Primer Domingo de Cuaresma

Entonces Jesús, movido por el Espíritu, 

se retiró al desierto para ser tentado por el Diablo..(Mt 4, 1)


Como por la desobediencia de uno todos resultaron pecadores,
así por la obediencia de uno todos resultarán justos..
(Rom 5, 19)


La tentación de Cristo es de gran enseánza para el cristiano

El Señor fue bautizado, y después del bautismo fue tentado, ayunó cuarenta días misteriosamente, lo cual os recordé frecuentemente. No puede decirse todo a un tiempo, para que lo accesorio no ocupe el tiempo de lo necesario. Después de los cuarenta días sintió hambre; pudo no haberla sentido nunca. Pero entonces, ¿cómo sería tentado? Si El no hubiera vencido al tentador, ¿cómo hubieras aprendido tú a vencerle? Tuvo hambre, y al instante se presenta el tentador, diciéndolé: Si eres el Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. (Mt 4,3) ¡Qué cosa extraordinaria era para nuestro Señor Jesucristo, que sació con cinco panes otros tantos millares de hombres (Mt 14,17-21), convertir las piedras en pan! De la nada hizo el pan. ¿De dónde procedió tanto alimento con el que sació a tantos miles? En las manos del Señor estaba el manantial de los panes. Esto no es de admirar, porque el mismo que de cinco panes hace multiplicar una gran cantidad de ellos para saciar a tantos millares, hace germinar todos los días de pocos granos mieses ingentes. Estos son también milagros del Señor, pero por lo comunes no se tienen en cuenta. ¿Acaso, hermanos, le era imposible al Señor hacer pan de las piedras? El hizo de piedras hombres, según lo atestigua San Juan Bautista: Poderoso es Dios para hacer de estas piedras hijos de Abrahán (Mt 3,9). ¿Por qué no hizo en esta ocasión pan de las piedras? Para enseñarte a responder al tentador; de suerte que, si por ventura te hallases en algún apuro y te sugiriese el tentador lo siguiente: "Si fueses cristiano y pertenecieses a Cristo, ¿te desampararía ahora? ¿No te auxiliaría?", no le hagas caso. Pues, como médico, saja; parece que abandona, pero no abandona. Te sucede lo que a Pablo, a quien no le oyó porque le oyó. Pues el mismo San Pablo dice que no fue oído en cuanto a quitarle el aguijón de la carne, ángel de Satanás por el cual fue abofeteado, ya que escribe: Por él pedí tres veces al Señor que me lequitase, y me dijo: "Te basta mi gracia, porque la virtud se perfecciona por la flaqueza" (2Cor 12,8-9). Esto es como si dijera al médico que le aplicó el epítema: "Me molesta este emplasto; te ruego me le quites"; y el médico le responde: "No, porque es necesario que Esto es como si dijera al médico que le aplicó el epítema: "Me molesta este emplasto; te ruego me le quites"; y el médico le responde: "No, porque es necesario que le tengas más tiempo; de lo contrario, no podrías sanar". El médico no oyó al enfermo en cuanto al querer del enfermo, pero le oyó en cuanto a la salud. Por tanto, hermanos míos, sed fuertes, y, cuando fuereis tentados por alguna necesidad o desgracia, castigándoos y al mismo tiempo enseñándoos Dios, que os prepara y reserva la eterna heredad, no hagáis caso de las sugerencias del diablo, que dice: "Si fueses justo, ¿no te nviaría pan el Señor por un cuervo como se lo envió a Elias? ¿Cómo se cumple lo que leíste: Jamás vi al justo desamparado ni a su estirpe pidiendo pan?" Tú responde al demonio: "La Escritura dice verdad: Jamás vi al justo abandonado ni a su estirpe buscando pan, porque tengo un pan que tú desconoces". "¿Qué pan?" "Oye al Señor: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". ¿Creéis que es pan la Palabra de Dios? Si no fuese pan la Palabra de Dios, por la que fueron hechas todas las cosas, no diría ella misma: Yo soy pan vivo que bajé del cielo. Luego aprendiste a responder a tu tentador en las apreturas del hambre.

¿Qué diremos si te tienta diciéndote: "Si fueses cristiano, harías milagros, como los hicieron muchos cristianos?" ¿Y qué diremos si por la mala sugestión tentases al Señor, tu Dios, diciéndole: "Si soy cristiano, y me estimas, y me cuentas en el número de los tuyos, concédeme que yo haga algo de lo mucho que hicieron tus santos?" Tentaste a Dios al pensar que no eres cristiano si no haces esto. Muchos, deseando ejecutar estas acciones, se perdieron.( …) .

