Mostrando entradas con la etiqueta Conocimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conocimiento. Mostrar todas las entradas

El Espíritu Santo

Por eso, según nuestra capacidad, y en cuanto se nos permite ver estas cosas por espejo y en enigma, especialmente a unos hombres como nosotros, se nos presenta en el Padre el origen, en el Hijo la natividad, en el Espíritu Santo del Padre y del Hijo la comunidad, y en los tres la igualdad. Así, lo que es común al Padre y al Hijo, quisieron que estableciera la comunión entre nosotros y con ellos; por ese don nos recogen en uno, pues ambos tienen ese uno, esto es, el Espíritu Santo, Dios y don de Dios. Mediante Él nos reconciliamos con la divinidad y gozamos de ella. ¿De qué nos serviría conocer algún bien si no lo amásemos? Así como entendemos mediante la verdad, amamos mediante la caridad, para conocer más perfectamente y gozar felices de lo conocido. Y la caridad se ha difundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado
 (Sermón 71,18)

Entra la fe en el Santuario

“Ha de creerse con fe certísima que Dios no puede ser ni perverso ni malvado. De este modo, entrando con la fe en el santuario de Dios, entrando creyendo, aprendes comprendiendo. Pues así dice: Hasta que entre en el santuario de Dios, adonde entra la fe. Y después de la fe, ¿qué? Lo comprenderé en los últimos días” 
(Sermón 48, 7).

Entiende y cree

“Tú decías: «Entienda yo y creeré». Yo, en cambio, decía: «Cree para entender». Surgió la controversia; vengamos al juez, juzgue el profeta; mejor, juzgue Dios por medio del profeta. Callemos ambos. Ya se ha oído lo que decimos uno y otro. «Entienda yo, dices, y creeré». «Cree, digo yo, para entender». Responde el profeta: Si no creyereis, no entenderéis”
(Sermón 43, 7).

Sin Cristo no entiendes

"Pues todas aquellas cosas que se profetizaban y se hacían encerraban ocultas significaciones y no se divisaban con evidentes manifestaciones. Empero, cuando hubieres pasado a Cristo, dice el Apóstol, será quitado el velo. Porque cuantas son las promesas de Dios, en él ha sido el sí y el amén (es decir, en Cristo se han cumplido). El que se adhiere a Cristo posee todo el bien que no entiende en la Escritura de la ley; pero el que es ajeno a Cristo ni entiende ni posee"
(Comentario al salmo 77, 7).

Se les apareció Jesús

“¿Qué nos ofrece esta lectura a nosotros? Algo verdaderamente grande, si la comprendemos. Se les apareció Jesús. Le veían con los ojos, pero no lo reconocían. El maestro caminaba con ellos durante el camino y él mismo era el camino. Aquellos discípulos aún no iban por el camino, pues los halló fuera de él. Estando con ellos antes de la pasión, les había predicho todo: que había de sufrir la pasión, que había de morir y que al tercer día resucitaría. Todo lo había predicho, pero su muerte se lo borró de la memoria. Cuando lo vieron colgando del madero quedaron tan trastornados que se olvidaron de lo que les había enseñado; no les pasó por la mente la resurrección ni se acordaron de sus promesas. Nosotros, dicen,esperábamos que fuera a redimir a Israel. Lo esperabais, ¡oh discípulos!, ¿es que ya no lo esperáis? Ved que Cristo vive: ¿ha muerto la esperanza en vosotros? Cristo vive ciertamente. Cristo, vivo, encuentra muertos los corazones de los discípulos, a cuyos ojos se apareció. Lo veían y permanecía oculto para ellos. En efecto, si no lo veían, ¿cómo lo oían cuando preguntaba y cómo le respondían? Iba con ellos como compañero de camino y él mismo era el guía. Sin duda, lo veían, pero no lo reconocían”
 (Sermón 235, 2).

Cristo nuestra Pascua

“Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado, y mientras nosotros celebramos estas fechas pascuales, los judíos, enemigos de esta manifestación tan brillante, realizan ciertos ritos simbólicos nocturnos y siguen soñando hasta después de acabado el día. En efecto, también ellos dicen que celebran la Pascua, y, al mismo tiempo que equivocadamente van tras las sombras de la verdad, se encuentran cegados por la noche del error. Siguiendo el rito de la fiesta antigua, dan muerte cada año a un cordero, pero no conocen lo que tal cordero simbolizaba ni siquiera después que sus padres dieron muerte a Cristo. Leen lo que se dijo de él, pero no advierten su carácter de predicción; escuchan las palabras cuando se leen, pero no las ven cuando se cumple lo predicho” 
(Sermón 229 C, 1).

Orar para entender


"Hemos de advertir a los estudiosos de los Libros santos que no sólo conozcan los géneros de locuciones de la Escritura, y adviertan con cuidado de qué manera suele hablar, y lo retengan de memoria, sino también, y esto es lo principal y más necesario, que oren para que entiendan. En estos libros, a cuyo estudio se dedican, podrán leer que el Señor da la sabiduría y de su rostro procede la ciencia y el entendimiento, de quien también recibieron ese mismo deseo de saber, si es que está acompañado de piedad"
(Sobre la doctrina cristiana 3, 37, 56).

La mala inteligencia de las Escrituras


"Las herejías y dogmas de perversión, que enredan las almas y las arrojan al abismo, no se originan sino de la mala inteligencia de las buenas Escrituras y de que lo que se ha entendido mal se afirme con temeridad y audacia. Y así, carísimos, hemos de oír con mucha prudencia y con un corazón piadoso y lleno de temor santo, como lo recuerda la Escritura, todo lo que, como párvulos, todavía no podemos alcanzar. Hay que guardar, pues, estas reglas de salvación, a saber: aquello que, según la fe en la que se nos imbuyó, se haya podido alcanzar, saboréese con la misma satisfacción que un manjar; y de aquello otro que, según la sana regla de la fe, no se haya podido entender todavía, destiérrese toda duda y difiérase su inteligencia; esto es, aunque haya algo que no se entienda, no se dude, sin embargo, de que ello es verdadero y bueno"
(Comentario a Juan 18,1).

El conocimiento de Dios


¿Qué ser humano podría conocer todos los tesoros de sabiduría y de ciencia ocultos en Cristo y escondidos en la pobreza de su carne? Porque, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza. Pues cuando asumió la condición mortal y experimentó la muerte, se mostró pobre: pero prometió riquezas para más adelante, y no perdió las que le habían quitado.
¡Qué inmensidad la de su dulzura, que escondió para los que lo temen, y llevó a cabo para los que esperan en él!
Nuestros conocimientos son ahora parciales, hasta que se cumpla lo que es perfecto. Y para que nos hagamos capaces de alcanzarlo, él, que era igual al Padre en la forma de Dios, se hizo semejante a nosotros en la forma de siervo, para reformarnos a semejanza de Dios: y, convertido en hijo del hombre -él, que era único Hijo de Dios-, convirtió a muchos hijos de los hombres en hijos de Dios; y, habiendo alimentado a aquellos siervos con su forma visible de siervo, los hizo libres para que contemplasen la forma de Dios.
(Serm. 194,3)