(Comentario a Juan 12, 11).
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La muerte fue absorvida
“Porque la vida muerta mató a la muerte; la plenitud de la vida se tragó la muerte: la muerte fue absorbida por el cuerpo de Cristo. Así lo diremos nosotros en la resurrección, cuando ya en el triunfo cantemos: ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu poder? ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu aguijón? Ahora, entre tanto, hermanos, para que sanemos de los pecados, miremos a Cristo crucificado; porque así como Moisés levantó, dice, la serpiente en el desierto, así conviene que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna. Como los que miraban aquella serpiente no morían de sus mordeduras, así los que miran con fe la muerte de Cristo quedan sanos de las mordeduras de los pecados. Pero aquéllos se libraban de la muerte para vivir vida temporal, mas aquí se dice que para que vivan vida eterna”
(Comentario a Juan 12, 11).
(Comentario a Juan 12, 11).
En la cruz murió la muerte
“Tomó, pues, la muerte y la suspendió en la cruz, y esa misma muerte libra a los mortales. El Señor recuerda lo que en figura aconteció a los antiguos: Y así como Moisés, dice, levantó en el desierto la serpiente, así también conviene que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna. Esto es un gran misterio, que saben quienes lo han leído. Lo oigan ahora quienes o no lo han leído o lo tienen olvidado después de haberlo leído u oído”
(Comentario a Juan 12, 11).
(Comentario a Juan 12, 11).
Mató a la muerte
“Bajó, pues, y murió, y su muerte nos libró de la muerte. Matado El por la muerte, mató El a la muerte. Sabéis ya, hermanos, que esta muerte entró en el mundo por envidia del diablo. La muerte no la hizo Dios, dice la Escritura, ni se goza en la perdición de los vivos; lo creó todo para que subsistiese. Mas ¿qué se dice allí? Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo… Si no consientes, no te hace nada malo el diablo; es tu consentimiento, ¡oh hombre!, el que te lleva a la muerte. Hemos nacido mortales del que era mortal también, y de inmortales nos hicimos mortales”
(Comentario a Juan 12, 10).
(Comentario a Juan 12, 10).
Jueves después de ceniza
Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo,
cargue con su cruz cada día y sígame.
Quien quiera salvar su vida la perderá;
pero quien pierda su vida por mí la salvará.
(Lc 9, 23-24)
cargue con su cruz cada día y sígame.
Quien quiera salvar su vida la perderá;
pero quien pierda su vida por mí la salvará.
(Lc 9, 23-24)
Si amas la vida....entonces debes perderla
Veamos, pues, qué es el niéguese a sí mismo (Mc 8, 34). Grande es, amadísimos hermanos, la recompensa que tenemos a nuestro alcance. Acabamos de escuchar la confesión del bienaventurado mártir Cipriano: «Yo adoro a un único Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos». Calla Dios, pero hablan sus obras. Ved a qué Dios, a cuál Dios; mejor, no tal o cual, sino simplemente el Dios en quien creyó Cipriano. ¿Qué significa, pues, niéguese a sí mismo? Niégate a ti mismo. ¿Y qué significa esto? ¿Se te obliga a negar a Dios? Niégate a ti, pero no niegues a Dios. No ames esta vida temporal y esfuérzate, por el contrario, por la vida eterna; más aún, cede ante la vida eterna para hacerte eterno también tú; niégate para confesar a Dios; niégate, hombre, para ser como los ángeles; niégate, hombre mortal, para que, después de haber confesado a Dios, merezcas vivir por siempre. He aquí que amas la vida temporal: No quieras negar a Dios por no negarla a ella. Si Dios, a quien negaste y a quien no quisiste confesar, se aparta de ti, tendrás la vida temporal, que no quisiste negar. Veamos, pues, por cuánto tiempo has de durar en esta vida. Llegará el mañana, y después del mañana, otro día, y después de muchos más llegará el fin. ¿Y adonde irás? ¿Adonde saldrás? Ciertamente, hacia Dios, a quien negaste. ¡Oh desgraciado e infeliz! Negaste a Dios, y quieras o no, has perdido también la vida temporal. Esta vida, hermanos amadísimos, queramos o no, pasa, corre; neguémonos, pues, en esta vida temporal para merecer vivir por siempre. Niégate a ti y confiesa a Dios. ¿Amas tu alma? Piérdela. Pero me dirás: «¿Cómo voy a perder lo que amo?» Eso lo haces también en tu casa. Amas el trigo, y esparces ese trigo que con tanto cuidado habías almacenado en tu granero, que con tanta fatiga de siega y trilla habías limpiado; ya guardado y limpio, cuando llega la sementera, lo tiras, lo esparces, lo cubres de tierra para no ver lo que esparces. Mira cómo, por amor al trigo, esparces el trigo; derrama la vida por amor a la vida; pierde tu alma por amor a ella, puesto que, una vez que la hayas perdido por Dios en este tiempo, la encontrarás en el futuro para que viva eternamente. Derrama, pues, la vida por amor a la vida.
