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La fe termina en la Visión

“Ved que, cuando hayamos llegado, dejará de existir la fe y la esperanza. Y ¿qué pasará con el amor? La fe aboca en la visión; la esperanza, en la realidad. Allí existirá ya la visión y la realidad, no ya la fe o la esperanza. Y el amor, ¿qué? ¿Acaso puede desaparecer también él? Si ya se inflamaba ante lo que no se veía, cuando lo vea, sin duda, se inflamará más. Con razón, pues, se dijo: Pero el amor es la mayor de todas, porque a la fe le sucede la visión; a la esperanza, la realidad; pero al amor nada le sigue: el amor crece, el amor aumenta, y alcanza su perfección mediante la contemplación” 
(Sermón 359 A, 4).

Contemplación

“Esta contemplación se nos promete como término de nuestros trabajos y plenitud eterna de nuestro gozo... 
Cuando lleguemos a dicha contemplación, no anhelaremos otra cosa… Este gozo apagará nuestros deseos. 

Se nos mostrará al Padre, y esto basta. 
Bien lo entendía Felipe cuando dijo al Señor: Muéstranos al Padre y nos basta. Entonces aún no comprendía que podía decir también: Señor, muéstranos a ti mismo y nos basta. 
Con el fin de abrir a la verdad su entendimiento, respondió el Señor: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros y no me habéis conocido? Felipe, el que me ha visto a mí, vio al Padre. 
Mas como deseaba el Señor que Felipe lo viese por fe antes de contemplarle por visión, prosiguió diciendo: ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? 

Mientras vivimos en el cuerpo, peregrinamos ausentes del Señor, pues caminamos por fe y no por visión” 
                                                   (La Trinidad 1, 8, 17).