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Bautizaba en señal de penitencia

"¿Qué representa Juan? ¿A qué su aparición aquí? ¿Por qué fue enviado delante?... Si se compara a Juan con los demás hombres, él supera a todos, pues no le supera más que el Dios hombre. Juan fue enviado por delante del Señor. Era tal su excelencia, tal la gracia presente en él, que fue considerado como el Cristo... Habiendo advertido en él gracia tan grande, dado que bautizaba en señal de penitencia y preparaba el camino al Señor, cual ingeniero enviado delante, los judíos le enviaron una embajada”
 (Sermón 289, 2‑4).

Sana el ojo del corazón

"Todo nuestro esfuerzo, hermanos, en esta vida ha de consistir en sanar el ojo del corazón con que ver a Dios… Dios te hizo a ti, ¡oh hombre!, a su imagen. Dándote con qué ver el sol que Él hizo, ¿no te iba a dar con qué ver a quien te hizo, habiéndote hecho a su imagen? También te dio esto; te dio lo uno y lo otro. Pero si mucho es lo que amas estos ojos exteriores, mucho también lo que descuidas aquel interior; lo llevas cansado y herido. Si quien te fabricó quisiera mostrársete, te causaría dolor; es un tormento para tu ojo, antes de ser sanado y curado. Pues hasta en el paraíso pecó Adán y se escondió de la presencia de Dios. Mientras tenía el corazón sano por la pureza de conciencia, se gozaba con la presencia de Dios; después que, por el pecado, su ojo quedó dañado, comenzó a temer la luz divina, se refugió en las tinieblas y en la densidad del bosque, huyendo de la verdad y ansiando la oscuridad" 
(Sermón 88, 5-6).

Purifica el corazón

"Purificad vuestro corazón para que El lo ilumine y entre aquel a quien invocáis. Sé tú su casa, y El será la tuya; habite en ti, y tú habitarás en El. Si lo recibes en este mundo en tu corazón, El te recibirá en su presencia después de esta vida" 
(Comentario al Salmo 30, 2, s.3, 8).

Quita lo que te impide ver

"Lo que pasa, hermanos, al ciego colocado frente al sol, a saber: que el sol está presente a él, pero es como si lo tuviera ausente, eso mismo es lo que sucede al que está ciego en el corazón, como lo está todo necio, todo inicuo y todo impío. Presente está la Sabiduría; pero para uno que es ciego dista mucho de sus ojos; no que ella esté distante de él, sino que es él quien está lejos de ella. ¿Qué tiene, pues, que hacer este? Purificar lo que tiene poder de contemplar a Dios. A un hombre que no puede ver por la enfermedad y suciedad de sus ojos, debido al polvo, humor, y humo que en ellos ha caído, le dice el médico que haga desaparecer del ojo todo obstáculo que le impida ver la luz de sus ojos. El polvo, la pituita y el humo son los pecados y las inquietudes. Quita de tu corazón todo esto y gozarás entonces de la presencia de la Sabiduría, que es Dios"
 (Comentario a Juan 1, 19).

Arrepiéntete

¿Qué es, pues, la penitencia, sino la indignación contra sí mismo? El que se arrepiente se aíra contra sí mismo. ¿De dónde proceden los golpes de pecho cuando no se hacen con falsedad? ¿Para qué te hieres si no te arrepientes? Cuando golpeas tu pecho, te arrepientes en tu corazón para satisfacer a tu Señor" 
(Sermón 19, 2).

Imitemos su crucifixión

"Ayunemos también con la humildad de nuestras almas al acercarse el día en que el maestro de la humildad se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz. Imitemos su crucifixión traspasando las pasiones indómitas con los clavos de la continencia. Castiguemos nuestro cuerpo y reduzcámoslo a servidumbre y para que la carne indómita no nos conduzca a lo ilícito, quitémosle algo de lo lícito para dominarla. Siempre ha de evitarse la crápula y la embriaguez; pero en estos días ha de prescindirse de los banquetes lícitos... La carne te obedecerá dócilmente en no irse tras lo ajeno si está acostumbrada a dominarse en lo suyo. Estate atento a no cambiar en vez de disminuir tus placeres. Hay quienes, en lugar del vino acostumbrado, buscan licores raros, y, privándose del de la uva, se sienten compensados con los jugos más deliciosos de otras frutas; con tal que no sean carnes, se procuran con diligencia los más variados y suculentos manjares, y se entregan en este tiempo, como si fuera el más adecuado, a exquisiteces que en otra ocasión sería vergonzoso buscar. De esta forma, la observancia de la cuaresma, en lugar de ser freno a las antiguas pasiones, sirve de ocasión para nuevos deleites. Vigilad cuanto podáis, hermanos, para que estas cosas no se introduzcan, sin daros cuenta, en vuestra vida" (Sermón 207, 2).