Mostrando entradas con la etiqueta Riqueza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Riqueza. Mostrar todas las entradas

Humildad misteriosa

"Es un hecho que Cristo renuncia a la fuerza, a la manifestación fulgurante. Todo en él se hace desde una humildad misteriosa, desde un acomodamiento total a las exigencias de la naturaleza humana y a las condiciones de su pueblo. Inconsciente de lo que pasa a su alrededor, lo vemos inmóvil en un pesebre, envuelto en pañales y lloriqueando; la pobreza que manifiesta es digna de compasión. Pero si traspasamos un poco su humilde apariencia, descubriremos y contemplaremos su riqueza interior: Fue concebido en el seno virginal de una mujer, encerrado en las entrañas maternas. ¡Oh pobreza! Nace en un albergue reducido, es envuelto en pobres pañales. A continuación, el Señor del cielo y de la tierra, el Creador de los ángeles, el hacedor de las cosas visibles, mama, llora, se alimenta, crece, soporta la edad y oculta la majestad. Y por fin es apresado, despreciado, azotado, escupido, abofeteado, coronado de espinas, colgado de un madero y atravesado por una lanza. ¡Oh pobreza!"
 (Sermón 14, 9).

Allí nos enriqueció

"Ve a esta esclava casta, virgen y madre; allí tomó nuestra pobreza en donde se vistió con la forma de siervo, anonadándose a sí mismo para que no te espantes de sus riquezas, y por tanto, no te atrevieses a acercarte a Él con tu pobreza. Allí, diré, tomó la forma de siervo allí se revistió de nuestra pobreza; allí El se empobreció y allí nos enriqueció… Nacido, hablaron los cielos; los ángeles anunciaron la nueva a los pastores; la estrella condujo a los Magos a adorar al rey; Simeón,  lleno del Espíritu Santo, reconoció al Niño Dios en sus brazos"
 (Comentario al Salmo 101, s.1, 1). 

Dios es suficiente

“Llegaremos, pues, entonces y gozaremos de esa única cosa, pero ella será todo para nosotros. ¿Qué dije, hermanos, cuando comencé a hablar? ¿En qué consiste esa excelente cosa que poseeremos cuando no tengamos necesidad de nada? ¿Qué es eso que poseeremos? Me había propuesto decir lo que Dios nos dará a nosotros que no dará a los otros. Desaparezca el impío para que no vea la claridad de Dios. Así, pues, Dios nos dará su claridad para que gocemos de ella; ésta es la razón por la que desaparecerá el impío: para que no vea la claridad de Dios. Todo lo que tendremos se reducirá a Dios. Avaro, ¿qué esperabas recibir? ¿Qué pide a Dios quien no tiene suficiente con Dios?” 
(Sermón 255, 6).

Vino a traernos sus bienes

“La pasión y la resurrección del Señor nos muestran dos vidas: una, la que soportamos, y otra, la que deseamos. Quien se dignó soportar la primera en beneficio nuestro, tiene poder para otorgarnos la segunda. De esta forma nos mostró lo mucho que nos ama y quiso que confiáramos en que nos concedería sus propios bienes, puesto que quiso tener parte a nuestro lado en nuestros males… Estas dos cosas conocíamos: nacer y morir; es lo que abunda en nuestra región. Nuestra región es esta tierra; la región de los ángeles, el cielo. Nuestro Señor vino a esta región desde aquélla; vino a la región de la muerte desde la región de la vida; a la región de la fatiga, desde la región de la felicidad. Vino a traernos sus bienes y soportó pacientemente nuestros males. Traía sus bienes ocultamente y soportaba abiertamente nuestros males; se manifestaba como hombre y permanecía oculto en cuanto Dios; manifestaba su debilidad y ocultaba su majestad; se manifestaba la carne y se ocultaba la Palabra. Sufría la carne; ¿dónde estaba la Palabra cuando la carne sufría? No estaba callada la Palabra, pues nos enseñaba la paciencia. Al tercer día resucitó Cristo el Señor”
 (Sermón 229 E, 1).

¿Qué bien mejor que Dios?

