Mostrando entradas con la etiqueta Eucaristía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eucaristía. Mostrar todas las entradas

Corrijámonos

“Ahora es el tiempo de la misericordia para corregirnos; no ha llegado todavía el tiempo del juicio. Hay tiempo, hay lugar; hemos pecado, corrijámonos. No se ha terminado el camino, no se ha cerrado el día, todavía no ha concluido todo. No desesperemos, ya que sería aún peor. Debido a los pecados de los hombres —tanto más frecuentes cuanto más leves— estableció Dios en la Iglesia este tiempo de misericordia, la medicina diaria, para que digamos: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Lavada nuestra cara con estas palabras, acerquémonos al altar y participemos del cuerpo y de la sangre de Cristo”
(Sermón 17, 5).

Extinguió todo orgullo

"Extinguió así todo el orgullo de la nobleza carnal. Además, nació en la ciudad de Belén, que entre las demás ciudades de Judea era tan pequeña, que aun hoy se llama aldea, no quiso que nadie se gloriara de la nobleza de ninguna ciudad de este mundo. Y también se hizo pobre el que es el dueño de todo y por quien todo fue creado, para que ninguno de los que crean en él se atreva a enorgullecerse de las riquezas de aquí abajo. No quiso que los hombres le proclamaran rey, aunque todas las creaturas atestiguan su reino sempiterno, porque así mostraba el camino de la humildad a los desgraciados que la soberbia había separado de su lado. Padeció hambre el que a todos da de comer; sufrió sed el creador de toda bebida y el que es espiritualmente pan para los hambrientos y fuente para los sedientos. Se cansó en los caminos de este mundo el que se hizo a sí mismo camino hacia el cielo para nosotros" 
(La catequesis de los principiantes 22, 40).

Se hizo sueva

"Tú, hombre, no podías llegar a Dios; entonces Dios se hizo hombre, y de este modo se hizo el Mediador de los hombres, el hombre Cristo Jesús, para que, si como hombre puedes acercarte al hombre y no puedes a Dios, por el hombre te acerques a Dios. Pero si únicamente fuese hombre, yendo en pos de lo que eres, jamás llegarías a Dios. Si sólo fuese Dios, no comprendiendo lo que no eres, jamás llegarías a El. Dios, pues, se hizo hombre para que, yendo en pos del hombre, lo cual puedes, llegues a Dios, lo cual no podías. El es Mediador; de aquí que se hizo suave. ¿Qué cosa más suave que el pan de los ángeles? ¿Cómo no ha de ser suave el Señor, siendo así que el hombre comió el pan de los ángeles? No vive el hombre debido a un motivo, y el ángel a otro. El es la verdad, El es la sabiduría, El es la fortaleza de Dios" 
(Comentario al Salmo 134, 5).

La Escritura dice Verdad

"No hagáis caso de las sugerencias del diablo, que dice: "Si fueses justo, ¿no te enviaría pan el Señor por un cuervo como se lo envió a Elías? ¿Cómo se cumple lo que leíste: Jamás vi al justo desamparado ni a su estirpe pidiendo pan? Tú responde al demonio: La Escritura dice verdad: Jamás vi al justo abandonado ni a su estirpe buscando pan, porque tengo un pan que tú desconoces. ¿Qué pan? Oye al Señor:No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. ¿Creéis que es pan la Palabra de Dios? Si no fuese pan la Palabra de Dios, por la que fueron hechas todas las cosas, no diría ella misma: Yo soy pan vivo que bajé del cielo. Luego aprendiste a responder a tu tentador en las apreturas del hambre"
(Comentario al salmo 90, s.2, 6).

Tener a Cristo en el corazón

“Por fin, amadísimos, hemos conocido el gran misterio. Escuchad. Caminaba con ellos, es acogido como huésped, fracciona el pan y es reconocido. No digamos nosotros que no conocemos a Cristo; lo conocemos si creemos. Ellos tenían a Cristo en el banquete; nosotros lo tenemos dentro, en el alma. Mayor cosa es tener a Cristo en el corazón que tenerlo en casa. Nuestro corazón nos es más interior de lo que lo es nuestra casa. ¿Dónde debe reconocerlo ahora el fiel? Lo sabe quien es fiel; pero el catecúmeno lo ignora. Mas nadie le cierra la puerta para que no entre”
 (Sermón 232, 7).

