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Beber de su evangelio

"Porque no solamente Pedro ata y desata los pecados, sino la Iglesia entera; como tampoco solamente Juan bebió en las fuentes del divino pecho que en el principio el Verbo Dios estaba en Dios y todas las otras cosas sublimes acerca de la divinidad de Cristo y de la Unidad y Trinidad de la divinidad, que en aquel reino se han de contemplar cara a cara, mas ahora, hasta que el Señor venga, son vistas como en un espejo y en figura, cosas que El dejaría escapar en su predicación. Mas el Señor mismo difundió por todo el mundo su Evangelio para que todos, cada uno según su capacidad, bebiesen de él" 
(Comentario a Juan 124, 7).

Sermón 211 A - El sentido de la cuaresma.

En su pasión, nuestro Señor Jesucristo pone ante nuestros ojos las fatigas y dolores del mundo presente; en su resurrección, la vida eterna y feliz del mundo futuro. Toleremos lo presente y esperemos lo futuro. Por eso, en estas fechas nos encontramos en los días que significan las fatigas del siglo presente —la mortificación de nuestras almas con el ayuno y las prácticas cuaresmales—; en las fechas próximas, en cambio, significamos los días del siglo futuro, al que aún no hemos llegado. He dicho «significamos», no «tenemos». Por tanto, hasta el día de la pasión estamos en tiempo de contrición; después de la resurrección, en tiempo de alabanza. Así, pues, en aquella vida, en el reino de Dios, nuestra ocupación será ésta: ver, amar, alabar.

Somos su heredad

"¡Oh Señor, Dios mío!; para que lleguemos a ti, haznos felices con tu felicidad. No queremos la que procede del oro, ni de la plata, ni de las fincas; no queremos la que procede de estas cosas terrenas, vanísimas y pasajeras, propias de esta vida caduca. Que nuestra boca no hable vanidad. Haznos dichosos de no perderte a ti. Si te poseemos a ti, ni te perdemos, ni perecemos. Haznos dichosos con la dicha que procede de ti, porque dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Tampoco Él se aíra si llegamos a decir que Él es nuestra finca, nuestra posesión. Leemos que Dios es la parte de mi heredad. Cosa sublime, hermanos; somos su heredad y es nuestra heredad, porque nosotros le adoramos a Él y Él nos cultiva a nosotros. No significa para Él ninguna afrenta el cultivarnos, porque si nosotros le adoramos a Él como nuestro Dios, Él nos cultiva a nosotros como campo suyo. Y para que sepáis que Él nos cultiva, escuchad a aquel que nos envió: Yo soy, dijo, la vid y vosotros los sarmientos; mi padre es el agricultor. Luego nos cultiva. Si damos fruto, prepara el hórreo; si, por el contrario, quisiéramos permanecer estériles con tan experto agricultor, y en lugar de trigo produjéramos espinas... No quiero decir lo que sigue" 
(Sermón 113, 6)

Vivamos para Dios


"Cristo sufrió la pasión;muramos al pecado; 
Cristo resucitó;vivamos para Dios; 
Cristo pasó de este mundo al Padre: no se apegue aquí nuestro corazón,antes bien sígale al cielo; 
nuestra cabeza pendió del madero: crucifiquemos la concupiscencia de la carne; 
yació en el sepulcro: sepultados con él, olvidemos el pasado;
está sentado en el cielo; transfiramos nuestros deseos a las cosas sublimes; 
ha de venir como juez: no llevemos el mismo yugo que los infieles;
ha de resucitar también los cadáveres de los muertos: merezcamos la transformación del cuerpo transformando la mente; 
pondrá a los malos a su izquierda y a los buenos a su derecha: elijamos nuestro lugar con las obras; 
su reino no tendrá fin: no temamos en absoluto el fin de esta vida"
                                 (Sermón 229D, 1).