(Comentarios a los Salmos 59,1).
Saborea las Escrituras
"Como no deben permanecer siempre ásperos y como sin condimento estos alimentos, por eso hablamos en la Iglesia de Dios, en nombre de Cristo, a los alimentados y a los que lo deben ser, pues no deben los cristianos abstenerse de saborear este alimento de las Santas Escrituras, de las cuales el mundo se halla apartado. Si las cosas que con frecuencia oísteis las rumiasteis con gozo en el paladar del pensamiento y no las echasteis por olvido como en saco roto, vuestro mismo recuerdo y la memoria nos podrá ayudar sobremanera para no hablar largamente, como a incultos, al exponer las cosas que sabemos conocéis. Recuerdo que habéis oído muchas veces lo que ahora os repito: que apenas encontraréis un salmo que no hable de Cristo y la Iglesia, o Cristo solo, o la Iglesia sola, la cual en parte somos también nosotros"
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La Escritura es un espejo
"Pero la rectitud de Dios no agrada al malvado. ¿Quieres que te agrade quien es recto? Sé tú mismo recto. Júzgate a ti mismo; no te perdones. Castiga, corrige, enmienda lo que en ti con razón te desagrada. Sea para ti la Sagrada Escritura como un espejo. El espejo tiene un resplandor que no miente, ni adula ni ama a unas personas con exclusión de otras. Eres hermoso; hermoso te ves allí; eres feo, feo te ves allí. Pero si te acercas siendo feo, y como tal allí te ves, no acuses al espejo. Vuelve a tu interior; el espejo no te engaña; no te engañes a ti mismo. Júzgate, entristécete de tu fealdad, para que al marchar y alejarte triste, corregida la fealdad, puedas retornar hermoso"
(Sermón 49, 5).
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La profundidad de las Escrituras
Porque es tal la profundidad de las Escrituras cristianas, que mi adelantamiento no tendría fin, aunque me ocupara en estudiarlas a ellas solas desde la primera infancia hasta la decrépita senectud, con holgura completa, con extremo afán y con mayor ingenio.
No es tanta la dificultad cuando se trata de saber las cosas que son necesarias para la salvación.
Pero una vez afianzada la fe, sin la cual no se puede vivir piadosa y rectamente, quedan para los eruditos tantos problemas, tan velados entre múltiples sombras misteriosas; hay tan profunda sabiduría no sólo en las palabras en que los problemas se presentan, sino también en los problemas reales que se pretenden desvelar, que a los más veteranos, agudos, ardientes en el afán de conocer, les acaece lo que la misma Escritura dice en cierto lugar: Cuando el hombre termina, entonces empieza
No es tanta la dificultad cuando se trata de saber las cosas que son necesarias para la salvación.
Pero una vez afianzada la fe, sin la cual no se puede vivir piadosa y rectamente, quedan para los eruditos tantos problemas, tan velados entre múltiples sombras misteriosas; hay tan profunda sabiduría no sólo en las palabras en que los problemas se presentan, sino también en los problemas reales que se pretenden desvelar, que a los más veteranos, agudos, ardientes en el afán de conocer, les acaece lo que la misma Escritura dice en cierto lugar: Cuando el hombre termina, entonces empieza
(Carta 137, 1, 3).
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Ahí está la verdad absoluta
"Créeme, todo lo que se encierra en esos libros es grande y divino: ahí está la verdad absoluta y ahí la ciencia más a propósito para alimento y medicina de las almas, y tan a medida de todos, que nadie que se acerque a beber de ella según lo exige la auténtica religión, queda insatisfecho. La prueba de esto exige una disertación amplia con abundantes argumentos; pero hay que lograr primero que desaparezcan de ti los movimientos de aversión que tienes para esos autores; después, que llegues a amarlos, siguiendo un camino que no sea la exposición de sus opiniones y escritos"
(De la utilidad de creer 6, 13).
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Venera la Palabra de Dios
"Por tanto, no entiendes, entiendes poco, no llegas a percibir; venera la Escritura de Dios, honra la palabra de Dios, aun la que no es patente; pospón la inteligencia a la piedad. No seas insolente censurando de oscuridad o malignidad a la Escritura. Nada hay en ella injusto; y, si hay algo oscuro, no es para que se te niegue su entendimiento, sino para hacer desear lo que ha de recibirse. Luego, si hay algo oscuro, el Médico lo recetó de este modo para que llames; quiso que te ejercitases llamando. Lo quiso así para abrir al que llama. Llamando te ejercitarás; ejercitado, te harás más capaz; siendo más capaz percibirás lo que se da. Luego no te indignes porque esté cerrado. Sé afable, sé manso. No te opongas a las cosas oscuras y digas: "Mejor se diría si se dijese así." ¿Cómo puedes decir o juzgar tú el modo como conviene se diga? Se dijo como debió decirse. No cambie el enfermo los medicamentos, pues el Médico sabe recetar como es debido"
(Comentarios a los Salmos 146, 12).
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Verdad y autoridad de la Escritura
"Se ha establecido como en cierta sede, a la que ha de servir toda inteligencia fiel y piadosa. Si algo crea dificultad en estos libros, no está permitido decir: el autor de este libro no dijo verdad, sino o el códice es mendoso, o se equivocó el traductor, o tú no entiendes. Por el contrario, en las obras de autores posteriores, contenidas en innumerables libros, pero que en ningún modo pueden equipararse a la excelencia sacratísima de las Escrituras canónicas, aunque se encuentre en cualquiera de ellas la misma verdad, su autoridad es muy distinta"
(Contra Fausto 11,5).