Manjar soy de Grandes

“Quien conoce la verdad, conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad. La Caridad es quien la conoce. ¡Oh eterna verdad, y verdadera caridad, y amada eternidad! Tú eres mi Dios; por ti suspiro día y noche, y cuando por vez primera te conocí, tú me tomaste para que viese que existía lo que había de ver y que aun no estaba en condiciones de ver. Y reverberaste la debilidad de mi vista, dirigiendo tus rayos con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de horror. Y advertí que me hallaba lejos de ti en la región de la desemejanza, como si oyera tu voz de lo alto: Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí. Y conocí que por causa de la iniquidad corregiste al hombre e hiciste que se secara mi alma como una tela de araña, y dije: ¿Por ventura no es nada la verdad, porque no se halla difundida por los espacios materiales finitos e infinitos? Y tú me gritaste de lejos: Al contrario. Yo soy el que soy, y lo oí como se oye interiormente en el corazón, sin quedarme lugar a duda, antes más fácilmente dudaría de que vivo, que no de que no existe la verdad, que se percibe por la inteligencia de las cosas creadas”
(Confesiones 7, 10, 16).

Cristo fue inmolado una sola vez

“Según nuestro  modo frecuente de hablar, solemos decir, cuando se acerca la Pascua: ‘mañana o pasado mañana será la pasión del Señor’. Pero el Señor ha padecido muchos años ha y la pasión no ha tenido lugar sino una vez. En el mismo día del domingo decimos: ‘Hoy resucitó el Señor’, aunque han pasado ya artos años desde que resucitó. Nadie es tan necio que nos eche en cara la mentira cuando hablamos así. Nombramos tales días por la semejanza con aquellos otros en que tuvieron lugar los acontecimientos citados. Decimos que es el mismo día, aunque no es el mismo, sino otro semejante a él en el girar de las edades. Así también, cuando nos referimos a la celebración del sacramento del altar, decimos que en ese día acontece lo que no acontece en ese día, sino que aconteció antaño. Cristo fue inmolado una sola vez en persona y es inmolado no sólo en las solemnidades de la Pascua, sino también cada día, en dicho sacramento. Por eso no miente quien contesta que es inmolado ahora, cuando se lo preguntan. Los sacramentos no serían en absoluto sacramentos si no tuvieran cierta semejanzas con aquellas realidades de que son sacramento” 
(Carta 98,9).

Palpad y ved

"Para engendrar y aumentar este gozo no quiso que se le reconociese al instante. Veló los ojos de los dos discípulos, de los que encontró en el camino conversando entre sí desconfiadamente y diciendo: Nosotros esperábamos que Él fuese el redentor de Israel. Habían creído esto, mas ya no lo creían. Ya habían perdido la esperanza, y, sin embargo, Cristo estaba con ellos; pero el que se les juntó les devolvió la esperanza. Más tarde, después de haberle conocido en la fracción del pan y de haberse aparecido a otros discípulos suyos, dijo cuando creían que era un espíritu: Palpad y ved, porque el espíritu no tiene ni carne ni huesos, como me veis a mí que los tengo. Y como todavía dudasen en fuerza del gozo, les dice: ¿Tenéis aquí algo de comer? Lo tomó, lo bendijo, lo comió y se lo dio a ellos"
 (Comentario al salmo 147,17).

Reconocer al Señor en la Fracción del Pan


"Atención, hermanos; ¿dónde quiso que le reconocieran?
En la fracción del pan. No nos queda duda: partimos el pan y reconocemos al Señor…
Cuando el Señor hablaba con ellos, no tenían ni siquiera fe, puesto que no creían que hubiese resucitado, ni tenían esperanza de que pudiera hacerlo. Habían perdido la fe y la esperanza.
Muertos ellos, caminaban con el vivo; los muertos caminaban con la vida misma. La vida caminaba con ellos, pero en sus corazones aún no residía la vida.
También tú, pues, si quieres poseer la vida, haz lo que hicieron ellos para reconocer al Señor. Lo recibieron como huésped… Dale hospitalidad si quieres reconocerlo como salvador.
La hospitalidad les devolvió aquello de lo que les había privado la incredulidad.
Así, pues, el Señor se hizo presente a sí mismo en la fracción del pan. Aprended dónde debéis buscar al Señor, dónde podéis hallarlo y reconocerlo: cuando lo coméis. "
(Sermón 235, 3).

Participar de este altar


"Así, pues, Cristo nuestro Señor, que en su pasión ofreció por nosotros lo que había tomado de nosotros en su nacimiento, constituido príncipe de los sacerdotes para siempre, ordenó que se ofreciera el sacrificio que estáis viendo, el de su cuerpo y sangre.

En efecto, de su cuerpo, herido por la lanza, brotó agua y sangre, mediante la cual borró los pecados del mundo. Recordando esta gracia, al haber realizado la liberación de vuestros pecados, puesto que es Dios quien la realiza en vosotros, acercaos con temor y temblor a participar de este altar.


Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado.
En su múltiple variedad, aquellos antiguos sacrificios del pueblo de Dios figuraban a este único sacrificio futuro"
(Sermón 228 B, 2).