- ¿Todos queremos ser felices?
Apenas había dicho esto, todos lo aprobaron unánimemente.
-¿Y os parece bienaventurado el que no tiene lo que desea?
-No -dijeron todos.
-¿Y será feliz el que posee todo cuanto quiere?
Entonces la madre respondió:
-Si desea bienes y los tiene, sí; pero si desea males, aunque los alcance, es un desgraciado.
Sonriendo y satisfecho, le dije:
-Madre, has conquistado el castillo mismo de la filosofía Te han faltado las palabras para expresarte como Cicerón en el libro titulado Hortensius, compuesto para defensa y panegírico de la filosofía: He aquí que todos, no filósofos precisamente, pero sí dispuestos para discutir, dicen que son felices los que viven como quieren. ¡Profundo error! Porque desear lo que no conviene es el colmo de la desventura. No lo es tanto no conseguir lo que deseas como conseguir lo que no te conviene. Porque mayores males acarrea la perversidad de la voluntad que bienes la fortuna.
Sobre la vida feliz, II, 10
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Alcanzar lo que deseas
Humildad misteriosa
"Es un hecho que Cristo renuncia a la fuerza, a la manifestación fulgurante. Todo en él se hace desde una humildad misteriosa, desde un acomodamiento total a las exigencias de la naturaleza humana y a las condiciones de su pueblo. Inconsciente de lo que pasa a su alrededor, lo vemos inmóvil en un pesebre, envuelto en pañales y lloriqueando; la pobreza que manifiesta es digna de compasión. Pero si traspasamos un poco su humilde apariencia, descubriremos y contemplaremos su riqueza interior: Fue concebido en el seno virginal de una mujer, encerrado en las entrañas maternas. ¡Oh pobreza! Nace en un albergue reducido, es envuelto en pobres pañales. A continuación, el Señor del cielo y de la tierra, el Creador de los ángeles, el hacedor de las cosas visibles, mama, llora, se alimenta, crece, soporta la edad y oculta la majestad. Y por fin es apresado, despreciado, azotado, escupido, abofeteado, coronado de espinas, colgado de un madero y atravesado por una lanza. ¡Oh pobreza!"
(Sermón 14, 9).
Allí nos enriqueció
"Ve a esta esclava casta, virgen y madre; allí tomó nuestra pobreza en donde se vistió con la forma de siervo, anonadándose a sí mismo para que no te espantes de sus riquezas, y por tanto, no te atrevieses a acercarte a Él con tu pobreza. Allí, diré, tomó la forma de siervo allí se revistió de nuestra pobreza; allí El se empobreció y allí nos enriqueció… Nacido, hablaron los cielos; los ángeles anunciaron la nueva a los pastores; la estrella condujo a los Magos a adorar al rey; Simeón, lleno del Espíritu Santo, reconoció al Niño Dios en sus brazos"
(Comentario al Salmo 101, s.1, 1).
La Palabra escuchada con Fe
“Habiéndoseles prometido el perdón y la impunidad, creyeron, y, vendiendo cuanto poseían, pusieron el precio de la venta de sus cosas a los pies de los apóstoles, tanto más aterrados cuanto más buenos. Un temor mayor apagó en ellos la sed de placeres. Esto lo hicieron quienes dieron muerte al Señor. Lo hicieron y siguen haciéndolo muchos otros después. Lo sabemos; tenemos los ejemplos ante los ojos; son muchos los que nos producen consuelo y satisfacción, puesto que la palabra de Dios no queda infecunda en quienes la escuchan con fe”
(Sermón 301 A, 4).
Devuélvete a mí
"Claramente nos muestras cuán grande hiciste la criatura racional, para cuyo descanso feliz nada es bastante que sea menos que tú, por lo cual ni aun ella misma se basta a sí... Dáteme a mí, Dios mío, y devuélvete a mí. He aquí que te amo, y si aún es poco, que yo te ame con más fuerza. No puedo medir a ciencia cierta cuánto me falta del amor para que sea bastante, a fin de que mi vida corra entre tus abrazos y no me aparte hasta que sea escondida en lo escondido de tu rostro. Esto sólo sé: que me va mal lejos de ti, no solamente fuera de mí, sino aun en mí mismo; y que toda abundancia mía que no es mi Dios, es indigencia"
(Confesiones 13, 8, 9).
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Dios es tu todo
"Ábranse los ojos para que vean la luz; ábranse las fauces del corazón para que beban de la fuente. Lo que bebes es lo mismo que lo que ves, es lo mismo que lo que entiendes. Dios es tu todo, es todas las cosas que amas. Si miras a las cosas visibles, ni el pan es Dios, ni el agua, ni la luz esta, ni el vestido, ni la casa; todas estas cosas son visibles y distintas unas de otras; ni el pan es el agua, ni el vestido es la casa, ni nada de esto es Dios; esto es visible. Dios es tu todo: si tienes hambres, es tu pan; y si tienes sed, es tu agua; y si estás en la oscuridad, es tu luz, que permanece siempre incorruptible; y si estás desnudo, será tu vestido de inmortalidad, cuando todo lo que es corruptible se vista de incorruptibilidad y lo que es mortal se vista de inmortalidad. De Dios todo se puede decir, pero es imposible decir nada de Él dignamente. Nada tan vasto como esta pobreza. Quieres buscar un nombre que le cuadre, y no lo hallas; y quieres decir de Él cualquier cosa, y todos los nombres sirven"
(Comentario a Juan 13, 5).
Mi riqueza es vuestra vida santa
"Ayer advertí e hice ver a vuestra caridad que la resurrección de Cristo se realiza en nosotros si vivimos bien, si muere nuestra antigua vida mala y progresa a diario la buena… ¿Por qué te has dañado a ti mismo? ¿Por qué sientes que debes tratarte mal a ti mismo? Entre todos tus bienes, ninguno quieres que sea malo, a excepción de ti mismo… ¿Qué queréis? Yo cumplo con mi deber y busco el fruto en vosotros. De vosotros sólo quiero el gozo de vuestras obras, no dinero. No me hace rico quien vive bien. No obstante, viva bien y me haré rico. Mis riquezas no son otras que vuestra esperanza en Cristo. Mi gozo, mi descanso y alivio en mis dificultades y en mis pruebas no es otro que vuestra vida santa. Os suplico que, si os habéis olvidado de vosotros mismos, os compadezcáis, al menos, de mí" (Sermón 232,8).
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