"Elegido es nombre laudatorio. ¿O es que puede llamarse elegido también uno que, sin quererlo ni saberlo él, es utilizado para realizar una gran obra de bondad? Porque, así como los malos hacen mal uso de las obras buenas de Dios, así Dios, por el contrario, hace buen uso de las malas obras de los impíos ¡Qué bueno es que los miembros del cuerpo estén tan bien dispuestos como sólo el artífice Dios lo puede hacer!... Los malos usan mal de la luz, ya que, viviendo mal, utilizan la misma luz como instrumento de sus crímenes. El malo que va a hacer algún mal, quiere la luz para no tropezar, él, que ya dentro tropezó y cayó. En lo mismo que teme para su cuerpo, cayó ya su corazón. Luego de todos los bienes de Dios (recorrerlos uno por uno sería demasiado largo) usa mal el que es malo; el bueno, al contrario, usa bien de las maldades de los hombres impíos. ¿Qué bien mejor que Dios? En una ocasión dijo el mismo Señor: Nadie es bueno sino Dios. Luego, cuanto es mejor Él, tanto mejor usa de nuestras maldades"
(Comentario a Juan 27, 10).

Dios es tu todo

"Ábranse los ojos para que vean la luz; ábranse las fauces del corazón para que beban de la fuente. Lo que bebes es lo mismo que lo que ves, es lo mismo que lo que entiendes. Dios es tu todo, es todas las cosas que amas. Si miras a las cosas visibles, ni el pan es Dios, ni el agua, ni la luz esta, ni el vestido, ni la casa; todas estas cosas son visibles y distintas unas de otras; ni el pan es el agua, ni el vestido es la casa, ni nada de esto es Dios; esto es visible. Dios es tu todo: si tienes hambres, es tu pan; y si tienes sed, es tu agua; y si estás en la oscuridad, es tu luz, que permanece siempre incorruptible; y si estás desnudo, será tu vestido de inmortalidad, cuando todo lo que es corruptible se vista de incorruptibilidad y lo que es mortal se vista de inmortalidad. De Dios todo se puede decir, pero es imposible decir nada de Él dignamente. Nada tan vasto como esta pobreza. Quieres buscar un nombre que le cuadre, y no lo hallas; y quieres decir de Él cualquier cosa, y todos los nombres sirven" 
(Comentario a Juan 13, 5).

Dios te basta

"Luego, hermanos, amemos a Dios pura y castamente. No es casto el corazón que ama a Dios por la recompensa. ¿Pues qué, no hemos de recibir recompensa por el culto que damos a Dios? La recibiremos ciertamente, pero ella será el mismo Dios a quien adoramos. El será nuestra paga, porque le veremos como es. Ve qué paga has de recibir. ¿Qué dice nuestro Señor Jesucristo a sus amadores? El que ama guarda mis mandamientos, y el que me ama será amado de mi Padre y yo le amaré. ¿Pero qué le has de dar? Me mostraré yo mismo a él. Poco es si no amas; pero, si amas, si suspiras, si adoras gratis a Dios, por quien fuiste gratuitamente redimido, pues no habías merecido que te redimiese; si suspiras por Él con ardor al considerar en ti sus beneficios y se inquieta tu corazón por el deseo de Él, no busques cosa alguna fuera de Él; con Él tienes bastante. Por avaro que tú seas, Dios te basta. Efectivamente, la avaricia se esforzaba en poseer toda la tierra; añade, si quieres, el cielo; más que todo esto es el que hizo el cielo y la tierra"
(Comentario al salmo 55, 17).

Dios es el que da

"Sobre este punto hablaron harto los filósofos. Mas no se encuentra en ellos la verdadera piedad, es decir, el veraz culto de Dios, del que es menester derivar todos los oficios de una vida recta. Y no por otro motivo, a mi juicio, sino porque quisieron fabricarse a su modo una vida bienaventurada, y estimaron que esa vida había que fabricarla más bien que pedirla, y el que la otorga no es otro que Dios. Tan sólo el que hizo al hombre hace bienaventurado al hombre. Él otorga a sus criaturas, buenas y malas, tantos bienes; el ser, el ser hombres, el sentir, la energía, la fuerza y la abundancia de riquezas, y Él se dará a sí mismo a los buenos para que sean bienaventurados, pues es ya un bien suyo el que ellos sean buenos. Mas los filósofos que en esta lamentable vida, en estos moribundos miembros, bajo la carga de esta carne corruptible, se empeñaron en ser cómplices y como fundadores de su vida bienaventurada, la apetecieron y retuvieron con sus propias virtudes; no la demandaron y esperaron de aquella fuente de las virtudes, y así no pudieron sentir a Dios, que resiste su soberbia" 
(Epístola 155, 1, 2).