Luego, ¿qué debes responder tú para no tentar a Dios cuando el diablo te tienta diciéndote: "Haz milagros?" Lo que respondió el Señor. Díjole el demonio: "Arrójate de aquí hacia abajo, porque está escrito: 'Encomendó a sus ángeles que te reciban en sus manos para que no te lastimes tu pie contra la piedra'. Si te arrojas, te tomarán los ángeles" (Mt 4,6). Sin duda, hermanos, que, si el Señor se hubiera arrojado, los ángeles hubieran tornado el cuerpo del Señor en sus manos. Pero ¿qué le contestó? También está escrito: "No tentarás a tu Dios y Señor" (Mt 4,7). Piensas que soy hombre; pues el diablo se acercó a temarle con el fin de probar si era el Hijo de Dios. Veía la flaqueza de la carne, pero aparecía la majestad en las obras. Los ángeles ya habían dado testimonio de El. El diablo veía la mortalidad; esto le incitó a tentarle, y por esto fue adoctrinado el cristiano. Porque ¿qué se escribió? No tentarás a tu Dios y Señor. Por tanto, no tentemos al Señor diciendo: "Si te pertenezco, concédeme que haga milagros".
 (En. in Ps. 90, d. 2, 6-7)


EN BREVE...(Cristo) se ha hecho para nosotros camino en este exilio, de forma que caminando en él no erremos, ni desfallezcamos, ni caigamos en manos de los ladrones, ni nos precipitemos en las trampas (En. in Ps. 90, d. 2, 1)

Forjar - El signo de la primera semana

"Si Dios deja de poner a prueba, cesa de enseñar como maestro. Dios pone a prueba para enseñar"
(Serm 2,3)

La primera semana nos presenta la reflexión sobre la experiencia de la tentación. Se "pone a prueba" la calidad de nuestro amor, de nuestras elecciones, de los impulsos fundamentales de nuestra vida. 

Puestos a prueba, como el hierro al fuego, golpeado una vez y otra para darle la forma adecuada.

La tentación es la escuela en la que nuestro corazón se va haciendo más corazón de Dios y menos corazón de piedra. Es la escuela que moldea y conforma el corazón a la medida de los Hijos de Dios.

Sábado después de Ceniza

Cristo padeció por vosotros,
dejándoos un ejemplo
para que sigáis sus huellas.
(1 Pe 2, 21)






Cuaresma, tiempo de humildad

Un año más ha llegado la cuaresma. En la circunstancia os debo una exhortación, porque también vosotros debéis a Dios las obras adecuadas al tiempo litúrgico. Esas obras sólo pueden seros de utilidad a vosotros, no a él. También en las restantes épocas del año tiene que entregarse el cristiano con fervor a la oración, al ayuno y a la limosna. Pero este período debe estimular incluso a quienes de ordinario son perezosos al respecto. Y quienes ya se aplican con esmero a esas actividades deben realizarlas ahora con mayor ardor. La vida en este mundo es el tiempo de nuestra humillación, significado en estos días, como si Cristo el Señor, que padeció y murió una sola vez, fuese a padecer por nosotros todos los años al retornar estas fechas. Lo que tuvo lugar una sola vez en la historia para la renovación de nuestra vida se celebra todos los años para perpetuar su memoria. Por tanto, si debemos ser humildes de corazón y estar llenos del afecto de la verdadera piedad durante toda nuestra peregrinación que transcurre en medio de tentaciones, ¡cuánto más en estos días! En ellos no sólo actuamos con la vida, sino que también simbolizamos en la celebración este tiempo de nuestra humildad. La humildad de Cristo nos enseñó a ser humildes, porque él, al morir, cedió ante los malvados; la excelsitud de Cristo nos hace excelsos, porque él, al resucitar, precedió a los justos. Dice el Apóstol: Si hemos muerto con Cristo, viviremos con él; si con él sufrimos, reinaremos también con él (2 Tim 2, 11. 12). Con la debida veneración celebramos ahora una de estas dos cosas, como si se avecinase su pasión; la otra después de Pascua, como si acabase de tener lugar la resurrección. Entonces, pasados los días de nuestra humildad, llegará el tiempo de nuestra excelsitud. Aunque aún no en el descanso de la visión, sí en la satisfacción de significarlo meditando en él. Recobren ahora intensidad los gemidos de nuestra oración; entonces nuestro regocijo, entre alabanzas, será mayor.
 (Serm. 206, 1)


