Juan es un gran hombre

"El relato ha sido largo, pero la fatiga del oyente queda compensada por la dulzura de la verdad. Cuando se leyó el santo evangelio, escuchamos el glorioso nacimiento del bienaventurado Juan, heraldo y precursor de Cristo. Puede deducir de aquí vuestra caridad cuán grande es el hombre que ha nacido. La Iglesia no celebró nunca el nacimiento carnal de ningún patriarca, profeta o apóstol; sólo celebra dos nacimientos: el de Juan y el de Cristo. Las mismas fechas en que ambos nacieron encierran un gran misterio. Juan era un gran hombre, pero hombre al fin. Era hombre tan grande que para superarlo sólo se podía ser Dios. Quien viene detrás de mí es mayor que yo. Son palabras de Juan: El es mayor que yo. Si es mayor que tú, ¿qué significa lo que hemos escuchado de boca de quien es mayor que tú: Entre los nacidos de mujer, nadie ha habido mayor que Juan bautista? Si ningún hombre es mayor que tú, ¿qué es quien es mayor que tú?"
 (Sermón 287, 1).

Existía antes que yo

"Juan da testimonio de Él y dice en alta voz: Este es de quien dije yo: El que viene después de mí fue hecho antes que yo. Viene después de mí y me ha precedido. ¿Qué significa ser hecho antes que yo? Que me ha precedido, no que haya sido hecho antes de que yo fuese. Que tiene precedencia sobre mí; esto es lo que significa ser hecho antes que yo. ¿Cómo puede ser anterior a ti, si viene después de ti? Porque Él existía antes que yo. ¿Antes que tú, oh Juan? Gran cosa tiene que ser si es antes que tú. Está bien; tú eres quien da testimonio de Él" 
(Comentario al Evangelio de Juan 3, 7).

Escucha al Heraldo

"Fue enviado, pues, el hombre más excelente para dar testimonio de quien es más que hombre. En efecto, cuando aquel mayor que el cual no hay nadie entre los nacidos de mujer dice: Yo no soy el Cristo, y se humilla ante Cristo, hay que entender que aquí hay alguien que es más que un hombre. Pues, si vas buscando a Juan, el hombre más excelente, Cristo es más que hombre; advierte que es el precursor para buscar al juez; escucha al heraldo de tal modo que temas al juez. Fue enviado, y predijo éste que había de venir. ¿Y qué testimonio da Juan acerca de Cristo? Escúchalo: No soy digno de desatar la correa de su calzado. ¿Has comprendido, ¡oh hombre!, lo que has de hacer? Todo el que se humilla será ensalzado. ¿Qué decir, pues, de Cristo? Todos nosotros hemos recibido de su plenitud. ¿Qué significa: Todos nosotros? Que también los santos patriarcas, profetas y apóstoles, tanto los enviados antes de la encarnación como los enviados una vez encarnado, todos nosotros hemos recibido de su plenitud. Nosotros somos los recipientes, él la fuente. Por tanto, hermanos míos, si hemos comprendido el misterio, Juan es hombre y Cristo es Dios: humíllese el hombre y sea exaltado Dios. Para que se humille el hombre" 
(Sermón 289, 5).

El testimonio de un hombre

"Dios procura el testimonio de un hombre. Pone Dios a un hombre por testigo. Dios elige por testigo a un hombre, pero en favor del mismo hombre. ¡Tan grande es nuestra debilidad! Busquemos el día con una antorcha. Juan es esta antorcha, según el testimonio del Señor. El era una antorcha que ardía y alumbraba, y por un momento os gozasteis en su luz. Pero yo tengo un testimonio de más valor que el de Juan" 
(Comentario al evangelio de Juan 2, 8).

No dudó de la Promesa

"María, al decir: ¿Cómo sucederá eso, pues no conozco varón?, lo dijo preguntando, no porque no lo creyese. Hizo una pregunta a Dios, sin dudar de la promesa. ¡Oh llena de gracia en verdad! Así la saludó el ángel: 'Salve, llena de gracia'. ¿Quién sabrá explicar esta gracia? ¿Quién será capaz de agradecer lo suficiente esta gracia? Tiene lugar la creación del hombre; por su propia voluntad perece el hombre, y aparece hecho hombre quien creó al hombre para que no pereciera el hombre que creó. La Palabra, Dios junto a Dios desde el principio, por quien fueron hechas todas las cosas, se hace carne: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. La Palabra se hace carne, pero uniéndose la carne a la Palabra, sin que desaparezca la Palabra en la carne. ¡Oh gracia! ¿Qué habíamos merecido para tener esto?"
 (Sermón 290, 5).

Concibió creyendo

"Pues también la misma bienaventurada María concibió creyendo a quien alumbró creyendo. Después de habérsele prometido el hijo, preguntó cómo podía suceder eso, puesto que no conocía varón… El ángel le dio por respuesta: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, lo que nazca de ti será santo y será llamado Hijo de Dios. Tras estas palabras del ángel, ella, llena de fe y habiendo concebido a Cristo antes en la mente que en su seno, dijo: 'He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tú palabra'. Cúmplase, dijo, el que una virgen conciba sin semen de varón; nazca del Espíritu Santo y de una mujer virgen aquel en quien renacerá del Espíritu Santo la Iglesia, virgen también... Estas cosas son maravillosas, porque son divinas; son inefables, porque son también inescrutables; la boca del hombre no es suficiente para explicarlas porque tampoco lo es el corazón para investigarlas. Creyó María y se cumplió en ella lo que creyó"
 (Sermón 215, 4).