Dios es nuestro deleite

"Poseeremos a Dios, y con Él solo estaremos contentos; más aún, tanto deleite encontraremos en Él que ninguna otra cosa buscaremos, pues gozaremos de Él en sí mismo y en nosotros mismos recíprocamente. ¿Qué somos si no tenemos a Dios? ¿O qué otra cosa podemos amar en nosotros sino a Dios o porque lo poseemos o para poseerlo? De hecho, cuando se nos dice que careceremos de todo lo demás y que solo Dios será nuestro deleite, el alma, acostumbrada al placer múltiple, se angustia por así decir. El alma carnal, ligada a la carne y atrapada en los placeres carnales y con las alas pegadas con el visco de los malos deseos que le impide volar a Dios, reflexiona para sí: ¿Qué valor tiene eso para mí si no voy a comer ni a beber...?"
 (Sermón 255, 7).

El Padre es tu herencia

"Con la vista puesta en esta esperanza se doma el hombre. ¿Hay motivo para considerar intolerable al domador? Se le doma con la mente puesta en esta esperanza. ¿Hay motivo para murmurar contra el domador si alguna vez llega a servirse del látigo?... Tu Dios, tu redentor, tu domador, castigador y padre te corrige. ¿Con qué finalidad? Para recibir una herencia; para lo cual no es preciso en este caso enterrar al padre. Para que tengas como herencia al Padre mismo. Con esta esperanza te corrige, y ¿murmuras? Y si te acaeciere algo desagradable, ¿llegarías a blasfemar? ¿A dónde irías que te alejases de su presencia? Mira; te deja tranquilo y no te azota. Aunque te deje cuando blasfemas, ¿no le oirás cuando te juzgue? ¿No es mejor que te azote y te reciba, antes que perdonándote te abandone?" 
(Sermón 55, 5).

Somos su heredad

"¡Oh Señor, Dios mío!; para que lleguemos a ti, haznos felices con tu felicidad. No queremos la que procede del oro, ni de la plata, ni de las fincas; no queremos la que procede de estas cosas terrenas, vanísimas y pasajeras, propias de esta vida caduca. Que nuestra boca no hable vanidad. Haznos dichosos de no perderte a ti. Si te poseemos a ti, ni te perdemos, ni perecemos. Haznos dichosos con la dicha que procede de ti, porque dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Tampoco Él se aíra si llegamos a decir que Él es nuestra finca, nuestra posesión. Leemos que Dios es la parte de mi heredad. Cosa sublime, hermanos; somos su heredad y es nuestra heredad, porque nosotros le adoramos a Él y Él nos cultiva a nosotros. No significa para Él ninguna afrenta el cultivarnos, porque si nosotros le adoramos a Él como nuestro Dios, Él nos cultiva a nosotros como campo suyo. Y para que sepáis que Él nos cultiva, escuchad a aquel que nos envió: Yo soy, dijo, la vid y vosotros los sarmientos; mi padre es el agricultor. Luego nos cultiva. Si damos fruto, prepara el hórreo; si, por el contrario, quisiéramos permanecer estériles con tan experto agricultor, y en lugar de trigo produjéramos espinas... No quiero decir lo que sigue" 
(Sermón 113, 6)

Mi riqueza es vuestra vida santa

"Ayer advertí e hice ver a vuestra caridad que la resurrección de Cristo se realiza en nosotros si vivimos bien, si muere nuestra antigua vida mala y progresa a diario la buena… ¿Por qué te has dañado a ti mismo? ¿Por qué sientes que debes tratarte mal a ti mismo? Entre todos tus bienes, ninguno quieres que sea malo, a excepción de ti mismo… ¿Qué queréis? Yo cumplo con mi deber y busco el fruto en vosotros. De vosotros sólo quiero el gozo de vuestras obras, no dinero. No me hace rico quien vive bien. No obstante, viva bien y me haré rico. Mis riquezas no son otras que vuestra esperanza en Cristo. Mi gozo, mi descanso y alivio en mis dificultades y en mis pruebas no es otro que vuestra vida santa. Os suplico que, si os habéis olvidado de vosotros mismos, os compadezcáis, al menos, de mí" (Sermón 232,8).