Nuestro Señor Jesucristo se nos propuso como modelo de imitación, para que, ya que somos cristianos, le imitemos a él o a otros que lo han imitado (Serm. 5, 1)


Viernes después de Ceniza

El Señor dijo a Caín:
¿Por qué te irritas, por qué andas cabizbajo?
Si procedieras bien, ¿no levantarías la cabeza?
Pero si no procedes bien, a la puerta acecha el pecado.
Y aunque tiene ansia de ti, tú puedes dominarlo.
(Gn 4, 6-7)




El pecado consiste en el amor desordenado por las criaturas

Pecas cuando amas una criatura en modo desordenado, contra el uso honesto y lícito, es decir, cuando amas una criatura contra la ley y la voluntad del Creador mismo. No amas el pecado en sí, pero, amando mal lo que amas, quedas atrapado en los lazos del pecado. Te apetece el cebo puesto en la red y, sin darte cuenta, te alimentas del pecado. Luego lo defiendes de esta forma: «Si beber mucho es pecado, ¿por qué creó Dios el vino?» Si amar el oro es pecado -yo soy amante del oro, no de su creador; el creador del oro es Dios- ¿por qué creó lo que constituye un mal amarlo? Lo mismo puedes preguntarte a propósito de las restantes cosas que amas mal, entre las cuales se encuentra todo tipo de lujuria, terreno en que se comete toda clase de acciones obscenas. Presta atención, mira, reflexiona y advierte que toda criatura de Dios es buena (1 Tim 4, 4) y en ella no existe más pecado que el mal uso que haces de ella. Por lo tanto, escucha esto, ¡oh hombre! Tú dices: «¿Por qué Dios creó lo que me prohíbe amar? Que no lo hubiera creado y no existiría ese objeto de mi amor; que no hubiera creado la criatura que me ordena no amar y no existiría ese objeto de amor, amando el cual puedo procurarme la condenación». Si pudiese hablar esta criatura que amas mal porque ni siquiera a ti mismo te amas, te respondería: «Quisieras que Dios no me hubiese creado para que no existiese como objeto de tu amor; mira ahora cuán malvado eres y cómo tus palabras delatan que lo eres en grado sumo». Quisieras que Dios, que es superior a ti, te creara a ti, y que no creara ningún otro bien. Todo lo que Dios hizo para ti es un bien; unos bienes son grandes, otros pequeños; unos son terrenos, otros espirituales, otros temporales, pero todos son bienes porque el que es bueno hizo cosas buenas. Por esto, en cierto lugar de las Escrituras divinas se dice: Ordenad el amor hacia mí (Cant 2, 4). Dios te creó a ti como un bien; creó algo inferior a sí mismo y también algo inferior a ti. Eres inferior a uno y superior a otro. No te inclines al bien inferior después de abandonar el superior. Mantente recto para ser alabado, porque serán alabados todos los de recto corazón (Sal 63, 11). ¿A qué se debe el que peques, sino a que tratas desordenadamente las cosas que recibiste para tu uso? Usa bien de las cosas inferiores y gozarás debidamente del bien superior.
(Serm. 21, 3)




Por todas estas cosas y otras semejantes se peca cuando por una inclinación inmoderada a ellas-no obstante que sean bienes ínfimos, son abandonados los mejores y sumos, como eres tú, Señor, Dios nuestro; tu Verdad y tu Ley. (Confess. 2, 5, 10)



El Señor dijo a Caín:
¿Por qué te irritas, por qué andas cabizbajo?
Si procedieras bien, ¿no levantarías la cabeza?
Pero si no procedes bien, a la puerta acecha el pecado.
Y aunque tiene ansia de ti, tú puedes dominarlo.
(Gn 4, 6-7)




 DE LOS "SERMONES"DE SAN AGUSTÍN, OBISPO  (Serm. 21, 3)