(Serm. 313/D, 2)
Sirven, pues, a Cristo quienes buscan no lo suyo, sino lo de Jesucristo (Flp 2,21). En efecto, «sígame» significa esto: camine por mis caminos, no por los suyos; como está escrito en otra parte: Quien dice que él permanece en Cristo, también ése mismo debe caminar como él caminó (1Jn 2,6) (...) Al hacer por causa de Cristo no sólo lo que se refiere a las obras de misericordia, sino todas las obras buenas, se hace servidor de Cristo hasta esa obra de caridad grande que es dar la propia vida por los hermanos, pues esto es darla también por Cristo. (In Io. Ev. 51, 12)
La perfección de la caridad
Despreciaron esta vida y, según oísteis en la epístola de san Juan, entregaron sus vidas por los hermanos, en lo cual consiste la perfección de la caridad… ¿Qué retribuirás al Señor por haberte hecho a su imagen y semejanza, por lo cual superas a todas las bestias y a todas las aves? No busques qué retribuirle; retribúyele su semejanza; no busques más. El exige su moneda. Sin embargo, tú, por los bienes que recibiste y que consigné, en lugar de acción de gracias, de humildad, de obediencia, de culto religioso, es decir, de todos los bienes que debías a tu Dios, le retribuiste blasfemias
(Comentario al salmo 102, 3).
Ordena tu vida
“Pero ahora camina en la fe, ordena tu vida. El está muy en lo alto, fortalece tus alas. Cree lo que aún no puedes ver para merecer ver lo que crees. Vivamos como peregrinos, pensemos que estamos de paso, y no pecaremos. Antes bien, demos gracias al Señor Dios nuestro, que quiso que el último día de esta vida esté cercano y sea incierto”
(Sermón 301, 9).
Las Escrituras para instruir
"El hombre que está firme en la fe, en la esperanza y en la caridad y que las retiene inalterablemente, no necesita de las sagradas Escrituras, si no es para instruir a otros. Así, muchos dirigidos por estas tres virtudes viven en los desiertos sin el auxilio de los Libros santos..."
(De la doctrina cristiana 1, 39, 43).
La Palabra nos resucita
"Son los muertos que resucita la palabra de Dios para que vivan en fe. La infidelidad tenía los muertos, la palabra de Dios los alza del sepulcro. Esa es la hora de la que dijo el Señor: Hora vendrá, y es la de ahora... Al conjuro de su palabra resucitaban los muertos de la infidelidad, de los que dijo el Apóstol:Despierta tú que duermes y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Esta especie de resurrección es la resurrección espiritual, la resurrección del hombre interior, la resurrección del alma"
(Sermón 127, 7).
El evangelio es vida
"Y sólo un alma impía puede contradecir al Evangelio. Pero aquí aparece y me viene a las mientes lo que diré. Sólo un alma muerta puede contradecir la vida. El Evangelio es vida, y la impiedad o infidelidad es la muerte del alma. He ahí cómo puede morir, aun siendo inmortal. Pues ¿cómo es inmortal? Porque siempre hay una vida que en ella nunca se extingue. ¿Y cómo muere? No dejando de ser vida, sino perdiendo la vida. Porque el alma es vida para otro elemento y ella misma tiene su vida"
(Sermón 65, 5).
Fija la raíz en la Palabra
"Escuchen el salmo y sean felices. Instrúyalos el Señor en su ley. Dígales con las palabras de otro salmo: No tengas celos de los malvados ni envidies a los que obran la maldad. Puesto que tú, que sentías celos de ellos y les envidiabas, sólo preguntabas «¿por qué florecen?», escucha lo dicho en la ley de Dios: Porque, como el heno, pronto se secarán. Florece el heno. ¿Hay motivo para que alabes su verdor? Pregunta al verano: Pronto se secarán. Toda carne es heno: el heno se seca, la flor se cae. Mira tú y ve dónde tienes la raíz: La palabra del Señor permanece para siempre. Aquellos impíos florecen como el heno: en invierno está verde, seco en verano. Tú, sin embargo, fija la raíz en la palabra de Dios, que permanece para siempre; sé un árbol verde aunque no lo manifiestes"
(Sermón 25 A, 1).
