidad para el perdón. Solicite el perdón quien hizo la ofensa; concédalo quien la recibió, para no caer en manos de Satanás, cuyo triunfo es la discordia entre los cristianos. Gran garantía comporta esta limpieza que consiste en perdonar a tu consiervo para que te perdone tu Señor" (Sermón 210, 12).

La Limosna

“Ejercitemos, pues el deber de la limosna, tanto más generosa y frecuente cuanto más se acerca el día en que celebramos la limosna que se nos hizo a nosotros. El ayuno sin misericordia, de nada sirve a quien lo hace" (Sermón 207, 1).

Haciendo misericordia

"En cualquier caso, es casi un deber acrecentar las limosnas en estas fechas. ¿Hay forma más justa de gastar lo que os ahorráis con vuestra abstinencia que haciendo misericordia? ¿Y hay algo más perverso que entregar a la custodia de la avaricia siempre presente o a que lo consuma la lujuria aplazada lo que se gasta de menos a causa de la abstinencia? Considerad, pues, a quiénes debéis aquello de que os priváis para que la misericordia añada a la caridad lo que la templanza sustrae al placer" (Sermón 208, 2).