El día eterno


"Por esto celebramos también este día en que se dignó nacer de una virgen, permitiendo que, de algún modo, su generación fuera narrada por los hombres. Mas ¿quién narrará su generación, es decir, aquella que tuvo lugar en la eternidad, por la que nació Dios de Dios…? Así, pues, la Palabra única de Dios, la vida y luz de los hombres, es el día eterno; en cambio, a éste, en que, unido a la carne humana, se hizo como esposo que sale de su lecho nupcial, ahora le llamamos hoy, pero mañana le llamaremos ayer. No obstante, el día de hoy nos lleva al día eterno, porque el día eterno, al nacer de la virgen, hizo sagrado el día de hoy. ¡Qué alabanzas proclamaremos, pues, al amor de Dios! ¡Cuántas gracias hemos de darle! Tanto nos amó que por nosotros fue hecho en el tiempo aquel por quien fueron hechos los tiempos, y en este mundo fue en edad menor que muchos de sus siervos el que era más antiguo que el mundo por su eternidad; tanto nos amó que se hizo hombre el que hizo al hombre, fue creado de una madre a la que él creó, fue llevado en las manos que él formó, tomó el pecho que él llenó y lloró en el pesebre la infancia muda, la Palabra sin la que es muda la elocuencia humana"
(Sermón 188, 2).

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