Penetrar en la Palabra

"Esto nos llena de turbación; mas con esta nuestra turbación no dejemos de sudar y de trabajar, y con el sudor llegaremos a purificarnos. Esforcémonos, cuanto con el socorro de Dios podamos, en penetrar en el abismo profundo de estas palabras. Tal vez sea temeridad querer discutir y escudriñar las palabras de Dios. Pero ¿para qué se dicen sino para que se sepan? Y ¿para qué han sonado sino para que se oigan? Y ¿para qué se oyen sino para que se entiendan? Que nos dé, pues, Él fuerzas y que nos conceda algo, cuanto Él se digne, y si aun con esto llegamos a la fuente, bebamos de los riachuelos" 

(Comentario a Juan 21, 12).

Dirigir la mirada a la Escritura

"Las montañas nos sirven de lo que reciben. Nuestra esperanza debe ponerse en la fuente misma de donde ellas fluyen. Cuando dirigimos nuestra mirada a las Escrituras, que nos han sido servidas por medio de los hombres, levantamos los ojos a lo alto, de donde nos viene el consuelo. Quienes escribieron las Escrituras eran hombres; su luz era recibida. La verdadera luz era Aquel que ilumina a todo hombre que viene a este mundo" 
(Comentario a Juan 1, 6).

No vivir de otra cosa que del Evantelio

"Queda, pues, bien claro que no fue un precepto, sino una facultad concedida a los apóstoles no vivir de otra cosa que del Evangelio; y de aquellos en quienes con la predicación del Evangelio sembraban bienes espirituales, recogiesen los materiales, esto es, lo necesario para su corporal sustento, y, como soldados de Cristo, recibiesen de sus proveedores la soldada. Con este motivo, este mismo soldado de Cristo había dicho poco antes acerca de esto: ¿Quién sirve en la milicia a sus propias expensas? Y esto es lo que él hacía, porque trabajaba más que todos" 
(Comentario a Juan 122, 3).

Ejecutad su Palabra

"Bendecid al Señor vosotros, vosotros todos los ángeles, todos los poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra; todos sus ejércitos, todos sus ministros, que hacéis su voluntad. Pues todos los que viven mal, aunque no muevan su lengua, maldicen al Señor con su vida. ¿De qué sirve que tu lengua cante alabanzas, si tu vida viola todo lo santo? Viviendo mal, indujiste a blasfemar a muchas lenguas. Tu lengua se entrega al canto de alabanzas, y las de los demás, que te contemplan, a blasfemar. Luego, si quieres bendecir al Señor, ejecuta sus órdenes, cumple su voluntad” 

(Comentario al salmo 102, 28).

Edificar sobre roca

“Hermanos míos, que vinisteis con entusiasmo a escuchar la palabra: no os engañéis a vosotros mismos a la hora de cumplir lo que escucháis. Pensad que, si es hermoso oírla, ¡cuánto más será el llevarla a la práctica! Si no la escuchas, si no pones interés en oírla, nada edificas. Pero si la oyes y no la llevas a la práctica, edificas una ruina… Por tanto, el escuchar la palabra y cumplirla equivale a edificar sobre roca. El sólo escuchar es ya edificar"

(Sermón 179, 8)

Abre la Escritura quien quita el velo

"La valla que respetan es la divina Escritura. ¿Y quién abre la Escritura sino aquel a quien se pasa para que le quite el velo? Ha llegado el tiempo del destape de éstos, es decir, de su exteriorización y manifestación, cuando llegue el Señor e ilumine los escondrijos de las tinieblas y manifieste los proyectos de los corazones, y entonces cada uno obtendrá la alabanza de Dios. Sólo Él hará esto a su tiempo: porque cuando se manifieste Él, que es nuestra vida, entonces también nosotros nos manifestaremos gloriosos con Él. Y los conducirá sobre el edificio: quien hará que posean lo que aquí dejaron edificado. Porque aquel cuya vivienda se mantiene firme recibirá su premio"
(Anotaciones a Job, 38, 33).

