Los libros santos edifican

"¿Dónde, pues, encontrar las tres virtudes que el artificio de los Libros santos tiende a edificar en nuestras almas, fe, esperanza y caridad, sino en el alma de aquel que cree lo que intuye, y espera y ama lo que cree?" 
(La Trinidad 8, 4, 6). 

Nuestra alegría sea su Palabra

"Los aquí reunidos comamos de los manjares divinos, y nuestra alegría sea su palabra. Nos convida con su Evangelio. El es nuestro manjar, más dulce que ninguno, pero con tal de que se tenga sano el paladar del corazón" 
(Comentario a Juan 7, 2).

La Fuerza de la Palabra

"Mis fuerzas, hermanos, son escasas, pero son grandes las de la palabra de Dios. Demuestre su poder en vuestros corazones. Por lo tanto, lo que yo digo despacio lo habréis oído bien si obedecéis. Como por medio de una nube, el profeta Isaías, tronó el Señor. Si le oísteis, sin duda os habéis asustado. Lo dijo claramente, de modo que estas cosas no necesitan quien las explique, sino quien las cumpla.¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? ¿Quién solicitó esto de vuestras manos? Dios nos busca a nosotros mismos, no nuestras cosas. El sacrificio del cristiano es el socorro del pobre"
(Sermón 42, 1).

La Palabra de Dios es como un anzuelo

"Así es la Palabra de Dios y así debe de ser para los fieles, como el anzuelo para el pez, que lo coge cuando es cogido. No se hace un agravio a quienes son cogidos, puesto que lo son para darles la vida y no para destruirlos; por esto dijo el Señor a sus discípulos: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. No eran así estos tales judíos hijos de Abrahán, hijos del hombre de Dios. Eran sus descendientes carnales, pero habían degenerado no imitando la fe de aquel cuyos hijos eran" 
(Comentario a Juan 42, 1).

La Escritura es inmenso tesoro

"¿Qué es el vivir bien que aquí se aprende? En la ley hay muchos preceptos, donde está contenida, se manda y se aprende la misma vida buena. Los preceptos, sin duda, son muchos, innumerables. Apenas hay alguno capaz de contar las páginas en que están contenidos, ¿cuánto menos los mismos preceptos? Sin embargo, Dios quiso resumirlos y abreviarlos para que nadie pueda excusarse, bien porque no les va el leer, bien porque no saben, bien porque no los pueden entender fácilmente. Repito que, para que nadie tenga excusa en el día del juicio, quiso Dios, como está escrito, compendiar y abreviar su palabra sobre la tierra, según lo había predicho el profeta: Realmente el Señor hará una palabra compendiadora y abreviadora sobre la tierra.Esta misma palabra compendiada y abreviada quiso Dios que no fuese oscura. Además, breve, fácil de leer y clara, para que nadie diga: No me ha sido fácil entenderla. Las Sagradas Escrituras son como un inmenso tesoro que encierra en sí muchos preceptos maravillosos, a modo de muchas gemas y preciosos collares y vasos finos de buen metal. Pero ¿quién es capaz de examinar tan inmenso tesoro, de servirse de él y de llegar a descubrir todo lo que en él hay?"
(Sermón sobre la disciplina cristiana 2, 2).

Alabar con la vida la Palabra

"Vuestra caridad ha escuchado al mismo tiempo que yo el santo Evangelio. Quiera el Señor ayudarme para que, al hablaros del capítulo que hemos leído, lo que os diga sea adecuado para vosotros y fructifique en vuestras costumbres. Todo el que escucha la palabra de Dios debe pensar que acontecerá lo que en ella escucha. No busques alabar con la lengua la palabra de Dios y despreciarla con la vida. Lo que dice se siente suave cuando se escucha; ¡cuánto mayor será esa suavidad una vez realizado!"
(Sermón 53A, 1).