Sanó con el Evangelio
"Les decimos: recibís el Evangelio y no recibís la ley; nosotros decimos que el misericordioso dador del Evangelio es el mismo y terrible otorgador de la ley. Aterró con la ley y sanó con el Evangelio a los convertidos, a los que había aterrado con la ley para que se convirtieran. El Emperador dio la ley, y hubo muchas transgresiones contra la ley. Esa ley que dio el Emperador no sabía sino castigar a los transgresores. Faltaba, pues, que, para eliminar esos delitos, viniera con indulgencia aquel que había enviado por delante la ley. Pero ¿qué dice el corazón perverso cuando afirma que recibe el Evangelio y rechaza la ley? ¿Por qué la rechaza? «Porque, según dice, está escrito: Tentó Dios a Abrahán. ¿Cómo adoraré a un Dios que tienta?» Pues adora a Cristo, a quien tienes en el Evangelio. El te invita a entender la ley. Pero como los maniqueos tampoco pasaron a Cristo, se quedaron con su fantasma. Porque no adoran a Cristo tal como es predicado en el Evangelio, sino tal como ellos se lo han fingido"
(Sermón 2, 2).
Tener horas libres para leer
"No arrojo sobre vosotros cargas pesadas ni abrumo vuestros hombros con pesos que ni con un dedo quiera tocar yo. Preguntad e informaos de la fatiga de mis ocupaciones, de los achaques de mi salud para ciertos trabajos, de la costumbre de las iglesias a cuyo servicio vivo, y que no me permite entregarme a esa actividad que os aconsejo a vosotros. Aparte de que yo podría decir:¿Quién hace la guerra a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta el rebaño y no participa de la leche del rebaño? Pero pongo por testigo sobre mi alma a Jesucristo, en cuyo nombre os digo estas cosas sin vacilar; por lo que toca a mi comodidad, preferiría mil veces ocuparme en un trabajo manual cada día y a horas determinadas, y disponer de las restantes horas libres para leer, orar, escribir algo acerca de las divinas Escrituras, en lugar de sufrir las turbulentas angustias de los pleitos ajenos acerca de negocios seculares, que hay que dirimir con una sentencia o hay que arreglar con una intervención"
(El trabajo de los monjes 29, 37).
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El sacratísimo triduo
“Considera ahora ese sacratísimo triduo del Señor crucificado, sepultado y resucitado. El primer día, que significa la cruz, transcurre en la presente vida; los que significan la sepultura y la resurrección los vivimos en fe y en esperanza. Ahora se le dice al hombre: Toma tu cruz y sígueme. Es atormentada la carne cuando son mortificados nuestros símbolos, que están sobre la tierra: la fornicación, la inmundicia, el derroche, avaricia y las demás torpezas, de las que dice el mismo Apóstol: Si viviereis según la carne, moriréis; pero si mortificáis con el espíritu las obras de la carne, viviréis. Por eso dice, hablando de sí mismo: El mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Y en otro pasaje: Sabed que nuestro hombre viejo ha sido crucificado juntamente con él para que se destruya el cuerpo del pecado, para que en adelante no sirvamos al pecado. Por lo tanto, mientras nuestras obras tienden a destruir el cuerpo del pecado, mientras el hombre exterior se corrompe para que el interior se renueve de día en día, tiempo es de cruz”
(Epístola 55, 14, 24)
Si vives bien has resucitado
“Escuchemos lo que dice el Apóstol: Si habéis resucitado con Cristo... ¿Cómo vamos a resucitar si aún no hemos muerto? ¿Qué quiso decir entonces el Apóstol con estas palabras:Si habéis resucitado con Cristo? ¿Acaso él hubiese resucitado de no haber muerto antes? Hablaba a personas que aún vivían, que aún no habían muerto y ya habían resucitado. ¿Qué significa esto? Ved lo que dice: Si habéis resucitado con Cristo, saboread las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; buscad las cosas de arriba, no las de la tierra, pues estáis muertos. Es él quien lo dice, no yo, y dice la verdad, y por eso lo digo también yo. ¿Por qué lo digo también yo? He creído, y por eso he hablado. Si vivimos bien, hemos muerto y resucitado; quien, en cambio, aún no ha muerto ni ha resucitado, vive mal todavía; y, si vive mal, no vive; muera para no morir… Si vivía mal, pero ya no vive, ha muerto; si vive bien, ha resucitado”
(Sermón 231, 3)
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Muriendo dio la vida
“Pero aquel león de la tribu de Judá de quien con tanta antelación se había predicho:Ascendiste, y, recostándote, dormiste como un león; ¿quién lo despertará?, ascendió a la cruz en su pasión, pues fue colgado porque misericordiosamente lo quiso, no como consecuencia necesaria de un pecado. Recostándose, durmió cuando, inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Como un león, pues hasta en la misma debilidad se mostró fuerte: La debilidad de Dios es más fuerte que los hombres; además, muriendo dio la vida, y consumió la muerte con la muerte. ¿Quién le despertó sino el Dios invisible? ¿Quién, si no, dado que no se descubre a las miradas humanas, como tampoco la misma Palabra unigénita de Dios, invisible como el Padre? Así, pues, le resucitó de entre los muertos y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla y sea vencido el león que pretende devorar por el otro león que busca liberar”
(Sermón 223 F, 2).
