La Palabra está en todo

"Si esto sucede así con la palabra que suena, ¿qué no sucederá con la Palabra todopoderosa? Así como esta nuestra voz se hace presente totalmente en los oídos de cada uno de los oyentes, y no son tantas mis palabras cuantos son vuestros oídos, sino que una sola palabra llena muchos oídos, sin dividirse, siendo íntegra para todos, pensad lo mismo de la Palabra de Dios, que está toda en el cielo, toda en la tierra, toda entre los ángeles, toda junto al Padre, toda en seno de la Virgen, toda en la eternidad, toda en la carne, toda en los infiernos cuando fue a visitarlos, toda en el paraíso a donde llevó al ladrón. Todo esto lo he dicho acerca del sonido" 
(Sermón 28, 4).

El fin de la Escritura es el Amor

"El compendio de todo lo expuesto desde que comenzamos a tratar de los objetos o cosas, es entender que la esencia y el fin de toda la divina Escritura es el amor de la Cosa que hemos de gozar y de la cosa que con nosotros puede gozar de Ella, pues para que cada uno se ame a sí mismo no hubo necesidad de precepto. Para que conociésemos esto y lo ejecutásemos se hizo por la divina Providencia para nuestra salud eterna toda la dispensación temporal de la cual debemos usar no con cierto gozo y amor permanente y final en ella, sino más bien pasajero, es decir, que la amemos como amamos la vía, el vehículo u otra clase de medios, si puede expresarse con palabras más propias; de modo que amemos las cosas que nos llevan al último fin por aquel último fin a donde nos llevan"
 (Sobre la doctrina cristiana 1, 35, 39).

Ignoro mucho de la Escritura

"Me extraña que no sepas que ignoro muchas cosas, no sólo en otras disciplinas, sino en las mismas santas Escrituras; en ellas es mucho más lo que ignoro que lo que sé. Pero creo que no es estéril la esperanza que pongo en el nombre de Cristo, porque no sólo he creído a mi Dios, que me enseña que en los dos preceptos se encierran la Ley y los Profetas, sino que lo he experimentado y lo experimento cada día: siempre que descubro algún sacramento o alguna palabra muy oscura de las sagradas letras, hallo los mismos preceptos: El fin del precepto es la caridad del corazón puro, de la conciencia buena y de la fe no fingida. Y también: la plenitud de la ley es la caridad"
 (Carta 55, 21, 38).

La Escritura es Santa

"La Escritura es santa, es veraz, es irreprensible. Toda Escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para argüir: útil para la exhortación, para la doctrina. De nada hay que acusar a la Escritura si, tal vez nosotros, no habiéndola entendido, nos desviamos en algo. Cuando la comprendemos, somos rectos; cuando, no entendiéndola, somos malos, es porque la abandonamos a ella, que es recta. Aunque nosotros nos corrompamos, no la corrompemos a ella, que se mantiene recta, para que volvamos a ella para ser corregidos. Con el fin de ejercitarnos a nosotros, la misma Escritura habla en muchos lugares como carnalmente, aunque la ley es siempre espiritual... Aunque ella es espiritual, con frecuencia, no obstante, con los carnales camina casi carnalmente. Pero no quiere que permanezcamos carnales, como la madre que gusta de nutrir a su pequeño, pero no desea que permanezca pequeño. Lo lleva en su seno, lo atiende con sus manos, lo consuela con sus caricias, lo alimenta con su leche. Todo esto hace al pequeño, pero desea que crezca, para no tener que hacer siempre tales cosas"
 (Sermón 23, 3).

Allá no necesitarás las Escrituras

"En presencia de aquel día, no habrá necesidad de lámparas, ni se nos leerán los profetas, ni se abrirán las epístolas del Apóstol, ni iremos en busca del testimonio de Juan, ni necesitaremos siquiera del Evangelio mismo. Desaparecerán, pues, todas las Escrituras, que, como lámparas, estaban encendidas en la noche de este siglo con el fin de no dejarnos en tinieblas. Una vez desaparecidas todas esta lámparas, para que nadie crea que nos son necesarias para alumbrarnos, y que los hombres mismos de Dios que nos suministraron estas lámparas vean en nuestra compañía aquella verdadera y clara luz; retirados, digo, ya como inútiles, todos estos adminículos, ¿qué es lo que veremos? ¿Qué será lo que apaciente nuestra inteligencia? ¿Qué será lo que alegre nuestra vista? ¿Cuál será el principio de la alegría aquella que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni ha experimentado jamás corazón humano alguno? ¿Qué será lo que veremos? Os pido que améis conmigo y que corráis en la misma fe que yo. Deseemos y suspiremos por la patria del cielo y que nos creamos peregrinos aquí abajo. ¿Qué será lo que entonces veremos? Que lo diga ahora mismo el Evangelio: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.Vendrás a la fuente de donde se esparció sobre ti aquel rocío" 
(Comentario a Juan 35, 9).

