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No abandones la Palabra

"Tú tienes tu alimento, y el dragón el suyo. Si vives bien, tendrás por alimento a Cristo; pero, si te apartas de Cristo, serás alimento del dragón. Todos esperan de ti, Señor, que les des el alimento a su debido tiempo. ¿Qué se dijo al dragón? Comerás la tierra. Al dragón se le dijo: Comerás la tierra todos los días de tu vida. Oíste cuál es el alimento del dragón.¿No quieres que Dios te entregue para ser comido por el dragón? No seas alimento del dragón, es decir, no abandones la Palabra de Dios" 
(Comentario al salmo 103, IV, 11).

Nuestra alegría sea su Palabra

"Los aquí reunidos comamos de los manjares divinos, y nuestra alegría sea su palabra. Nos convida con su Evangelio. El es nuestro manjar, más dulce que ninguno, pero con tal de que se tenga sano el paladar del corazón" 
(Comentario a Juan 7, 2).

Venid, comed bien, digeridlo mejor


"Es alimento que fortalece y no escasea; un alimento que no se acaba con la consumición; un alimento que sacia a los hambrientos y queda íntegro. Cuando vayáis de aquí a vuestras mesas no comeréis otro igual. Puesto que habéis venido a este banquete, comedio bien; y cuando os hayáis marchado, digeridlo mejor. Come bien y digiere mal quien oye la palabra de Dios y no la pone en práctica. No hace llegar a su cuerpo el jugo conveniente, sino que por la indigestión eructa una cruda molestia"
(Sermón 28, 2).

Nos sostiene el rocío de la Palabra

“Luego en este mundo no debemos desear la hartura. Aquí ha de sentirse la necesidad; allí seremos saciados. Pero ahora, para no desfallecer en el desierto, nos sostiene el rocío de la palabra de Dios y no permite que nos sequemos por completo a fin de que no tengamos nueva aspiración de lo nuestro, sino que de tal modo sintamos sed, que bebamos. Mas para beber, ahora somos rociados por alguna gracia suya; sin embargo, sentimos sed"
 (Comentarios a los Salmos 62, 3).

El pan cotidiano

"Existe otro pan cotidiano: el que piden los hijos. Es la palabra de Dios que se nos ofrece día a día. Nuestro pan es cotidiano: con él viven las mentes, no los vientres. Es necesariotambién para nosotros, que trabajamos ahora en la viña; es alimento, no recompensa. Dos cosas debe al jornalero quien le arrienda para trabajar en la viña: el alimento para que no decaiga, y la recompensa de que se alegre.Nuestro alimento cotidiano en esta tierra es la palabra de Dios que se distribuye siempre a las iglesias; nuestra recompensa, posterior al trabajo, se llama vida eterna"
 (Sermón 56, 10).

Lo que dice nos nutre

"En el examinar y comentar, amadísimos hermanos, el significado de la Sagrada Escritura debe guiarnos su evidentísima autoridad, de manera que, partiendo de lo que dice claramente para nutrirnos, se descubra con fidelidad lo que se dijo envuelto en oscuridad para ejercitarnos. ¿Quién hay que se atreva a exponer los misterios divinos de forma distinta a como pregonó y prescribió el corazón y la boca del Apóstol?"
 (Sermón 363, 1).

Nos apacienta

"En toda la abundancia de las Sagradas Escrituras se nos apacienta con las cosas claras y se nos intriga con las oscuras. En un caso se nos quita el hambre y en otro el fastidio" 
(Sermón 71, 11).

Los autores de las Escrituras

"Constituyó como montes de Israel a los autores de las Escrituras divinas. Apacentaos allí para hacerlo con seguridad. Cuanto oigáis que procede de allí deleite vuestro gusto; rechazad cuanto es extraño. No os extraviéis en la niebla, oíd la voz del pastor. Reuníos en los montes de la Sagrada Escritura. Allí se encuentran las delicias de vuestro corazón; nada hay venenoso, nada extraño; hay pastos ubérrimos. Vosotras venid sanas, apacentaos sanas en los montes de Israel"
 (Sermón 46, 24).

La medicina de las Escrituras

"Toda enfermedad del alma tiene en la Sagrada Escritura su propia medicina. El que enferma de tal modo que dice estas cosas en su corazón, beba el medicamento de este salmo. ¿Cuál es esta enfermedad? Oigamos de nuevo aquello que decías. ¿Me preguntas que decía? Lo que ves. Campean los malos; sufren los buenos. ¿Cómo es que Dios tolera estas cosas? Toma, bebe; aquel de quien murmuras te prepara esta bebida; no rehúses tan saludable bebida, adapta la boca de tu corazón mediante el oído y bebe lo que oyes:No emules a los malvados ni los sigas, cometiendo iniquidad. Porque, como heno, pronto se secarán, y como hierba del prado, luego perecerán"
 (Comentarios a los Salmos 36, 1, 3).