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Muerto nos alimenta
“De esta manera, Cristo mismo, figurado en el cordero, manifestado en su ser hombre, les dio muerte a ellos ya saciados, y muerto nos alimenta a nosotros. Y todavía sus hijos, eructando la vieja levadura de sus padres por habérseles indigestado la vanidad, continúan gloriándose de los panes ácimos, sin comprender que aquel alimento, libre de la vieja levadura, significa la vida nueva, que, prefigurada en el tipo, se revela en Cristo”
(Sermón 229 C, 1).
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Vivir bien
"Queremos que venga el que ha de venir, aunque no lo queramos ¿cómo demostramos que queremos que venga? Viviendo bien, obrando bien No nos deleiten las cosas pasadas ni nos retengan las presentes; no tapemos un oído, como el áspid con la cola, y el otro le peguemos a la tierra; no nos detengamos oyendo las cosas pasadas, no nos enredemos con las presentes, impidiéndonos pensar en las venideras; nos extendamos, según dice el Apóstol, a las cosas que tenemos delante y nos olvidemos de las pasadas. Y así, lo que ahora soportamos, lo que ahora lloramos, lo que ahora anhelamos, lo que ahora hablamos, lo que de cualquier parte percibimos y no podemos conseguir, lo alcanzaremos y nos gozaremos en la resurrección de los justos"
(Comentario al Salmo 66, 19).
Yo soy tu salud
"Bienaventurada la nación que tiene a Dios por Señor. Es nuestro Dios. ¿De quién no es Dios? Pero no es ciertamente de todos de la misma manera. Es más nuestro, porque vivimos de Él como de nuestro pan. Él es nuestra heredad, es nuestra posesión. ¿O es que quizá hablamos temerariamente al hacernos a Dios nuestra posesión, siendo así que es Señor, que es Creador? No es una temeridad; es efecto del deseo y dulzura de la esperanza. Diga el alma y con toda seguridad diga: Tú eres mi Dios, puesto que tú dices a mi alma: Yo soy tu salud. ¿Querías poseer en arbolado con el que fueses feliz? Oye a la Escritura, que dice acerca de la sabiduría: Es árbol de vida para todos los que la poseen. Ve que dijo que nuestra posesión es la sabiduría. Para que no pienses que la Sabiduría de la cual afirma la Escritura que es tu posesión, era una cosa inferior a ti, prosiguiendo añade: Para los que se apoyan en ella como en el Señor. He aquí que tu Señor se hizo para ti como bastón; apóyase el hombre seguro, porque Dios no sucumbe"
(Comentario al Salmo 32, II, s.2, 17).
Dios es la vida
"Dios es su vida. Y así como, cuando ella está en el cuerpo, la comunica vigor, y fuerza, y movimiento y actividad a todos los miembros, lo mismo Dios, que es su vida, cuando está en ella, le comunica la sabiduría, y la piedad, y la justicia, y la caridad. Una cosa es lo que el alma comunica al cuerpo, y otra muy distinta, lo que al alma comunica Dios. El alma vivifica y es vivificada. Vivifica muerta, aunque ella no sea vivificada. Cuando viene, pues, la palabra y se introduce en los oyentes y llegan éstos no sólo a oírla, sino también a obedecerla, entonces se levanta el alma de la propia muerte a su propia vida, esto es, de la iniquidad, de la insipiencia y de la impiedad a su Dios, que es para ella sabiduría, y justicia, y claridad. Que vuele a Dios y que sea por Él iluminada. Acercaos, pues, a Él. ¿De qué nos servirá? Y seréis iluminados. Sí, pues, cuando os acercáis, sois iluminados y, cuando os alejáis, os entenebrecéis, luego vuestra luz no está en vosotros mismos, sino en vuestro Dios. Acercaos si queréis resucitar; porque, si os alejáis, moriréis. Si, pues, cuando os acercáis, tenéis vida y, cuando os alejáis, caéis en la muerte, luego vuestra vida no está en vosotros mismos, porque vuestra vida es vuestra luz. Porque en ti está la fuente de la vida y en tu luz veremos la luz"
(Comentario a Juan 19, 12).
Dios es la vida de tu alma
"Muere tu alma perdiendo su vida. Tu alma es la vida de tu cuerpo, y Dios es la vida de tu alma. Al modo que muere el cuerpo cuando pierde el alma, que es su vida, así muere el alma cuando pierde a Dios, que es su vida. Ciertamente el alma es inmortal, y de tal forma es inmortal, que vive aún estando muerta. Lo que dijo el Apóstol de la viuda que vivía en deleites, puede también decirse del alma que ha perdido a su Dios: que viviendo está muerta"
(Comentario a Juan 47, 8).
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