El pecado consiste en el amor desordenado por las criaturas

Pecas cuando amas una criatura en modo desordenado, contra el uso honesto y lícito, es decir, cuando amas una criatura contra la ley y la voluntad del Creador mismo. No amas el pecado en sí, pero, amando mal lo que amas, quedas atrapado en los lazos del pecado. Te apetece el cebo puesto en la red y, sin darte cuenta, te alimentas del pecado. Luego lo defiendes de esta forma: «Si beber mucho es pecado, ¿por qué creó Dios el vino?» Si amar el oro es pecado -yo soy amante del oro, no de su creador; el creador del oro es Dios- ¿por qué creó lo que constituye un mal amarlo? Lo mismo puedes preguntarte a propósito de las restantes cosas que amas mal, entre las cuales se encuentra todo tipo de lujuria, terreno en que se comete toda clase de acciones obscenas. Presta atención, mira, reflexiona y advierte que toda criatura de Dios es buena (1 Tim 4, 4) y en ella no existe más pecado que el mal uso que haces de ella. Por lo tanto, escucha esto, ¡oh hombre! Tú dices: «¿Por qué Dios creó lo que me prohíbe amar? Que no lo hubiera creado y no existiría ese objeto de mi amor; que no hubiera creado la criatura que me ordena no amar y no existiría ese objeto de amor, amando el cual puedo procurarme la condenación». Si pudiese hablar esta criatura que amas mal porque ni siquiera a ti mismo te amas, te respondería: «Quisieras que Dios no me hubiese creado para que no existiese como objeto de tu amor; mira ahora cuán malvado eres y cómo tus palabras delatan que lo eres en grado sumo». Quisieras que Dios, que es superior a ti, te creara a ti, y que no creara ningún otro bien. Todo lo que Dios hizo para ti es un bien; unos bienes son grandes, otros pequeños; unos son terrenos, otros espirituales, otros temporales, pero todos son bienes porque el que es bueno hizo cosas buenas. Por esto, en cierto lugar de las Escrituras divinas se dice: Ordenad el amor hacia mí (Cant 2, 4). Dios te creó a ti como un bien; creó algo inferior a sí mismo y también algo inferior a ti. Eres inferior a uno y superior a otro. No te inclines al bien inferior después de abandonar el superior. Mantente recto para ser alabado, porque serán alabados todos los de recto corazón (Sal 63, 11). ¿A qué se debe el que peques, sino a que tratas desordenadamente las cosas que recibiste para tu uso? Usa bien de las cosas inferiores y gozarás debidamente del bien superior.



EN DOS PALABRAS...
Por todas estas cosas y otras semejantes se peca cuando por una inclinación inmoderada a ellas-no obstante que sean bienes ínfimos, son abandonados los mejores y sumos, como eres tú, Señor, Dios nuestro; tu Verdad y tu Ley. (Confess. 2, 5, 10)

Jueves después de ceniza



Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo,
cargue con su cruz cada día y sígame.
Quien quiera salvar su vida la perderá;
pero quien pierda su vida por mí la salvará.
(Lc 9, 23-24)




Si amas la vida....entonces debes perderla

Veamos, pues, qué es el niéguese a sí mismo (Mc 8, 34). Grande es, amadísimos hermanos, la recompensa que tenemos a nuestro alcance. Acabamos de escuchar la confesión del bienaventurado mártir Cipriano: «Yo adoro a un único Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos». Calla Dios, pero hablan sus obras. Ved a qué Dios, a cuál Dios; mejor, no tal o cual, sino simplemente el Dios en quien creyó Cipriano. ¿Qué significa, pues, niéguese a sí mismo? Niégate a ti mismo. ¿Y qué significa esto? ¿Se te obliga a negar a Dios? Niégate a ti, pero no niegues a Dios. No ames esta vida temporal y esfuérzate, por el contrario, por la vida eterna; más aún, cede ante la vida eterna para hacerte eterno también tú; niégate para confesar a Dios; niégate, hombre, para ser como los ángeles; niégate, hombre mortal, para que, después de haber confesado a Dios, merezcas vivir por siempre. He aquí que amas la vida temporal: No quieras negar a Dios por no negarla a ella. Si Dios, a quien negaste y a quien no quisiste confesar, se aparta de ti, tendrás la vida temporal, que no quisiste negar. Veamos, pues, por cuánto tiempo has de durar en esta vida. Llegará el mañana, y después del mañana, otro día, y después de muchos más llegará el fin. ¿Y adonde irás? ¿Adonde saldrás? Ciertamente, hacia Dios, a quien negaste. ¡Oh desgraciado e infeliz! Negaste a Dios, y quieras o no, has perdido también la vida temporal. Esta vida, hermanos amadísimos, queramos o no, pasa, corre; neguémonos, pues, en esta vida temporal para merecer vivir por siempre. Niégate a ti y confiesa a Dios. ¿Amas tu alma? Piérdela. Pero me dirás: «¿Cómo voy a perder lo que amo?» Eso lo haces también en tu casa. Amas el trigo, y esparces ese trigo que con tanto cuidado habías almacenado en tu granero, que con tanta fatiga de siega y trilla habías limpiado; ya guardado y limpio, cuando llega la sementera, lo tiras, lo esparces, lo cubres de tierra para no ver lo que esparces. Mira cómo, por amor al trigo, esparces el trigo; derrama la vida por amor a la vida; pierde tu alma por amor a ella, puesto que, una vez que la hayas perdido por Dios en este tiempo, la encontrarás en el futuro para que viva eternamente. Derrama, pues, la vida por amor a la vida.
(Serm. 313/D, 2)