Nos dio las Escrituras

"Bendito sea Dios, que nos dio las Escrituras santas. No cerréis los ojos al resplandor de esta luz. El resplandor se engendra de la luz, y, con todo eso, el resplandor es coeterno a quien lo engendra. Siempre existió la Luz y siempre su resplandor. Ella engendró su Resplandor, pero ¿acaso estuvo alguna vez sin su Resplandor? Séale permitido a Dios engendrar desde la eternidad. Os ruego paréis mientes en aquel de quien hablamos. Oíd, reflexionad, creed y comprended: hablamos del mismo Dios"
 (Sermón 118, 2).

La Palabra es lámpara

"Entre tanto no falte en esta noche la lámpara. Y esto es quizá lo que hacemos ahora, pues, al exponer estas palabras de la Escritura, presentamos la lámpara para que nos alumbre en esta noche; la cual debe estar siempre encendida en vuestras moradas. Pues se dice a los tales: No apaguéis vuestro espíritu. Y como explicando a quién se refiere, prosigue: no despreciéis la profecía, es decir, luzca siempre en vosotros la lámpara. Con todo, esta luz es noche sin duda en comparación de cierto día inefable" 
(Comentarios a los Salmos 76, 4).

Beber de su evangelio

"Porque no solamente Pedro ata y desata los pecados, sino la Iglesia entera; como tampoco solamente Juan bebió en las fuentes del divino pecho que en el principio el Verbo Dios estaba en Dios y todas las otras cosas sublimes acerca de la divinidad de Cristo y de la Unidad y Trinidad de la divinidad, que en aquel reino se han de contemplar cara a cara, mas ahora, hasta que el Señor venga, son vistas como en un espejo y en figura, cosas que El dejaría escapar en su predicación. Mas el Señor mismo difundió por todo el mundo su Evangelio para que todos, cada uno según su capacidad, bebiesen de él" 
(Comentario a Juan 124, 7).

Nos sostiene el rocío de la Palabra

“Luego en este mundo no debemos desear la hartura. Aquí ha de sentirse la necesidad; allí seremos saciados. Pero ahora, para no desfallecer en el desierto, nos sostiene el rocío de la palabra de Dios y no permite que nos sequemos por completo a fin de que no tengamos nueva aspiración de lo nuestro, sino que de tal modo sintamos sed, que bebamos. Mas para beber, ahora somos rociados por alguna gracia suya; sin embargo, sentimos sed"
 (Comentarios a los Salmos 62, 3).

La Palabra nos resucita

"Son los muertos que resucita la palabra de Dios para que vivan en fe. La infidelidad tenía los muertos, la palabra de Dios los alza del sepulcro. Esa es la hora de la que dijo el Señor: Hora vendrá, y es la de ahora... Al conjuro de su palabra resucitaban los muertos de la infidelidad, de los que dijo el Apóstol:Despierta tú que duermes y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo. Esta especie de resurrección es la resurrección espiritual, la resurrección del hombre interior, la resurrección del alma"
 (Sermón 127, 7).

El evangelio es vida

"Y sólo un alma impía puede contradecir al Evangelio. Pero aquí aparece y me viene a las mientes lo que diré. Sólo un alma muerta puede contradecir la vida. El Evangelio es vida, y la impiedad o infidelidad es la muerte del alma. He ahí cómo puede morir, aun siendo inmortal. Pues ¿cómo es inmortal? Porque siempre hay una vida que en ella nunca se extingue. ¿Y cómo muere? No dejando de ser vida, sino perdiendo la vida. Porque el alma es vida para otro elemento y ella misma tiene su vida"
 (Sermón 65, 5).

La Palabra viva de Dios

"El Evangelio y la palabra viva de Dios, que penetra hasta el fondo de nuestras almas y busca el quicio del corazón, se nos ofrece saludablemente a todos nosotros y a nadie pasa la mano adulatoriamente, si el hombre no se la pasa a sí mismo. He aquí que se nos ha propuesto como un espejo en el que podemos mirarnos todos; si tal vez advertimos una mancha en nuestro rostro, lavémosla con esmero para no tener que avergonzarnos cuando volvamos a mirarnos al espejo… En efecto, si ahora se hiciese presente en su carne Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, pero se quedase callado de pie ante nosotros, ¿de qué nos aprovecharía? Si, pues, fue provechoso por su palabra, también ahora sigue hablando cuando se lee el evangelio"
 (Sermón 301 A, 1).