“Era nuestra intención adiestrar al lector en la contemplación de las criaturas, con el fin de que pudiera conocer a su Hacedor; y en nuestra búsqueda llegamos hasta la imagen de Dios, que es el hombre, en lo que tiene de más noble sobre los animales, es decir, su razón o inteligencia y cuanto pueda enunciarse del alma racional e intelectiva, siempre que pertenezca a esa realidad que llamamos mente o ánimo” (La Trinidad 15, 1, 1).
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