Sirven, pues, a Cristo quienes buscan no lo suyo, sino lo de Jesucristo (Flp 2,21). En efecto, «sígame» significa esto: camine por mis caminos, no por los suyos; como está escrito en otra parte: Quien dice que él permanece en Cristo, también ése mismo debe caminar como él caminó (1Jn 2,6) (...) Al hacer por causa de Cristo no sólo lo que se refiere a las obras de misericordia, sino todas las obras buenas, se hace servidor de Cristo hasta esa obra de caridad grande que es dar la propia vida por los hermanos, pues esto es darla también por Cristo. (In Io. Ev. 51, 12)

Polvo y Ceniza - El signo para iniciar la Cuaresma


Comienza la Cuaresma, un tiempo especial, un tiempo privilegiado, casi podríamos decir que un lujo de días. Es el tiempo en el que "lo que tuvo lugar una sola vez en la historia para la renovación de nuestra vida, se celebra todos los años para perpetuar su memoria" (Serm 206)
Son cuarenta días que dedicamos a prepararnos para celebrar  - y por tanto recordar y actualizar - el hecho que cambió la perspectiva de la historia del hombre, casi que modificó ontológicamente la realidad del ser humano; que pasa de ser un errante en el camino de la vida a ser un peregrino en la senda que conduce a la Patria. Cuarenta días para comprender qué y quiénes somos y quién y qué somos después de haber sido amados inmensamente por Dios.

MIÉRCOLES DE CENIZA

"El ayuno que yo quiero es éste:
abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos,
dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos;
compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo,
vestir al que ves desnudo y no despreocuparte de tu hermano."
(Is 58, 6-7)



Las alas del ayuno y la oración
Sea tu médico, el que asumió tus heridas por ti. Espera en Dios, dice, que voy a alabarlo. ¿Y qué confesarás en tu alabanza? Salud de mi rostro, Dios mío. Tú eres la salud de mi rostro, tú me has de sanar. Te hablo yo, el enfermo; conozco al médico, no me glorío de estar sano. ¿Qué quiere esto decir? Lo que se dice en otro salmo: Yo dije: Señor, ten misericordia de mí, sana mi alma, porque he pecado contra ti (Sal 40,5).
Esta súplica, hermanos, es segura; pero estad vigilantes en el bien obrar. Tocad el salterio, obedeciendo los preceptos; tocad la cítara soportando los sufrimientos. Parte tu pan con el hambriento (Is 58,7), has oído por boca de Isaías; no pienses que el ayuno es suficiente. El ayuno te mortifica a ti, pero no remedia al prójimo. Tus privaciones serán fructuosas si las distribuyes generosamente con él. Mira cómo has defraudado a tu alma. ¿A quién vas a dar aquello de lo que te privaste? ¿Dónde vas a poner lo que a ti te negaste? ¡A cuántos pobres puede saciar la comida de la que hoy nos hemos privado! Ayuna de modo que, alimentando a un necesitado, tú te sientas saciado porque han sido escuchadas tus oraciones. Dice también Isaías en el mismo pasaje: Mientras estés todavía hablando, te responderé: Aquí estoy; si partes de corazón tu pan con el hambriento (Is 58,7). Porque con frecuencia se hace de mal humor y refunfuñando para librarse de las molestias del mendigo, más bien que para saciar el estómago del hambriento. Pero Dios ama al que da con alegría (2Co 9,7). Si das el pan de mal humor, has perdido el pan y el mérito. Hazlo, pues, de buen ánimo; así el que ve lo interior, te dirá mientras todavía estás hablando: Aquí estoy. ¡Qué pronto son escuchadas las oraciones de los que obran el bien! He aquí las obras buenas de los hombres en esta vida: el ayuno, la limosna y la oración. ¿Quieres que tu oración llegue a Dios volando? Ponle estas dos alas: el ayuno y la limosna. Que nos encuentre así, para estar seguros, la luz y la verdad de Dios, cuando venga a librarnos de la muerte el que ya vino a sufrir la muerte por nosotros. Amén.
(En. in ps. 42, 7-8)