Estoy al servicio de la Palabra

"Se han clavado en mi cuerpo las saetas del Señor. Trátase de las Palabras de Dios que traspasan el alma cuando intiman la confesión... Así pues, estas palabras son comida del que las desea; es decir, son una ayuda, pero nunca del que tiene impaciencia en el dolor. ¿Se come el pan sin sal? Como si se le preguntara: ¿Por qué dices todo esto de modo figurado? Y la respuesta es: Porque si lo dijera a título personal resultaría un plato insípido. ¿Tienen sabor las palabras vanas? Se refiere a las conversaciones frívolas de los hombres, porque las palabras de Dios son pan, pero pan celestial. Mi alma no puede estar ociosa. Al igual que el pan sin sal es inaguantable, así estoy ahora al servicio de la palabra de Dios, a tenor del texto: ¿Cómo oirán si nadie les predica? Porque estoy viendo mis alimentos malolientes como el hedor del león.Porque mis palabras son malolientes y apestan como el león, sea a causa de la soberbia que los hace jactanciosos, sea porque, al abrazar las realidades carnales, los que se gozan de sus propias palabras apestan como el león"

(Anotaciones a Job, 6).

Meditación para el tiempo de Pascua

Puedes descargar la meditación que hemos preparado para este tiempo de Pascua aquí.


Este sería el esquema


LA PASCUA.

1.      El misterio pascual à Sermón 220
La fe en la resurrección à La Trinidad 2,17,26.
            La resurrección ha de ser celebrada à Sermón 220.
                        La vigilia símbolo de eternidad à Sermón 223 I
            Vigilar en la noche pascual à Sermón 219.
             La pascua es participar en la alegría à Sermón 223 G,1
                        Pasar de la muerte a la vida à Sermón 229 D,1-2.

2.      El encuentro con el resucitado à Sermón 235,3.
La experiencia post-pascual à Sermón 236 A,4.
            Los discípulos de Emaús à Sermón 232 I,6
                        Cristo les devuelve la esperanza à Comentario al salmo 147,17.
            Reconocer a Cristo en el pan partido à Sermón 228 B,2.

3.      La alegría pascual à Sermón 255,1.5.
La gran obra es la alabanza à Comentario al salmo 44,9.
            El cántico nuevo à Comentario al salmo 32,2, s.1,8.
                        El tiempo del aleluya à Sermón 229 B,2.
            Vivir la alegría pascual à Sermón 256,1.
            La verdadera resurrección del hombre à La Trinidad 4,3,5-6.
            Por la resurrección somos miembros de Cristo à Sermón 224.

Se hizo para vosotros Camino


"Entonces les abrió las Escrituras, pensando en las cuales habían dicho llenos de desesperación: Nosotros esperábamos que Él redimiera a Israel. ¡Lo esperabais, oh discípulos; ya no lo esperáis!

Ven tú, ladrón, amonesta a los discípulos.
¿Por qué habéis perdido la esperanza por haberle visto crucificado, por haberle contemplado colgado, por haberle considerado débil? Así lo reconoció el ladrón, pendiente de la cruz también, creyendo al instante en aquel compañero de suplicio; vosotros, en cambio, habéis olvidado al autor de la vida. Llámalos, ¡oh ladrón!, desde la cruz; tú, criminal, convence a los santos. ¿Por qué a ellos? Nosotros esperábamos que iba a redimir a Israel. ¿Por qué el ladrón? Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

Esperabais, pues, que Él iba a redimir a Israel. Si Él va a redimir a Israel, vosotros habéis caído; pero Él levanta, no abandona.
Quien se convirtió en vuestro compañero de camino, se hizo para vosotros camino"
(Sermón 236A, 4).

Escucha la Palabra

"Corrígete, escucha la Escritura. No me desprecies como a un hombre que celebra su aniversario; te hablo con palabras de la Escritura: No tardes en convertirte al Señor. Estas palabras no son mías, pero son también mías; si las amo, son mías; amadlas, y serán vuestras. Lo que estoy diciendo está tomado de la Escritura; si lo desprecias, se convierte en tu adversario"
(Sermón 339, 7).

En el evangelio consta que nos compraron

"Como él has nacido también tú; de donde nació él naciste tú; de quien renació él renaciste tú; él fue redimido con el mismo precio que tú; tanto vale él como vales tú. Se nos ha procurado un único documento. El evangelio es el documento donde consta que todos hemos sido comprados; tú lo mismo que él. En cuanto somos siervos, es un documento; en cuanto hijos, un testamento. Mírale a él, mira a tu consiervo"
(Sermón 317, 3).

No alejarse de la Palabra


"La diferencia que existe entre la paja verdadera y estos hombres carnales radica en que la paja no tiene libre albedrío, mientras que Dios se lo otorgó al hombre. Y el hombre, si quiere, aunque ayer hubiera sido paja, hoy puede convertirse en trigo; y, si se aleja de la palabra de Dios, hoy mismo vuelve a convertirse en paja. Y lo único de que ha de preocuparse es de cuál será su estado en el tiempo de la última aventación" 
(Sermón 252, 6).