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Miércoles - III semana

"Buscad primero el reino de Dios y su justicia,
y todo lo demás se os dará por añadidura".
(Mt 6, 33)








Cristo habita en el hombre interior

De todos modos, este esperad en el Señor está expresado de una manera un tanto misteriosa. ¿Cuál es el objeto de la espera, sino el bien? Pero como cada cual pretende pedirle a Dios el bien que ama, y como, por otra parte, no resulta nada fácil encontrar personas que amen los bienes interiores, o sea, tocantes al hombre interior -los únicos que hay que amar, porque del resto sólo hay que hacer uso para subvenir las necesidades perentorias, no para recabar gozo-, tras haber dicho esperad en el Señor, sorprendentemente añadió: Hay muchos que dicen: ¿quién nos hará ver el bien? Este apóstrofe y esta pregunta se la formulan a diario todos los tontos y malvados por dos motivos: primero, porque anhelan la paz y la tranquilidad de la vida mundana y no la encuentran a causa de la degeneración de la raza humana, teniendo al mismo tiempo la osadía de criticar la situación real del mundo cuando, arropados en sus propios merecimientos, estiman que cualquier tiempo pasado fue mejor. Segundo, cuando dudan o desesperan de la vida futura que nos está prometida y repiten con machaconería: ¿Quién sabe si todo eso es verdad? ¿Quién ha vuelto de entre los muertos para decirnos que todo eso es así? De manera espléndida, pero en síntesis, el profeta ha puesto de relieve a los que tienen una visión interior cuáles son los bienes que deben constituir objeto de su búsqueda, dando respuesta a la pregunta de aquellos que dicen: ¿quién nos hará ver el bien? Y sigue diciéndoles: La luz de tu rostro, Señor, está grabada en nosotros. Esta luz es el bien total y auténtico del hombre, oculta a los ojos, pero visible a la razón. Y dijo grabada en nosotros, usando el símil de las monedas, que llevan acuñada la efigie del rey. En efecto, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26), pero la echó a perder con el pecado. Por tanto, el bien verdadero y eterno del hombre es troquelar esa moneda mediante la regeneración, o sea, volviendo a nacer. (...)  Has puesto en mi corazón la alegría. No deben buscar fuera esta alegría quienes, siendo aún pesados de corazón, aman la falsedad y buscan el engaño. Deben buscarla dentro, donde está grabada la imagen de tu rostro. Cristo habita en el hombre interior (Ef 3,17), en expresión del Apóstol. Competencia de Cristo es ver la verdad, pues fue él quien dijo: Yo soy la verdad (Jn 14,6).

Pero los hombres que van en pos de las realidades temporales -y realmente son muchos-, al no ser capaces de ver dentro de sí mismos los bienes auténticos y garantizados, no saben sino repetir: ¿Quién nos hará ver el bien?
(En. in Ps. 4, 8-9)

La Escritura es un espejo

"Pero la rectitud de Dios no agrada al malvado. ¿Quieres que te agrade quien es recto? Sé tú mismo recto. Júzgate a ti mismo; no te perdones. Castiga, corrige, enmienda lo que en ti con razón te desagrada. Sea para ti la Sagrada Escritura como un espejo. El espejo tiene un resplandor que no miente, ni adula ni ama a unas personas con exclusión de otras. Eres hermoso; hermoso te ves allí; eres feo, feo te ves allí. Pero si te acercas siendo feo, y como tal allí te ves, no acuses al espejo. Vuelve a tu interior; el espejo no te engaña; no te engañes a ti mismo. Júzgate, entristécete de tu fealdad, para que al marchar y alejarte triste, corregida la fealdad, puedas retornar hermoso"
 (Sermón 49, 5).

Alabemos a Dios de corazón

“Lo que en hebreo suena aleluya significa, en nuestra lengua, alabad a Dios. Alabemos, pues, al Señor nuestro Dios no sólo con la voz, sino también de corazón, porque quien lo alaba de corazón, lo alaba con la voz del hombre interior. La voz que dirigimos a los hombres es un sonido; la que dirigimos a Dios es el afecto". 
(Sermón 257,1)

Que esté sano el interior

"Ved amadísimos, cómo los carpinteros, cuando cortan los árboles, los examinan. Algunas veces ven que la parte superficial está como dañada y carcomida; mas el carpintero mira el corazón del árbol, y, si advierte que tiene sano el interior, asegura que ha de durar mucho en la construcción. Apenas se preocupa del exterior dañado cuando se da cuenta que está sano el interior. En el hombre no hay cosa más interior que la conciencia. Luego ¿de qué le aprovecha al hombre tener sano el exterior y corrompido el interior de la conciencia?" 
(Comentario al salmo 45, 3).

Dios es algo íntimo

“Por lo cual, quienes buscan a Dios por intermedio de las potestades rectoras del mundo o de alguna de sus partes, se distancian y son lejos de Dios arrojados, no por intervalos espaciales, sino por diversidad de afecto; se empeñan en caminar por sendas exteriores y abandonan su interior, siendo Dios algo íntimo. Y si oyen hablar y piensan en alguna potestad celeste y santa es para ambicionar su poder, admirable siempre a la flaqueza humana, no para imitar su piedad, medio para conseguir el reposo en Dios. Prefieren, en su orgullo, poder lo que puede el ángel, a ser por la piedad lo que el ángel es… La caridad no infla, y Dios es caridad; y los fieles en el amor descansarán en Él, llamados del estrépito exterior a los gozos recatados. Si Dios es caridad, ¿para qué andar corriendo desolados por las alturas de los cielos y las hondonadas de la tierra en busca de aquel que mora en nosotros, si nosotros queremos estar junto a Él?”
 (La Trinidad 8, 7, 11).