Saborea las Escrituras

"Como no deben permanecer siempre ásperos y como sin condimento estos alimentos, por eso hablamos en la Iglesia de Dios, en nombre de Cristo, a los alimentados y a los que lo deben ser, pues no deben los cristianos abstenerse de saborear este alimento de las Santas Escrituras, de las cuales el mundo se halla apartado. Si las cosas que con frecuencia oísteis las rumiasteis con gozo en el paladar del pensamiento y no las echasteis por olvido como en saco roto, vuestro mismo recuerdo y la memoria nos podrá ayudar sobremanera para no hablar largamente, como a incultos, al exponer las cosas que sabemos conocéis. Recuerdo que habéis oído muchas veces lo que ahora os repito: que apenas encontraréis un salmo que no hable de Cristo y la Iglesia, o Cristo solo, o la Iglesia sola, la cual en parte somos también nosotros" 
(Comentarios a los Salmos 59,1).

Nos alimenta con las Escrituras

"Somos obreros que estamos trabajando todavía en la viña; cuando se acabe el día, cuando se acabe el trabajo, se recibirá la recompensa. Pero ¿qué obrero hay que resista en el trabajo hasta recibir la merced si no se alimenta durante el trabajo? Tú no das al obrero sólo la retribución; ¿no le das también el alimento necesario para reparar sus fuerzas? Alimentas, sin duda, al que has de dar la retribución de su trabajo. Por eso el Señor nos alimenta a nosotros, que estamos trabajando, con estos signos de las Escrituras Santas. Si se nos sustrae esta alegría de la inteligencia de estos signos sacramentales, desfallecemos en el trabajo y no habrá quien pueda llegar a la recompensa"
(Comentario a Juan 17, 5).

Nos alimenta con la Palabra

“Comenzad a realizar en el espíritu, viviendo santamente, lo que Cristo nos manifestó mediante la resurrección de su cuerpo. Pero no lo esperéis ahora; es decir, no esperéis ahora la realidad misma, la verdad, la incorrupción de la carne; es el salario de la fe, y el salario se otorga una vez acabada la jornada… Si él no me alimentase, yo no estaría hablando; como nos alimenta con la palabra, esto mismo hacemos quienes le predicamos no a vuestros vientres, sino a vuestras mentes. Hambrientos lo recibís y banqueteando prorrumpís en alabanzas; si es que no ha llegado ningún alimento a vuestras mentes, ¿por qué aclamáis? Pero ¿qué somos nosotros? Somos sus ministros, sus siervos; lo que os dispensamos a vosotros, no lo sacamos de nuestra cosecha, sino de su despensa. De ella vivimos también nosotros, puesto que somos consiervos vuestros… Con este fin te llama a trabajar como obrero. La Palabra se hizo carne. Ella misma te llama; la Palabra será tu alabanza, y el Señor, tu salario” 
(Sermón 229 E, 1).

El alimento de la Palabra


"No ignoro que vuestros corazones se alimentan a diario con las exhortaciones de las lecturas divinas y con el alimento de la palabra de Dios. Mas, en atención al deseo de amor con el que nos inflamamos mutuamente, voy a decir algo a vuestra caridad. ¿De qué puedo hablaros sino del amor? Es tal el amor, que, si alguien quiere hablar de él, no ha de buscar una lectura adecuada para ello, pues cualquier página, ábrase donde se abra, no dice otra cosa. Testigo de ello es el mismo Señor y el mismo Evangelio nos lo muestra; pues, cuando le preguntaron cuáles eran los mandamientos mayores de la ley, respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu  corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amarás al prójimo como a ti mismo. Y para que no buscases más en las sagradas páginas, añadió y dijo: De estos dos mandamientos pende toda la ley y los profetas. Sí toda la ley y los profetas penden de estos dos mandamientos, ¡cuánto más el Evangelio! El amor, en efecto, renueva al hombre, pues como la concupiscencia hace al hombre viejo, así el amor lo hace nuevo… Que el amor pertenece al hombre nuevo, lo indica el Señor de la siguiente manera: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Así, pues, si la ley y los profetas penden del amor, a pesar de que en la ley y los profetas parece confiársenos el Antiguo Testamento, ¡cuánto más el Evangelio, llamado clarísimamente Testamento Nuevo, no pertenecerá sino al amor, siendo así que el Señor no presentó como mandamiento suyo otro que el amor mutuo! No sólo llamó nuevo al mandamiento mismo, sino que también vino para renovarnos a nosotros, nos hizo hombres nuevos y nos prometió una herencia nueva y además eterna”
(Sermón 350 A, 1).

La Palabra de Dios es Pan


"Pan es también la palabra de Dios que cada día se nos predica. No deja de ser pan por el hecho de que no lo sea para el vientre. Una vez pasada esta vida, no buscaremos el pan que busca quien tiene hambre, ni recibiremos tampoco el sacramento del altar, porque allí estaremos con Cristo, cuyo cuerpo recibimos; ni tampoco se nos dirán estas palabras que yo estoy diciéndoos, ni se leerá el códice cuando veamos a la misma Palabra, al Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, de quien se alimentan los ángeles, por quien son iluminados. El hace sabios a los ángeles, quienes no buscan palabras que solo expresan sus significados mediante rodeos, sino que beben la única Palabra, el único Verbo, del cual una vez llenos, rompen en alabanzas, en alabanzas que no cesarán"
 (Sermón 59,6).