El número cuarenta
"Luego, ya en la ley, ya en los Profetas, ya en el Evangelio, el número cuarenta se nos recomienda en el ayuno. El grande y general ayuno consiste en abstenerse de las iniquidades y placeres ilícitos; este es el ayuno perfecto... Nosotros observamos en este mundo como unos cuarenta días de abstinencia cuando vivimos bien, cuando nos abstenemos de las iniquidades y de los placeres ilícitos; y porque esta abstinencia no será sin recompensa, esperamos aquella bienaventurada esperanza y la revelación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (Comentario al Evangelio de Juan 17, 4).
Humildes de corazón
"La repetición anual de la solemnidad equivale a una repetición de lo que Cristo el Señor sufrió por nosotros en su única muerte. Lo que tuvo lugar una sola vez en la historia para la renovación de nuestra vida, se celebra todos los años para perpetuar su memoria. Por tanto, si debemos ser humildes de corazón y estar llenos del afecto de la verdadera piedad durante toda nuestra peregrinación que transcurre en medio de tentaciones, ¡cuánto más en estos días, en que no sólo se vive, sino que también se simboliza en la celebración este tiempo de nuestra humillación! La humildad de Cristo nos enseña a ser humildes, porque Él al morir cedió ante los impíos; su excelsitud nos hace excelsos, porque Él al resucitar precedió a los justos" (Sermón 206, 1).
Vive siempre así
"Vive siempre así, ¡oh cristiano!, en este mundo. Si no quieres hundir tus pasos en el fondo de la tierra, no desciendas de esta cruz. Mas si esto ha de hacerse durante toda la vida, ¡con cuánto mayor motivo en estos días de cuaresma, en los que no sólo se vive, sino que se simboliza esta vida!" (Sermón 205, 1).
Obrar rectamente
"Pienso que está suficientemente expuesto tan gran misterio. Pero sabéis bien que corre por nuestra cuenta el obrar rectamente durante el tiempo del número cuarenta para poder alabar a Dios en el 50. Por esta razón celebramos los cuarenta días anteriores a la vigilia pascual entregados a la penitencia, al ayuno y a la abstinencia: esos días simbolizan el tiempo presente" (Sermón 252, 12).
Simboliza la vida laboriosa
"En ella está simbolizada esta vida laboriosa, que tiene necesidad de continencia para mantenerse ayuna de la amistad del mundo; esa amistad halaga falazmente y no cesa de esparcir y ostentar en derredor los humos de sus incentivos. Yo pienso que esta vida está simbolizada en el número cuarenta, porque me parece que en él se expresa lo mismo que en el diez; son símbolos de la perfección de nuestra bienaventuranza" (Epístola 55, 28).
Creador y creatura
"Cuando hayan pasado estos tiempos, veremos la sabiduría tal cual es, que nos recompensará con el número diez. El número siete indica la criatura, puesto que Dios estuvo activo durante seis días y el séptimo descanso de sus obras. El número tres, en cambio, hace referencia al Padre creador, al Hijo y al Espíritu Santo. La perfecta sabiduría consiste en subordinar piadosamente la criatura al creador, en distinguir al creador de la criatura, al artífice de sus obras. Confundir a las obras con el artífice significa no haber comprendido ni la obra ni al artífice; quien, en cambio los distingue está lleno de sabiduría. Mas cuando la sabiduría se otorga en el tiempo, como el número cuatro es símbolo de lo temporal, multiplicado por diez, da cuarenta" (Sermón 252, 10).
Pensar en el alma
"Ha llegado el tiempo solemne de exhortar a vuestra caridad a pensar más seriamente en el alma y a mortificar el cuerpo. Estos cuarenta días son sagrados para todo el orbe de la tierra, que al acercarse la Pascua celebra con devoción, digna de ser pregonada en el mundo entero, que Dios reconcilia consigo en Cristo" (Sermón 209, 1).
Cuaresma
"Un año más ha vuelto la cuaresma, tiempo en que es mi obligación dirigiros una exhortación, porque tenéis el deber de ofrecer a Dios obras que vayan de acuerdo con estos días del calendario; obras que, sin embargo, sólo pueden seros útiles a vosotros, no a Él. También en las restantes épocas del año debe entregarse el cristiano con ardor a la oración, el ayuno y a la limosna; pero esta solemnidad debe estimular incluso a quienes de ordinario son perezosos al respecto; y aquellos que ya se aplican con esmero a tales ocupaciones deben realizarlas ahora con mayor intensidad" (Sermón 206, 1).
Padres e hijos
"Únicamente no deben obedecer los hijos a los padres cuando los padres mandan a sus hijos algo contra lo ordenado por el Señor Dios. Y no deben airarse los padres cuando se les pospone a Dios. Pero, cuando los padres ordenan algo que no va contra Dios. deben ser oídos como si fuese Dios el que ordena, puesto que Dios mandó obedecer a los padres" (Comentario al salmo 70, 1, 1).
Camina en la concordia
"Cuando haya pasado esta guerra y toda la concupiscencia se haya conmutado en caridad, nada quedará en el cuerpo que resista al espíritu, nada que domar, nada que frenar, nada que pisotear, sino que todo caminará hacia la justicia por el camino de la concordia; es decir, se hará la voluntad de Dios en la tierra" (Sermón 56, 8).
Él fue obediente
"Adán, cuya desobediencia hizo pecadores a muchos, no juzgó según lo que oyó, porque desobedeció lo que había oído, y por sí mismo hizo el mal que hizo, por no haber hecho la voluntad de Dios, sino la suya. Este, en cambio, por cuya sola obediencia muchos son justificados, no sólo fue obediente hasta la muerte de cruz, con la cual, siendo vivo, fue juzgado por los muertos, sino que promete ser obediente hasta en el mismo juicio con que ha de juzgar a vivos y muertos" (Comentario a Juan 99, 1).
Ser mansos
"Quienes no ofrecen resistencia a la voluntad de Dios, estos son los mansos. ¿Quiénes son los mansos? Aquellos que cuando les va bien alaban a Dios y cuando les va mal no le blasfeman; glorifican a Dios por sus buenas obras y se acusan a sí mismos por sus pecados" (Sermón 53 A, 7).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)