El Maestro será la Palabra

"Nadie será entonces maestro de la palabra, sino que el Maestro será la Palabra. Se sigue, pues, que a vosotros os toca realizarla y a nosotros amonestaros a ello. Vosotros sois, en efecto, los oyentes de la palabra, nosotros los predicadores. Pero dentro, donde nadie ve, somos todos oyentes; en el interior, en el corazón, en la mente, donde os enseña aquel que os exhorta a la alabanza. Yo os hablo exteriormente, él os despierta en el interior.Todos somos oyentes en el interior y todos debemos ser cumplidores de la palabra externa e internamente en la presencia de Dios...” 
(Sermón 179, 7).

Venid, comed bien, digeridlo mejor


"Es alimento que fortalece y no escasea; un alimento que no se acaba con la consumición; un alimento que sacia a los hambrientos y queda íntegro. Cuando vayáis de aquí a vuestras mesas no comeréis otro igual. Puesto que habéis venido a este banquete, comedio bien; y cuando os hayáis marchado, digeridlo mejor. Come bien y digiere mal quien oye la palabra de Dios y no la pone en práctica. No hace llegar a su cuerpo el jugo conveniente, sino que por la indigestión eructa una cruda molestia"
(Sermón 28, 2).

Edificar el doble amor

"El que juzga haber entendido las divinas Escrituras o alguna parte de ellas, y con esta inteligencia no edifica este doble amor de Dios y del prójimo, aún no las entendió. Pero quien hubiera deducido de ellas una sentencia útil para edificar la doble caridad, aunque no diga lo que se demuestra haber sentido en aquel pasaje el que la escribió ni se engaña con perjuicio, ni miente" 

(Sobre la doctrina cristina 1, 36, 40).

Escuchemos el Evangelio

"A la lección del santo evangelio que expliqué hace tiempo a vuestra caridad, sigue la lección de hoy, que ahora se ha leído. Oían hablar a la Verdad los veraces y los mentirosos, e igualmente oían amigos y enemigos a la Caridad, que hablaba, y al Bien, que estaba hablando, le oían buenos y malos. Oían ellos, pero el Señor discernía y veía y preveía a quiénes serviría de provecho el sermón. En los entonces presentes veía, y en nosotros, lo que en el futuro seríamos, preveía. Nosotros escuchemos el evangelio lo mismo que si estuviera el Señor presente. No se diga: ¡Oh, qué felices los que pudieron oírle!, ya que muchos que le vieron lo mataron, y, por el contrario, muchos entre nosotros, que no le vieron, creyeron en El. Lo que brotaba, como algo precioso, de la boca del Señor, se escribió y se guarda y se lee para nosotros, y se leerá para nuestros descendientes hasta que se acaben los siglos. El Señor está arriba, pero también está aquí el Señor Verdad. El cuerpo del Señor resucitado puede estar en un lugar, pero su verdad está difundida en todas partes. Escuchemos, pues, al Señor, y lo que de sus palabras nos diere a entender, digámoslo nosotros también"
 (Comentario a Juan 30, 1).

Estudiar con atención las Escrituras

"Nuestra industria es como excitada del sueño de la indolencia por la inquietud de los herejes, para que estudiemos con mayor atención las Escrituras y hallemos con qué salir al paso a los herejes para que no dañen a la grey de Cristo. Así, por la múltiple gracia del Salvador, aun eso mismo que el enemigo máquina para perder, Dios lo convierte en ayuda. Porque todo se les convierte en bien a los que aman a Dios. Vivas siempre en Dios, acordándote de mí, hermano carísimo" 
(Carta 194, 47).

Los Amantes de la Palabra

"En efecto, lo que hemos querido encarecer a los amantes de la palabra de Dios y a los entregados a la santa verdad es esto: aunque Juan anuncia y proclama en su obra al mismo Cristo -verdadero y veraz- que los otros tres evangelistas y que los otros apóstoles que no se propusieron dejar un relato escrito, pero que cumplieron su deber con la predicación, él, elevado ya desde el mismo comienzo de su libro a la faceta más excelsa de Cristo, rara vez acompaña a los otros"
 (Concordancia de los evangelistas 4, 10, 19).