El Señor dijo a Caín:
¿Por qué te irritas, por qué andas cabizbajo?
Si procedieras bien, ¿no levantarías la cabeza?
Pero si no procedes bien, a la puerta acecha el pecado.
Y aunque tiene ansia de ti, tú puedes dominarlo.
(Gn 4, 6-7)




 DE LOS "SERMONES"DE SAN AGUSTÍN, OBISPO  (Serm. 21, 3)

El pecado consiste en el amor desordenado por las criaturas

Pecas cuando amas una criatura en modo desordenado, contra el uso honesto y lícito, es decir, cuando amas una criatura contra la ley y la voluntad del Creador mismo. No amas el pecado en sí, pero, amando mal lo que amas, quedas atrapado en los lazos del pecado. Te apetece el cebo puesto en la red y, sin darte cuenta, te alimentas del pecado. Luego lo defiendes de esta forma: «Si beber mucho es pecado, ¿por qué creó Dios el vino?» Si amar el oro es pecado -yo soy amante del oro, no de su creador; el creador del oro es Dios- ¿por qué creó lo que constituye un mal amarlo? Lo mismo puedes preguntarte a propósito de las restantes cosas que amas mal, entre las cuales se encuentra todo tipo de lujuria, terreno en que se comete toda clase de acciones obscenas. Presta atención, mira, reflexiona y advierte que toda criatura de Dios es buena (1 Tim 4, 4) y en ella no existe más pecado que el mal uso que haces de ella. Por lo tanto, escucha esto, ¡oh hombre! Tú dices: «¿Por qué Dios creó lo que me prohíbe amar? Que no lo hubiera creado y no existiría ese objeto de mi amor; que no hubiera creado la criatura que me ordena no amar y no existiría ese objeto de amor, amando el cual puedo procurarme la condenación». Si pudiese hablar esta criatura que amas mal porque ni siquiera a ti mismo te amas, te respondería: «Quisieras que Dios no me hubiese creado para que no existiese como objeto de tu amor; mira ahora cuán malvado eres y cómo tus palabras delatan que lo eres en grado sumo». Quisieras que Dios, que es superior a ti, te creara a ti, y que no creara ningún otro bien. Todo lo que Dios hizo para ti es un bien; unos bienes son grandes, otros pequeños; unos son terrenos, otros espirituales, otros temporales, pero todos son bienes porque el que es bueno hizo cosas buenas. Por esto, en cierto lugar de las Escrituras divinas se dice: Ordenad el amor hacia mí (Cant 2, 4). Dios te creó a ti como un bien; creó algo inferior a sí mismo y también algo inferior a ti. Eres inferior a uno y superior a otro. No te inclines al bien inferior después de abandonar el superior. Mantente recto para ser alabado, porque serán alabados todos los de recto corazón (Sal 63, 11). ¿A qué se debe el que peques, sino a que tratas desordenadamente las cosas que recibiste para tu uso? Usa bien de las cosas inferiores y gozarás debidamente del bien superior.



EN DOS PALABRAS...
Por todas estas cosas y otras semejantes se peca cuando por una inclinación inmoderada a ellas-no obstante que sean bienes ínfimos, son abandonados los mejores y sumos, como eres tú, Señor, Dios nuestro; tu Verdad y tu Ley. (Confess. 2, 5, 10)

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