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La Palabra nos corrige
"Pondere cada uno en sí mismo cuánto valga la palabra de Dios para corregir nuestra vida, para esperar el premio y temer las penas. Asimismo, presente cada uno su conciencia sin engaño ante sus ojos y no se lisonjee en tanto peligro, pues veis que el mismo Señor y Dios nuestro no halaga a ninguno. Y si nos consuela prometiéndonos sus bienes y afianzando nuestra fe, sin embargo, a los que viven mal y desprecian su palabra en modo alguno los perdona. Se pregunte asimismo cada uno cuándo hay tiempo y vea dónde está y si persevera en el bien y se aleja del mal"
(Comentarios a los Salmos 49, 1).
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En la Palabra todo es armonía
"En verdad,, en verdad os digo que él que oye mi palabra y cree en aquel que me envió, tiene la vida eterna y no viene a juicio, sino que ha pasado; no pasa ahora, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. Fijad la atención en esto: El que oye mi palabra; y no dice: y cree en mí, sino: cree en aquel que me envió. Luego oye la palabra del Hijo para creer en el Padre. ¿Por qué oye tu palabra y ha de creer en otro? Cuando se oye la palabra de alguien, ¿no se da, por ventura, crédito al que la profiere, no se da fe al que habla? ¿Qué es, pues, lo que quiso decir: El que oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, sino que su palabra está en mí? ¿Y qué es oír mi palabra sino oírme a mí? Cree en aquel que me envió, porque creer en El es creer a su palabra; y cuando cree a su palabra, cree también en mí, porque la palabra del Padre soy yo. En las Escrituras, todo es armonía y orden y no hay allí contradicción alguna. Elimina tú también toda contradicción de tu corazón y penetre tu inteligencia la armonía de las Escrituras"
(Comentario a Juan 19, 7).
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Nos alimenta con las Escrituras
"Somos obreros que estamos trabajando todavía en la viña; cuando se acabe el día, cuando se acabe el trabajo, se recibirá la recompensa. Pero ¿qué obrero hay que resista en el trabajo hasta recibir la merced si no se alimenta durante el trabajo? Tú no das al obrero sólo la retribución; ¿no le das también el alimento necesario para reparar sus fuerzas? Alimentas, sin duda, al que has de dar la retribución de su trabajo. Por eso el Señor nos alimenta a nosotros, que estamos trabajando, con estos signos de las Escrituras Santas. Si se nos sustrae esta alegría de la inteligencia de estos signos sacramentales, desfallecemos en el trabajo y no habrá quien pueda llegar a la recompensa"
(Comentario a Juan 17, 5).
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Fija la raíz en la Palabra
"Escuchen el salmo y sean felices. Instrúyalos el Señor en su ley. Dígales con las palabras de otro salmo: No tengas celos de los malvados ni envidies a los que obran la maldad. Puesto que tú, que sentías celos de ellos y les envidiabas, sólo preguntabas «¿por qué florecen?», escucha lo dicho en la ley de Dios: Porque, como el heno, pronto se secarán. Florece el heno. ¿Hay motivo para que alabes su verdor? Pregunta al verano: Pronto se secarán. Toda carne es heno: el heno se seca, la flor se cae. Mira tú y ve dónde tienes la raíz: La palabra del Señor permanece para siempre. Aquellos impíos florecen como el heno: en invierno está verde, seco en verano. Tú, sin embargo, fija la raíz en la palabra de Dios, que permanece para siempre; sé un árbol verde aunque no lo manifiestes"
(Sermón 25 A, 1).
Sanó con el Evangelio
"Les decimos: recibís el Evangelio y no recibís la ley; nosotros decimos que el misericordioso dador del Evangelio es el mismo y terrible otorgador de la ley. Aterró con la ley y sanó con el Evangelio a los convertidos, a los que había aterrado con la ley para que se convirtieran. El Emperador dio la ley, y hubo muchas transgresiones contra la ley. Esa ley que dio el Emperador no sabía sino castigar a los transgresores. Faltaba, pues, que, para eliminar esos delitos, viniera con indulgencia aquel que había enviado por delante la ley. Pero ¿qué dice el corazón perverso cuando afirma que recibe el Evangelio y rechaza la ley? ¿Por qué la rechaza? «Porque, según dice, está escrito: Tentó Dios a Abrahán. ¿Cómo adoraré a un Dios que tienta?» Pues adora a Cristo, a quien tienes en el Evangelio. El te invita a entender la ley. Pero como los maniqueos tampoco pasaron a Cristo, se quedaron con su fantasma. Porque no adoran a Cristo tal como es predicado en el Evangelio, sino tal como ellos se lo han fingido"
(Sermón 2, 2).
Viene la Palabra y Riega
"Y tienen el rocío del cielo, porque sobre todos desciende la palabra de Dios desde el cielo. Viene la palabra de Dios y riega. Pero mira quién riega y lo que riega. Riega a unos y a otros, a saber, a los buenos y a los malos. Pero los malos convierten la buena lluvia en raíz de zarzas, mientras que los buenos convierten la lluvia en fruto bueno. Al mismo tiempo llueve el Señor sobre la mies y sobre el zarzal; pero llueve en la mies para el granero, y llueve en el zarzal para el fuego. Sin embargo, la lluvia es única. Así, la palabra de Dios llueve sobre todos. Vea cada uno qué raíz tiene y para qué aprovecha la buena lluvia. Si se aprovecha para criar zarzas, ¿habrá que acusar a la lluvia de Dios? Antes de llegar a la raíz, esa lluvia es dulce. Dulce es la palabra de Dios antes de llegar al corazón malo; pero éste convierte en fraude la lluvia de Dios, la convierte en hipocresía, la lleva a las raíces de las concupiscencias malas, a sus perversidades y depravaciones"
(Sermón 4, 31).
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