Salve, llena de Gracia

"¿Qué eras tú que vas a dar a luz? ¿Cómo lo has merecido? ¿De quién lo recibiste? ¿Cómo va a formarse en ti quien te hizo a ti? ¿De dónde repito, te ha llegado tan gran bien? Eres virgen, eres santa, has hecho un voto; pero es muy grande lo que has merecido; mejor, lo que has recibido. ¿Cómo lo has merecido? Se forma en ti quien te hizo a ti; se hace en ti aquel por quien fuiste hecha tú; más aún, aquel por quien fue hecho el cielo y la tierra, por quien fueron hechas todas las cosas; en ti, la Palabra se hace carne recibiendo la carne, pero sin perder la divinidad. Hasta la Palabra se junta y se une a la carne, y tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio; vuelvo a repetirlo: tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio, es decir, de la unión de la Palabra y de la carne; de él procede el mismo esposo como de su tálamo nupcial"
 (Sermón 291, 6).

Dime, mensajero de Dios

"El mismo ángel dijo a la virgen María: Salve, llena de gracia; el Señor está contigo; ya está contigo el que estará dentro de ti. Bendita tú entre las mujeres. Por una peculiaridad de la lengua hebrea, la Sagrada Escritura acostumbra llamar mujeres a todas las personas de sexo femenino; no se extrañen ni se escandalicen quienes no acostumbran escuchar la Escritura… Dime, pues, mensajero de Dios: ¿Cómo sucederá esto? Advierte que el ángel lo sabe y ella le pregunta sin dudar lo más mínimo. Como vio que ella preguntaba sin dudar del hecho, no rehusó instruirla. Escucha cómo: "Tu virginidad se mantendrá; tú no tienes más que creer la verdad; guarda la virginidad y recibe la integridad. Puesto que tu fe es íntegra, intacta quedará también tu integridad. Finalmente, escucha cómo sucederá eso: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, porque concibes mediante la fe" 
(Sermón 291, 4-5).

Allí nos enriqueció

"Ve a esta esclava casta, virgen y madre; allí tomó nuestra pobreza en donde se vistió con la forma de siervo, anonadándose a sí mismo para que no te espantes de sus riquezas, y por tanto, no te atrevieses a acercarte a Él con tu pobreza. Allí, diré, tomó la forma de siervo allí se revistió de nuestra pobreza; allí El se empobreció y allí nos enriqueció… Nacido, hablaron los cielos; los ángeles anunciaron la nueva a los pastores; la estrella condujo a los Magos a adorar al rey; Simeón,  lleno del Espíritu Santo, reconoció al Niño Dios en sus brazos"
 (Comentario al Salmo 101, s.1, 1). 

Doctor de la humildad

“No obstante, ved cuánto se humilla el precursor de su Señor, Dios y hombre. A aquél, mayor que el cual no ha surgido nadie entre los nacidos de mujer, le preguntan si es él el Cristo. Era tan grande que los hombres podían engañarse. Se dudó si él era el Cristo, y a tanto llegó la duda, que se le preguntó directamente. Si hubiera sido hijo de la soberbia en vez de doctor de la humildad, se hubiese puesto del lado de los hombres equivocados, sin hacer nada para que así pensasen limitándose a dar por cierto lo que ellos ya pensaban. ¿Acaso era excesivo para él el pretender convencer a los hombres de que era el Cristo? Si hubiese intentado persuadirles de ello y no lo hubiese logrado, hubiese quedado corrido y abatido, desprestigiado entre los hombres y condenado ante Dios" 
(Sermón 293 A, 4). 

Preparad el Camino

“Decía: Preparad el camino al Señor, enderezad sus senderos. El Señor quiso ser bautizado por su siervo para mostrar lo que reciben quienes son bautizados por el Señor. Comenzó, pues, debajo de él. ¿Cuánto? No soy digno, dice, de desatar la correa de su sandalia. Este profeta, mejor, este que es más que profeta, mereció ser preanunciado por otro profeta. De él, en efecto, dijo Isaías en el texto que hoy se nos ha leído: Voz que clama en el desierto: «Preparad el camino al Señor y enderezad sus senderos. Todo valle será rellenado, y todo monte y colina, allanado; lo torcido se tornará recto y lo áspero se hará camino llano, y toda carne verá la salvación de Dios.» —Grita. —¿Qué he de gritar? —Toda carne es heno, y todo su resplandor, como la flor del heno: el heno se seca y la flor cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre. Preste atención vuestra caridad. Habiendo preguntado a Juan quién era él, si el Cristo, o Elías, o algún otro profeta, respondió: Yo no soy el Cristo, ni Elías, ni un profeta. Y ellos: Entonces, ¿quién eres? Yo soy la voz que clama en el desierto. Dijo que él era la voz. Observa que Juan es la voz. ¿Qué es Cristo sino la Palabra? Primero se envía la voz para que luego se pueda entender la Palabra”
 (Sermón 288, 2).

El Señor de los profetas

“Así habla el mismo Señor de los profetas anteriores a su venida: Muchos profetas y justos quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron. Advierte que aquellos hombres, llenos del Espíritu Santo hasta el punto de anunciar la venida de Cristo, deseaban, si les fuera posible, ver a quien estaba ya presente en la tierra. Razón por la que aquel Simeón difería el abandonar esta vida hasta ver nacido a aquel por quien fue creado el mundo. Y él ciertamente vio a la Palabra de Dios en la carne de un niño que aún no hablaba, aún no enseñaba, aún no se había constituido en maestro quien junto al Padre era ya maestro de los ángeles. Simeón, pues, lo vio, pero como niño aún sin habla; Juan, en cambio, cuando ya predicaba y eligió a sus discípulos. ¿Dónde? A la orilla del Jordán. Allí, en efecto, comenzó el magisterio de Cristo; allí se recomendó ya el futuro bautismo cristiano, puesto que se recibía un bautismo previo que preparaba el camino” 
(Sermón 288, 2).