EN BREVE...
Cuando un cristiano acoge a otro cristiano, sirven los miembros a los restantes miembros, y se alegra la cabeza, y considera como dado a sí mismo lo que se otorgó a uno de sus miembros. Demos de comer en esta tierra a Cristo hambriento, démosle de beber cuando tenga sed, vistámosle si está desnudo, acojámosle si es peregrino, visitémosle si está enfermo. Son necesidades del viaje. Así hemos de vivir en esta peregrinación, donde Cristo está necesitado. Él personalmente es rico, pero es un necesitado en los suyos.

(Serm. 236, 3)

Sermón 205 - El significado de la Cuaresma



Con esta fecha iniciamos la observancia de la cuaresma, que, una vez más, se presenta con la acostumbrada solemnidad. Es deber mío, dirigiros una exhortación también solemne, para que la Palabra de Dios, servida por nuestro ministerio, alimente el corazón de quienes van a ayunar corporalmente; de esta forma, vigorizado el hombre interior por su propio alimento, podrá llevar a cabo y mantener con fortaleza la mortificación del exterior. Se ajusta a nuestra devoción el que quienes vamos a celebrar la pasión, ya cercana, del Señor crucificado, nos hagamos nosotros mismos una cruz con los placeres de la carne, que han de ser domados, conforme a las palabras del Apóstol:

Fuiste amado

"Oye cómo fuiste amado cuando no eras amable; oye cómo eras amado cuando eras torpe y feo; antes, en fin, de que hubiera en ti cosa digna de amor. Fuiste amado primero para que te hicieras digno de ser amado. Pues bien, Cristo, dice el Apóstol, murió en beneficio de los impíos. ¿Acaso merecía el impío ser amado? Te ruego me digas qué merecía el impío. —La condenación, respondes tú. —Pues, con todo eso, Cristo murió por los impíos. Ahí ves lo que hizo por ti cuando impío; ¿qué reserva para el pío? ¿Qué se hizo a favor del impío? Por los impíos murió Cristo. Tú, que deseabas poseerlo todo, ahí tienes modo de hallarlo todo" 
(Sermón 142, 5).

Dar gusto a Dios

"Observad los amantes deshonestos y lascivos; ved si un hombre lascivo y perverso no se viste de forma contraria a sus gustos por amor de una mujer; observad si en su vestir contradice los gustos de su amada, o se acicala de forma distinta a como a ella le agrada. Si ella le dijera: «No quiero que lleves tal birro», no lo llevará; si en invierno le dice: «Me gustas vestido con la lacerna», prefiere temblar de frío a disgustarla. ¿Acaso puede condenarlo ella si la desagrada? ¿Puede acaso mandarlo a la cárcel o entregarlo a los verdugos? Sólo teme una cosa: «No te volveré a ver»; sólo esto le hace temblar: «No volverás a ver mi cara». Dice esto la mujer impúdica y se aterroriza; ¿y no se aterroriza diciéndolo Dios? Sin duda alguna, pero sólo si le amamos"
 (Sermón 161, 10).

Ley de la Caridad

"Pues si te sientes a disgusto frente al hermano que ha pecado, y él frente a ti, pero os desentendéis mutuamente, cometéis en verdad un gran pecado. Si, por el contrario, toleras tú lo que no puede tolerar él, y él lo que no puedes tú, lleváis mutuamente vuestras cargas, y comportándoos así cumplís la santísima ley de la caridad. Ella es la ley de Cristo; la ley de la caridad es la ley de Cristo. El vino porque nos amó, y aunque no había qué amar, amándonos nos hizo dignos de ser amados"
 (Sermón 163B, 2).