Desarrolla tu Capacidad

 “Y del Señor viene todo. ¿No cabe pensar, hermanos, que algo mejor guarda para los suyos, que algo mejor apercibe para los fieles, para que lo vean quienes ahora creen sin verlo? Creer antes de ver es
merecer la futura visión. Así que la dilación de los bienes desarrolla tu capacidad, aumenta por el deseo, te dispone a recibir la promesa que tanto anhelas” 
(Sermón 142, 8). 

Te exhorto a creer

 “Tales son los que dicen: ¿Cómo me obligas a creer lo que no veo? Vea yo algo, y creeré. Me mandas creer a ciegas, y yo quiero que la fe me entre por los ojos, no por los oídos. Hable el profeta: Si no creéis, no entenderéis. Tú quieres subir, y te olvidas de las escaleras. ¿No es esto ponerlo todo al revés? ¡Hombre, hombre! Si yo pudiese ponerte las cosas delante de los ojos, no te exhortaría a creerlas” 
(Sermón 126, 2). 

Permanece en la Fe

 “Lo que nos enseñó por medio de sus preceptos, lo mostró en su ejemplo; lo que te mostró en su carne, debes esperarlo para la tuya. Esta es la fe; sostén lo que no ves todavía. Es necesario permanezcas ligado por la fe a lo que no ves, para no haber de avergonzarte cuando llegues a verlo” 
(Sermón 119, 7). 

Cree y camina en la Fe

 “¿Cree, acaso, el que ve? Cree quien no ve, una cosa es creer y otra ver. Cree ya que no ves, a fin de que creyendo lo que no ves merezcas ver lo que crees. Lo que merece  la visión es la fe; la recompensa de la fe es la visión. ¿Por qué exiges la recompensa antes del trabajo? Cree, por tanto, y camina en la fe: tu salvación está en la esperanza. Ha comenzado ya a curarte el mejor médico, aquel para quien no hay 
enfermedad incurable”
 (Sermón 97 A, 2). 

Estar lleno de fe

“Así, pues, tres cosas son las que principalmente nos encarece el Apóstol que construyamos en el hombre interior: la fe, la esperanza y el amor; y, tras haber encomiado las tres virtudes, dice para concluir: La mayor de todas es el amor. Perseguid el amor. ¿Qué es, pues, la fe? ¿Qué la esperanza? ¿Qué el amor? ¿Y por qué es mayor el amor? Según la define cierto texto de las Escrituras, la fe es el contenido de lo que se espera, la prueba de lo que no se ve. Quien espera algo, aún no posee lo que espera, pero mediante la fe se hace semejante a quien lo posee. La fe es, dice, el contenido de lo que se espera; aún no es la realidad misma que poseeremos, pero la fe está en su lugar. No se puede decir que no tiene nada quien tiene la fe o que está vacío quien se encuentra lleno de fe. Por eso es grande la recompensa de la fe: porque, aunque no ve, cree” 
(Sermón 359 A, 3).

Esa Palabra es tu adversario

"¿Quién es, pues, este adversario? La palabra de Dios. Esa palabra de Dios es tu adversario. ¿Y por qué es tu adversario? Porque prescribe todo lo contrario de lo que tú haces… Cuando ordena esto, la palabra de Dios es el adversario. Porque no quieren los hombres hacer lo que quiere la palabra de Dios. ¿Por qué digo que es el adversario la palabra de Dios al mandar eso? Temo que yo mismo me convierta en adversario de algunos por decir estas cosas. ¿Y qué me importa? Hágame fuerte aquel que me intima el hablar, sin temer a las quejas de los hombres" 
(Sermón 9, 3).

Te formó la Palabra de Dios

"La Escritura llamó a la lengua fuego. Al hablar la Escritura sobre la persecución, dice refiriéndose a los mártires matados: Los probó como oro en el fuego y los recibió como ofrenda de holocausto. Oye cómo la lengua de los aduladores es tal fuego: El oro y la plata se prueban por el juego; pero el varón, por la boca de los que le alaban. La persecución es fuego; la alabanza también. De ambos te conviene salir puro, intacto. Te quebró quien te ultrajó; te rompiste en el horno como vaso quebradizo. Te formó la palabra de Dios y vino la tentación de la tribulación; lo que está modelado conviene que sea cocido; si está bien modelado, se acerca al fuego para que le dé consistencia" 
(Comentario al salmo 69, 5).

Sudemos oyendo

"Oír y anunciar la palabra de la verdad es trabajoso. Pero toleraremos este trabajo, hermanos, con buen ánimo si nos acordamos de la sentencia del Señor y de nuestra condición.Desde el mismo origen del género humano oyó el hombre, mas no del hombre mentiroso ni del diablo seductor, sino de la misma verdad, de la boca de Dios: Con el sudor de tu rostro comerás tu pan. Por tanto, si nuestro pan es la palabra de Dios, sudemos oyendo para no morir ayunando" 
(Comentario al Salmo 32, 2, s.2, 1).

La Palabra libra de lazos

"La palabra de Dios que se halla en el corazón libra de lazos, de camino malo y de ruina. Contigo está Aquel de quien su palabra no se aparta de ti. ¿Qué mal padecerá aquel a quien guarda Dios?"
 (Comentario al Salmo 36, s.3, 12).

Permanezcamos en sus palabras


"Permanezcamos en sus palabras para no ser confundidos cuando venga. En el Evangelio dice a los que creen en Él: Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos. Y como si le preguntasen: ¿Qué provecho nos reporta?, responde: Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará. Ahora nuestra salud se basa en la esperanza, no en la realidad, pues aún no tenemos lo que se nos prometió, sino que lo esperamos venidero. Fiel es el promitente; no te engaña. Únicamente no desfallezcas; espera la promesa. La verdad no puede engañar" 
(Comentario a Epístola de Juan 4, 2).

Escuchar las cosas claras

"A la lectura evangélica de ayer, sobre la cual dijimos lo que el Señor nos manifestó, sigue la de hoy, de la que hablaremos lo que el Señor nos conceda. Hay en las Escrituras algunas cosas tan claras, que más piden quién las escuche que quién las exponga. No conviene que en éstas nos detengamos, para que haya tiempo de explicar las que necesitan más detención" 
(Comentario a Juan 50, 1).

La Escritura es campo edificable

"El Señor, en un lugar de su Evangelio, dice que el sabio auditor de su palabra debe asemejarse al hombre que, queriendo construir un edificio, ahonda cavando hasta llegar a la estable y firme roca y sobre ella levanta ya con seguridad su fábrica contra la violencia impetuosa de las aguas. Y así, cuando esas aguas se lancen con violencia sobre ella, se estrellan contra su solidez antes que convertir en ruinas aquella construcción. Hay que pensar que la Escritura divina es como un campo en el que se va a levantar un edificio. No hay que ser perezoso ni contentarse con edificar sobra la superficie; hay que cavar muy hondo, hasta llegar a la roca viva. Esta roca viva es Cristo"
(Comentario a Juan 23, 1).